Mucha torta, poco asfalto

La diferencia entre un buen y un mal mentiroso no es la imaginación, sino la memoria. 

Con sus declaraciones de esta semana, Gattás confirmó que tampoco sirve para mentir. 

Durante la semana, el alcalde aseguró que viajaría a la Ciudad de México para gestionar ante Pemex asfalto para su programa de ‘bacheo emergente’.

De acuerdo con las publicaciones del alcalde en sus redes sociales, Gattás sí viajó a la Ciudad de México. No sabemos si para gestionar recursos, porque eso no informó. Lo que sí presumió fue una cena en la Embajada de Suiza en México. 

Este sería el motivo de su viaje a la capital del país: realizar una gira de turismo político sin beneficio conocido para los victorenses. 

El viernes no asistió a la sesión de Cabildo. Seguía en tránsito después de su viaje a la Ciudad de México y ese mismo día publicó una fotografía comiendo una torta de la barda en Tampico. Pudo organizar su regreso para cumplir con el Cabildo. No lo hizo.

“Disfrutando una exquisita torta de la Barda en Tampico”, dice el texto que acompaña la imagen. 

En la foto aparece sentado en la cabecera, acompañado de cuatro personas, con tortas y bebidas sobre la mesa.

El local que habría servido de escala técnica en su viaje de regreso es el de Tortas Jerry, ubicado en la Colonia Petrolera, en Tampico. 

La ausencia del viernes no es un descuido: confirma que su prioridad no es la ciudadanía.

La gira de Gattás tuvo mucha torta y poco asfalto. 

Hasta este domingo el alcalde no había explicado de qué sirvió su asistencia a la Embajada de Suiza y sobre todo, qué pasó con las gestiones de recursos para su ‘bacheo emergente’. 

El 29 de junio y el 3 de julio abandonó otras dos sesiones, que continuaron bajo la conducción del secretario del Ayuntamiento, quien no tiene facultades para hacerlo. 
Gattás tampoco ha dado la cara para explicar su escapada de las sesiones y las consecuencias legales que acarrean, como denunció la regidora Adriana Bejar. 

Antes de su viaje a México, Gattás reconoció que Victoria enfrenta una crisis de baches. Para él el cinismo es una virtud. 

Tras el descaro vino el embuste. También dijo que “[En Victoria] tenemos muy buenos servicios públicos. Tenemos buena recolección. Tenemos buen alumbrado. Tenemos buen barrido manual. Tenemos parques y jardines funcionando muy bien. Tenemos Victoria limpio.”

Estas declaraciones explican por qué solo 27 de cada 100 victorenses confían en Gattás (Massive Caller, 5 julio).

Es el problema de la falta de memoria. 
Este lunes se cumplen 21 días del nombramiento de Marco Antonio Cantú Mercado como titular de la Secretaría de Servicios Públicos.
Si tenemos muy buenos servicios públicos, ¿por qué cambió al responsable?
Esto no es solo de 2026. En menos de cinco años la dependencia ha tenido cuatro relevos entre tres personas. Cantú ha ocupado el cargo en dos ocasiones.

“Tenemos buen alumbrado.” Victoria arrancó este año a media luz: cerca del 60 por ciento de las luminarias de la calle Hidalgo fundidas. También el bulevar Tamaulipas tiene documentadas las deficiencias. Apenas en mayo los funcionarios municipales dijeron que la falla en las luminarias de la salida a Mante era por culpa de la lluvia.

“Parques y jardines funcionando muy bien.” En abril el propio Gattás activó un "Operativo Integral de Servicios Públicos" en 22 colonias con chapoleo y rehabilitación de espacios. Nadie lanza operativos integrales sobre lo que funciona muy bien: cada operativo emergente es una confesión con otro nombre.

“Tenemos Victoria limpio”, dice, mientras su gobierno reconoce 16 puntos con basureros clandestinos bajo atención permanente. Tan limpio está, que este mes anunció la compra de dos camiones más. Entonces, ¿se necesitan los camiones o no?

Y no olvide la mentira de los baches, porque según Gattás son culpa de la lluvia. 

Desde julio de 2025, el programa de bacheo ha sido anunciado, lanzado o reactivado al menos siete veces.

Le ha dado seis nombres distintos: emergente, de contingencia, “en tu colonia”, especial, permanente, y el emergente reciclado. 

Las gestiones ante Pemex se han anunciado al menos tres veces (febrero, junio y julio de 2026) sin que conste públicamente que el asfalto haya llegado.

En octubre pasado prometió “un cambio real en 75 días”. El plazo venció en diciembre. 

En noviembre juraba que “no se ha despegado ninguno” de los parches. Siete meses después, el daño reportado por él mismo subió al 80 por ciento. El deterioro creció durante la guerra contra los baches.

En agosto de 2025 su gobierno presumía 17,830 metros cuadrados rehabilitados en una semana; en la primera semana de julio de 2026 reportó 340. El ritmo se desplomó 98 por ciento.

En 2021, culpó de los baches a los gobiernos del pasado. En 2022, presumió que ya se transitaba con fluidez. En 2023 volvió a anunciar el rescate de las calles. 

Ahora culpa a la lluvia histórica de los últimos 12 años. De los últimos 13 años. De los últimos 15 años. Cambia los años con cada declaración.  

¿Qué mentira hay que creer? ¿La última?

La lluvia no provoca en unas semanas el deterioro de cinco años. Lo deja al descubierto.

El pavimento urbano se diseña para resistir el agua. La lluvia no es eximente; es la prueba de carga.

La variable explicativa no es el agua: es la calidad de lo que el agua encontró.

Gattás lleva desde 2021 anunciando programas de bacheo: el emergente, el especial, el de duplicar cuadrillas, el de 2026 con presupuesto ampliado. 

“Tenemos una crisis. A las cosas hay que llamarlas como son… hay que afrontar las consecuencias” fue la declaración del alcalde esta última semana cuando se le preguntó por los baches.

En eso tiene razón. 

Afrontar las consecuencias no consiste en anunciar otro programa emergente. Consiste en rendir cuentas: explicar por qué fallaron los anteriores, qué pasó con el asfalto prometido y quién responderá por las calles que volvieron a romperse.

Gattás puede olvidar lo que dijo ayer. Los victorenses no. Cada bache les refresca la memoria. 

Pues eso.