Condena de muerte

ifras del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (Inegi), revelan que el cáncer es la tercera causa de mortalidad en Tamaulipas.

Durante el 2013, el 5.2 por ciento de la población joven, menor de 20 años, falleció por algún tumor. La leucemia es el cáncer con mayor incidencia entre ese sector poblacional.

En el caso de las mujeres, el cáncer de cuello de útero provoca 11 decesos por cada 100 mil habitantes, mientras que el cáncer de  mama tiene también una incidencia preocupante con 9.52 defunciones por cada 100 mil habitantes.

Esas son apenas unas cifras en relación a la enfermedad.
El pasado 19 de octubre, se celebró, como cada año, el Día Mundial contra el Cáncer de Mama.

Como ya es costumbre, ese día se realizaron una serie de actividades en las que las diferentes instancias de Gobierno difundieron información sobre la enfermedad, buscando sensibilizar a las mujeres acerca de la importancia de la prevención.

El discurso gubernamental se escucha bonito, motivador. En la tribuna del Congreso del Estado se da un desfile de diputadas y diputados, con un moñito rosa, que con un “rollo” romántico se solidarizan con las víctimas de la enfermedad.

Las instancias gubernamentales gastan millones y millones de pesos en las campañas contra el cáncer. Organizan hasta ciclos de conferencias donde se pone a sobrevivientes famosas a narrar sus historias, como una estrategia y motivacional para fortalecer la prevención.

Pero hay un “pero”. La brecha entre el discurso oficial y la realidad hospitalaria es abismal.

Es así porque las carencias para atender a los pacientes de cáncer en el estado son enormes. No es exageración decir que las posibilidades de sobrevivencia para un enfermo de bajos recursos son escasas porque carece de los medios para costearse una atención privada.

Enfermar de cáncer es, para muchos, una condena de muerte.

Por esa razón, es tiempo de que el Gobierno, en éste caso el de Tamaulipas, pase del discurso a los hechos. Con cifras tan dramáticas en cuanto a la incidencia de muertes por cáncer, es evidente la urgencia de dotar al Estado de un mayor número de Centros Oncológicos que atiendan a quienes no pueden acceder a una atención privada.

¿De qué sirve concientizar a la población de que adopte una cultura de prevención para detectar oportunamente el cáncer, si el Gobierno no garantiza alternativas de atención a quienes dan positivo?

Debe darse, con urgencia, un giro en las políticas públicas relacionadas con la salud. Debe haber mayor inversión y menos palabrería.

Los festejos del 19 de octubre con motivo del Día Mundial de la lucha contra el Cáncer de Mama, deben hacerse con la inauguración de nuevos Centros Oncológicos o el equipamiento de los que ya existen. Ya basta de moñitos rosas y discursos románticos.

ASÍ ANDAN LAS COSAS

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