Gattás está por cumplir cinco años en el gobierno. Los problemas de Victoria están peor que cuando llegó.
Los victorenses lo saben. Gattás también. Lo que vemos hoy es un choque entre su proyecto político y la realidad de la ciudad.
Una realidad que los ciudadanos no pueden ignorar. La padecen todos los días en las fugas, los baches, la basura y el alumbrado.
Gattás tampoco puede ignorarla. Su futuro político está en juego y parece haberse dado cuenta.
La prisa de su destape por una diputación federal alimenta una sospecha inevitable: busca el fuero como protección ante los procesos legales que enfrenta.
Más que una propuesta de futuro, su destape es una confesión sobre el presente: su gobierno está en crisis.
Una crisis a la que el INEGI le pone números y de la que Gattás pretende huir.
Tres de cada cuatro victorenses califican al gobierno de Gattás como poco o nada efectivo.
No es difícil entender por qué.
Nueve de cada diez identifican las fallas y fugas de agua entre los principales problemas de la ciudad. Una proporción similar señala los baches.
Casi siete de cada diez mencionan el alumbrado público como insuficiente y casi seis de cada diez, las deficiencias del drenaje.
Las cifras las recoge la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana del segundo trimestre del año, publicada el viernes 24 de julio.
La tragedia para la capital es que estos resultados son prácticamente los mismos que en marzo de 2025 y marzo de 2023.
El estancamiento y el déficit del gobierno son persistentes.
El agravante es que estamos en el quinto año de su administración.
Estamos hablando de los mismos problemas. El único cambio es que estos han ido empeorando.
No es una queja pasajera de la ciudadanía, es un patrón estructural. Y ese patrón es la ineptitud de Gattás y de su gobierno.
Hoy, la administración municipal de Victoria está peor evaluada que la media nacional.
Dos de cada tres ciudades evaluadas obtuvieron una percepción de efectividad superior a la de Victoria.
Cuando se compara con ciudades como Nuevo Laredo o Tampico, la disparidad es considerable.
El gobierno que encabeza Carmen Lilia Canturosas obtuvo 58.8 por ciento, más del doble del 25.2 registrado por Victoria.
Esto coloca a Nuevo Laredo como el municipio mejor evaluado de Tamaulipas en efectividad gubernamental y lo ubicó entre las cinco ciudades mejor evaluadas del país.
Tampico también superó a Victoria, con una diferencia de 14 puntos.
Mientras los gobiernos de Carmen Lilia Canturosas y Mónica Villarreal avanzan, el de Gattás lleva años estancado en la mediocridad.
La ENSU no es la única medición adversa. Massive Caller encontró que apenas uno de cada cuatro ciudadanos confía en Gattás.
Miden cosas distintas, pero apuntan en la misma dirección: bajo desempeño, poca confianza y los mismos problemas sin resolver.
El común denominador es Gattás.
El panorama, como lo adelantan los datos históricos no es bueno para Victoria ni para sus habitantes.
Gattás hoy está más preocupado en hacer campaña y en designar candidatos que en gobernar.
Su viaje de turismo político a la Ciudad de México, donde presumió sus cenas con millonarios, es síntoma de la orfandad política que vive.
Sus salidas de las sesiones de cabildo, tres en el último mes, demuestran que sus prioridades son diferentes a las de los ciudadanos.
Las cifras que miden la eficacia de su gobierno no son reveladoras para quienes vivimos en Victoria.
Tampoco creemos que lo sean para el alcalde. El fuero es su última apuesta para no quedar desamparado. De ahí su urgencia por conseguirlo.
Gattás está acorralado por su propio desastre. El próximo proceso electoral parece ser su ruta de escape.
Sin embargo, la reciente evaluación ciudadana demuestra que esa ruta también parece estar cerrada.
Pues eso.