La Universidad Autónoma de Tamaulipas llevó ciencia, deporte, realidad virtual y actividades lúdicas al festival DIFzania 2026.
Es una buena noticia.
No porque una universidad haya instalado módulos en un evento familiar. Eso podría quedarse en simple presencia institucional, en carpa, lona, botarga y foto para redes. La diferencia está en el sentido: la UAT salió de sus campus para acercarse a la niñez, a las familias y a la comunidad.
Y eso importa.
Porque una universidad pública no debe vivir encerrada entre salones, oficinas y ceremonias. Su trabajo también debe tocar la calle, la escuela, el parque, el campo deportivo, la comunidad. Debe hacerse visible para quienes todavía no son universitarios, pero algún día podrían serlo.
Eso fue lo que ocurrió en DIFzania.
Niñas y niños convivieron con jugadores de Correcaminos, con integrantes de CorreBasket UAT, participaron en dinámicas como “100 matemáticos dijeron”, conocieron procesos de lombricomposta, jugaron con realidad virtual y se acercaron a la ciencia básica.
Dicho de otra manera: la UAT puso el conocimiento en lenguaje de infancia.
Y eso no es menor.
A veces se cree que la ciencia debe llegar con cara seria, bata blanca y una palabra impronunciable cada tres renglones. Pero la ciencia también puede llegar en forma de juego. De pregunta. De curiosidad. De asombro.
Un niño que toca una experiencia de realidad virtual, que entiende cómo funciona una lombricomposta o que juega con matemáticas, quizá no se vuelve científico ese día. Pero algo se le queda.
Una chispa.
Y muchas vocaciones empiezan así: con una chispa que alguien tuvo la inteligencia de encender a tiempo.
Ahí hay una lectura importante del proyecto que encabeza el rector Dámaso Anaya Alvarado. La UAT no solo está buscando fortalecer sus programas educativos o mejorar sus indicadores académicos. También está intentando acercar la Universidad a la sociedad.
Y una universidad cercana siempre será más fuerte que una universidad distante.
Durante el recorrido por los módulos de la UAT, el rector Dámaso Anaya y su esposa, Isolda Rendón de Anaya, recibieron al gobernador Américo Villarreal y a la doctora María de Villarreal. La imagen tiene peso institucional, claro. Pero lo importante no está en el protocolo, sino en el mensaje: gobierno, DIF y Universidad pueden coincidir en algo más profundo que una agenda pública.
Pueden coincidir en la infancia.
Y cuando una institución pública pone a las niñas y niños en el centro, vale la pena reconocerlo.
También ahí entra la jornada “Alegrando Corazones”, impulsada por Familia UAT y el Voluntariado UAT. La colecta reunió juguetes con apoyo de estudiantes, docentes, personal administrativo y facultades de distintas regiones del estado para entregarlos a niñas y niños en situación vulnerable.
Hay gestos que parecen pequeños hasta que uno entiende a quién llegan.
Un juguete no resuelve la pobreza. No cambia de golpe una circunstancia familiar difícil. No sustituye una política pública. Pero en la vida de un niño, un juguete puede ser una tarde distinta. Una sonrisa. Una pausa en medio de la carencia.
Y eso también cuenta.
Sobre todo cuando detrás del gesto hay comunidad universitaria.
La UAT no actuó como una oficina que manda cajas. Actuó como una comunidad que se organiza. Facultades, unidades académicas, estudiantes, maestros, trabajadores, Familia UAT y Voluntariado UAT sumaron esfuerzos para transformar solidaridad en algo concreto.
Porque la responsabilidad social no se demuestra en el discurso. Se demuestra cuando se hace algo.
Y en este caso se hizo.
Bajo la rectoría de Dámaso Anaya, la Universidad ha insistido en un modelo humanista. Esa palabra se usa mucho, a veces demasiado. Ya la traen más gastada que silla de sala de espera. Pero aquí empieza a tener contenido real.
Humanismo es llevar ciencia a los niños.
Humanismo es acompañar a comunidades escolares.
Humanismo es organizar a la comunidad universitaria para apoyar a quienes más lo necesitan.
Humanismo es entender que formar profesionistas no basta si no se forman también ciudadanos sensibles.
Eso es lo que una universidad pública debe hacer.
Y en otro frente, Dámaso Anaya también refrendó su compromiso con el proyecto de Correcaminos, al reunirse con la directiva del club universitario para fortalecer el trabajo rumbo al torneo Apertura 2026 de la Liga de Expansión MX.
El tema deportivo no es accesorio.
Correcaminos es parte de la identidad de la UAT y también de Ciudad Victoria. Para muchos, el equipo no es solo fútbol. Es memoria, pertenencia, tardes de estadio, generaciones enteras vestidas de naranja, esperanza repetida cada torneo con la terquedad que solo puede tener una afición fiel.
Claro, esa afición también ha sufrido. Bastante. Casi con nivel posgrado.
Por eso el compromiso institucional debe traducirse en resultados, planeación, respaldo serio y trabajo profesional. No basta con decir que se quiere al equipo en los primeros lugares. Hay que construir las condiciones para competir.
Y ahí la UAT tiene un papel central.
Porque Correcaminos no puede verse como un proyecto aislado. Forma parte de una marca universitaria, de una comunidad y de una historia deportiva que merece ser tomada en serio.
La Universidad Autónoma de Tamaulipas está moviéndose en varios frentes al mismo tiempo: infancia, ciencia, deporte, responsabilidad social, identidad universitaria y vinculación comunitaria.
Esa es la parte interesante.
No se trata solo de formar alumnos dentro del aula. Se trata de formar comunidad alrededor de la Universidad.
Dámaso Anaya parece entender que la UAT debe estar donde está la gente. En los campus, sí. Pero también en los festivales familiares, en las escuelas, en las canchas, en las causas sociales y en los espacios donde se construye pertenencia.
Porque una universidad pública no solo educa cuando imparte clases.
Educa cuando inspira.
Educa cuando acompaña.
Educa cuando abre sus puertas.
Educa cuando se acerca a los niños.
Educa cuando convierte el conocimiento en experiencia.
Educa cuando le recuerda a su comunidad que también tiene una responsabilidad con los demás.
La UAT está haciendo eso.
Y en tiempos donde muchas instituciones parecen más preocupadas por parecer cercanas que por serlo, esa diferencia vale.
La Universidad salió al encuentro de la infancia, llevó alegría, compartió conocimiento, respaldó el deporte y fortaleció su vínculo con la sociedad.
No es poca cosa.
Es una manera de decir que la UAT no quiere ser solo una institución académica.
Quiere ser una presencia viva en Tamaulipas.
Pues eso.