Sin legitimidad ni capital político propio, Gattás busca validación externa en cualquiera que pueda dársela.
No tiene que ser real, está acostumbrado a la simulación. Basta con que dure lo suficiente para posar en una foto.
Cuatro años ha gobernado igual. Esta vez es urgente.
La sentencia del Instituto Electoral de Tamaulipas al registrarlo al padrón de agresores de mujeres lo obligó a actuar.
Primero se tomó la foto con los integrantes de la Junta Distrital 05 del Instituto Nacional Electoral. Quiso vender la idea de que las autoridades electorales estaban de su lado.
La realidad es otra: la junta distrital se encarga de capacitación, registro de electores y organización de casillas. No juzga. No sanciona. No emite sentencias y, sobre todo, no condona sanciones.
Después de intentar legitimarse con un par de fotos con el INE, Gattás organizó una reunión con mujeres profesionistas.
El objetivo fue el mismo: lavarse la cara tras la sentencia como agresor y su inscripción en los padrones federal y estatal de violentadores.
Para eso buscó rodearse de mujeres. No hubo acuerdos. No hubo acciones concretas.
¿Para qué?
A Gattás solo le importan las imágenes. La simulación. El flash.
La hipocresía quedó al descubierto en la sesión de Cabildo del viernes.
La sanción del Instituto Electoral de Tamaulipas fue clara. Gattás y Reséndez deben ofrecer una disculpa pública a la víctima de su violencia, la síndica Lili García Fuentes. No lo hicieron.
Con sentencia firme o sin ella, ambos optaron por ignorar el tema. Confirmaron que no les interesa reparar el daño, solo administrar la narrativa.
Una persona decente no necesita que una autoridad la obligue a disculparse. Gattás y Reséndez sí.
Y el caso de la síndica no es el único.
La regidora Josefa Edith Mata García denunció a Gattás ante el Tribunal Electoral de Tamaulipas.
Lo acusa de incumplir la sentencia dictada por el propio Tribunal el 27 de febrero de 2025.
Gattás habría violado sus derechos políticos-electorales al retenerle pagos correspondientes a octubre, noviembre y diciembre de 2025.
En sesión de cabildo, la regidora afirmó que esta retención fue utilizada como mecanismo de presión luego de negarse a retirar una denuncia por violencia digital en su agravio y el de su hija, en contra de Gattás Báez y su secretario del Ayuntamiento, Hugo Reséndez.
Antes de ellas también estuvieron las denuncias de Patricia Reyes, Cristina Lavín y Adriana Bejar.
El alcalde necesita los flashes y la simulación para esconder todo esto.
Si Gattás estuviera dispuesto a cambiar y a reparar el daño que ha causado, en lugar de sus sesiones fotográficas tendría que sentarse frente a las mujeres a las que violentó y ofrecerles una disculpa pública.
Eso no borra su violencia, pero al menos lo obliga a reconocerla. Hoy estamos muy lejos de esto.
Como lo demuestra el caso de Edith Mata, es más probable que Gattás reincida en sus agresiones a que se retracte.
De ahí la importancia de las autoridades. De hacer valer la ley.
Las verdaderas intenciones se revelan en los hechos, no en los discursos ni en las fotos que se presumen.
Con Gattás es evidente que la distancia entre lo que dice y lo que hace es abismal.
Las agresiones contra las servidoras públicas del Ayuntamiento lo demuestran.
También lo demuestra la ciudad: calles llenas de baches y fugas, esquinas desbordadas de basura, las casas sin agua.
Y el ejemplo más claro es el derroche del presupuesto, donde las compensaciones y los servicios personales tienen prioridad sobre la obra pública, el desarrollo económico y hasta los proyectos sociales.
Para Gattás es más fácil disimular que gobernar. Él se beneficia mientras los demás lo pagan.
Tarde o temprano, la sentencia del Instituto Electoral de Tamaulipas terminará por cobrarle factura.
Pues eso.