UAT: puertas abiertas y mejora constante

Hay instituciones que entienden que la palabra “universidad” no se sostiene con organigramas, sino con gente: estudiantes, docentes, personal administrativo, familias. 

La UAT, con Dámaso Anaya al frente, está empujando hacia una gestión que no presume cercanía como eslogan, sino que la practica como método.

El rector lo ha dicho con claridad: el diálogo permanente con universitarios define el rumbo. No es una frase bonita; es una decisión política. 

Volver a los recorridos por facultades, unidades académicas y preparatorias, meterse al salón, asomarse al laboratorio, pasar por las prácticas de campo y hasta por los espacios de esparcimiento, es reconocer que la vida universitaria no ocurre en la oficina del director ni en la sala de juntas del informe. 

Ocurre en el día a día, donde se topan la vocación, la presión académica, los problemas de infraestructura, la desigualdad, las expectativas y el futuro.

Y escuchar de viva voz cambia todo. Porque cuando el rector se sienta con estudiantes y docentes, los problemas dejan de ser “indicadores” y se vuelven historias concretas: el equipo que falta, el trámite que atoró una práctica profesional, el aula que ya no da, el laboratorio que necesita actualizarse, el alumno foráneo que no tiene dónde estudiar en paz, la maestra que carga con grupos saturados. Ahí es donde la administración deja de operar a ciegas. 

La presencia activa en los campus no solo “constata avances”; también evita que la UAT se convierta en una institución que se administra para sí misma, como esas oficinas que se enamoran de sus sellos y se olvidan de la gente.

Ese modelo de puertas abiertas, además, tiene un efecto secundario bienvenido: obliga a que la excelencia académica deje de ser discurso abstracto y se vuelva balance real con una atención humana y sensible. 

La excelencia sin sensibilidad produce egresados eficientes pero cínicos. La sensibilidad sin excelencia produce buena intención sin herramientas. Lo difícil es el equilibrio. 

Y ese equilibrio se construye con decisiones informadas, no con ocurrencias: con datos, sí, pero también con experiencia directa, con escuchar, con corregir sobre la marcha.

En ese mismo espíritu se entiende que la UAT esté metida de lleno en la Olimpiada Nacional de Matemáticas en Tamaulipas. 

No es solo “participar” en un evento: es abrir sus campus como sedes, sostener logística, darle peso institucional a una cultura del conocimiento que muchas veces queda relegada por la urgencia de lo inmediato. 

El 27 de febrero, a las 9:00 horas, habrá actividad en siete sedes universitarias —Nuevo Laredo, Reynosa, Matamoros, Valle Hermoso, Ciudad Victoria, Mante y Tampico— para la Etapa Ciudades. 

Y eso importa por una razón que va más allá del concurso: la UAT se está ofreciendo como plataforma estatal para detectar talento, estimular razonamiento lógico, empujar creatividad y sembrar una idea simple pero poderosa en niños y jóvenes: pensar bien también es una forma de futuro.

Es, además, una señal de vocación pública. La convocatoria va dirigida a estudiantes desde tercero de primaria hasta sexto semestre de bachillerato, de escuelas oficiales y particulares. Es decir: la UAT se coloca como puente entre educación básica/media y educación superior. 

Ese puente es crucial en un estado con desigualdades marcadas. Y cuando una universidad pública decide ser puente, deja de ser solo receptora de alumnos: se vuelve promotora de capacidades.

Y luego está Radio UAT, que cumple 34 años y no es un detalle decorativo del calendario cultural, sino un símbolo de otra idea: una universidad también es voz. 

Una institución que no se comunica termina encerrada; una que se comunica mal termina malentendida; una que se comunica bien puede convertirse en tejido social. 

Radio UAT —XHUNI 102.5 FM— nació el 19 de febrero de 1992 y hoy tiene más de 30 producciones propias, contenidos plurales y, en esta administración, más de 500 entrevistas de divulgación científica. Eso es mucho más que entretenimiento universitario: es democratización del conocimiento. Es sacar la ciencia del cubículo y ponerla en la conversación pública.

El dato de la nueva concesión en el sur, con XHCPAZ 105.1 FM, también tiene lectura estratégica: ampliar cobertura no es solo crecer audiencia; es consolidar presencia institucional, acercar cultura, información y contenidos educativos a más tamaulipecos. 

Que además se festeje con un concierto gratuito —el 19 de febrero, a las 7 de la tarde en el Teatro de la UAT— funciona como recordatorio de que la universidad no debe ser una fortaleza: debe ser una plaza.

En conjunto, lo que se está viendo es un mismo hilo: la UAT está moviéndose como una institución que entiende su misión social. 

Cercanía para gobernar mejor; olimpiada para empujar talento temprano; radio para divulgar ciencia y abrir micrófonos a estudiantes. 

A veces la política pública se vuelve grandilocuente para ocultar su ineficacia. Aquí el tono es otro: más método, menos show.

Y sí, siempre habrá quien diga que “recorrer” es fácil. Lo fácil es recorrer y no cambiar nada. Lo difícil es recorrer, escuchar, decidir y resolver. 

Dámaso Anaya está logrando que esta cercanía se traduzca en soluciones oportunas y en decisiones más finas que fortalecen a la UAT.

Y en estos tiempos, una universidad fuerte es una forma de seguridad, de movilidad social y de futuro. 

Pues eso.