No cabe el optimismo

Hoy lunes reinician las actividades gubernamentales y con ello se normaliza el accionar de la sociedad en el inicio de un nuevo año que luce bastante incierto.

Los tamaulipecos, como la mayoría de los mexicanos, comenzamos el 2020 en medio de muchas interrogantes, cuyas respuestas se irán develando en el transcurrir de los días, las semanas y los meses.

¿Tenemos alguna esperanza de que haya una mejora en el problema de inseguridad pública que agobia al país? ;  ¿Hay posibilidades de que la nación avance en su desarrollo económico de manera que eso se traduzca en el bienestar de cada familia?; ¿Existen posibilidades de que la pobreza se vaya reduciendo?.

No sé cuál será su respuesta para cada una de esas preguntas, pero por lo que a mí respecta sería iluso contestar con un “si”.

No parece haber, sin embargo, muchas esperanzas o ilusiones de que algo vaya a cambiar para bien de los mexicanos.  No las hay porque es imposible conseguir resultados distintos cuando desde el Gobierno se sigue repitiendo la misma línea del absurdo.

Usted disculpe si me veo demasiado pesimista. Ese no es el afán. Nada me daría más gusto que al país le fuera bien porque por consecuencia lógica nos iría bien a todos, pero la realidad es contundente. Me encantaría ver o percibir condiciones y voluntades en el Gobierno que hicieran albergar la esperanza de que el 2020 nos depara buenas cosas, pero no las veo por ningún lado.

Sigo viendo a un Presidente de la República engreído, ególatra, vanidoso, que se siente el dueño de la verdad absoluta. No es exageración decir que Andrés Manuel López Obrador se cree casi Dios, y en esas condiciones resulta impensable que vaya a variar su forma de gobernar.

Bajo ese panorama es imposible ser optimista. Además, no podría serlo porque desde que inició el Gobierno lopezobradorista he plasmado aquí mi temor de que en cualquier momento se comiencen a materializar las consecuencias de las absurdas políticas gubernamentales adoptadas en los últimos 12 meses.

Cuando un Gobierno comete yerro tras yerro es inevitable que tarde o temprano haya consecuencias. No las ha habido hasta el momento, pero mi temor, como el de millones de mexicanos, es que las  haya en cualquier momento.

Una crisis económica o un levantamiento social empujado por tanta incompetencia oficial sería algo desastroso para México.

Le insisto: ojalá y que esté equivocado en mi forma de ver las cosas. Ojalá que López Obrador tenga la razón en las decisiones que ha tomado, y que el país comience a mejorar. Seré el primero en aplaudirlo.

EL RESTO.

En el ámbito estatal esperamos que el gobierno de Francisco García Cabeza de Vaca, sea más eficiente en temas como el combate a la delincuencia. Ese ha sido, es y sigue siendo el principal reclamo de los tamaulipecos.

Sería injusto no reconocer los avances logrados en materia de seguridad pública pero todavía se requiere mucho más.

La exigencia también va para los Alcaldes. Hay muchos que por andar pensando y trabajando en su futuro político han descuidado la atención a problemas sociales, entre ellos precisamente el de la inseguridad pública.

Y no hablamos precisamente de la delincuencia generada por el crimen organizado sino de aquella que más afecta e indigna a los ciudadanos, que es la delincuencia del fuero común.

La prevención del delito es una tarea que compete a los municipios y simplemente se han desligado de ella.

ASI ANDAN LAS COSAS.

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