La universidad también se sostiene desde adentro

La firma del convenio de revisión salarial 2026 entre la Universidad Autónoma de Tamaulipas y el Sindicato Único de Trabajadores de la UAT dice más de lo que parece a primera vista.

En apariencia, se trata de un acto laboral: el rector Dámaso Anaya Alvarado se sienta con la dirigencia del SUTUAT, se firma el acuerdo correspondiente, se cumple lo establecido en el Contrato Colectivo de Trabajo y se garantiza que ningún trabajador universitario perciba un salario menor al determinado por la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos.

Pero el fondo es más amplio.

Una universidad no se gobierna únicamente con planes académicos, discursos solemnes, nuevas carreras, indicadores de matrícula o convenios de relumbrón. También se gobierna con estabilidad interna. Con trabajadores escuchados. Con sindicatos atendidos. Con acuerdos que evitan que los problemas laborales se conviertan en conflictos institucionales.

Eso lo entendió Dámaso Anaya.

El rector lo dijo con claridad durante la firma del convenio: este acto representa diálogo, confianza y la voluntad compartida de seguir avanzando juntos. La frase puede parecer institucional, de esas que suelen pasar sin demasiada atención en una nota informativa, pero en el contexto universitario tiene peso.

Porque en una universidad pública, la relación con su sindicato no es un asunto menor. Puede ser base de estabilidad o campo minado. Puede ayudar a que la institución funcione o puede convertirse en el ruido permanente que termina por desgastar cualquier proyecto académico.

En este caso, la UAT y el SUTUAT enviaron una señal de entendimiento.

No de simulación.

De entendimiento.

Y eso, en tiempos donde cualquier mesa de negociación puede convertirse en pleito, comunicado, plantón o festival de indirectas, ya merece una lectura política e institucional.

Dámaso Anaya ha venido construyendo una narrativa de Universidad vinculada con el desarrollo de Tamaulipas, con mayor presencia académica, con más investigación, con nuevas oportunidades para estudiantes y con una relación más estrecha con los sectores públicos y productivos del estado.

Pero todo eso necesita una base.

Esa base está adentro.

Está en las aulas, sí, pero también en los pasillos, en las oficinas, en los laboratorios, en las facultades, en las áreas administrativas, en mantenimiento, en servicios escolares, en cada trabajador y trabajadora que hace posible que la Universidad funcione todos los días.

A veces se habla de la Universidad como si solo existieran rector, directores, maestros y alumnos. Es una mirada incompleta. La UAT también se sostiene en su personal sindicalizado, en quienes abren espacios, atienden trámites, mantienen instalaciones, apoyan la operación diaria y permiten que la maquinaria universitaria no se detenga.

Por eso fue importante que el rector reconociera públicamente ese papel.

Anaya señaló que la Universidad no se construye solamente desde las aulas o desde las oficinas directivas, sino también desde cada trabajador y trabajadora que contribuye al funcionamiento y crecimiento de la institución.

Ahí hay una definición correcta de comunidad universitaria.

La Universidad Autónoma de Tamaulipas no puede aspirar a estándares de excelencia hacia afuera si descuida el trato hacia adentro. No puede hablar de calidad educativa mientras ignora las condiciones laborales de quienes forman parte de su operación cotidiana. No puede proyectar modernización si no cultiva una relación madura con su sindicato.

El convenio firmado con el SUTUAT cumple una función concreta: da certeza salarial y laboral. Pero también cumple una función institucional: fortalece la gobernabilidad universitaria.

Ese es el verdadero valor del acuerdo.

El secretario general del SUTUAT, Eduardo Serna Tristán, reconoció la disposición del rector para mantener una postura de diálogo, conciliación y respeto durante las mesas de negociación. No es un detalle menor que el sindicato cierre este proceso agradeciendo la cercanía de la rectoría hacia las necesidades de sus agremiados.

En una institución tan grande como la UAT, con presencia en distintas regiones del estado y con comités sindicales en las zonas norte, centro, sur y Mante, sostener una relación ordenada con los trabajadores requiere más que buena voluntad. Requiere oficio. Requiere escuchar. Requiere cumplir. Requiere entender que los equilibrios internos también forman parte del proyecto universitario.

Dámaso Anaya parece estar apostando por esa ruta.

La Universidad necesita crecer, pero no puede hacerlo en medio de conflictos internos permanentes. Necesita ampliar matrícula, mejorar infraestructura, fortalecer equipamiento, abrir nuevas carreras y elevar su calidad académica, pero también necesita cuidar el clima laboral que permite que todo eso avance sin fracturas.

La estabilidad no luce tanto como una ceremonia solemne ni se aplaude como un nuevo edificio. No produce necesariamente la foto más espectacular. Pero sin estabilidad, cualquier proyecto grande empieza a caminar con piedras en los zapatos.

Y la UAT tiene demasiados retos por delante como para distraerse en pleitos evitables.

Por eso el convenio salarial 2026 debe leerse como parte de una estrategia más amplia. No es solo una revisión contractual. Es una pieza del modelo de conducción que Dámaso Anaya busca imprimirle a la Universidad: diálogo con los trabajadores, coordinación con las áreas administrativas, reconocimiento a la comunidad universitaria y continuidad institucional.

En la firma estuvieron también la secretaria general de la UAT, María Concepción Placencia Valadez; el secretario de Finanzas, Eduardo García Fuentes; el abogado general, Ismael Quintanilla Acosta; y el secretario de Administración, Jesús Francisco Castillo Cedillo. La presencia de ese equipo confirma que el acuerdo no fue tratado como trámite aislado, sino como un asunto central de administración universitaria.

Así debe ser.

Una Universidad seria no improvisa su relación laboral. La trabaja.

La cuida.

La ordena.

La Universidad Autónoma de Tamaulipas está en una etapa donde busca consolidar prestigio académico, ampliar sus vínculos nacionales e internacionales, fortalecer la investigación y responder mejor a las necesidades del estado. Pero nada de eso se sostiene si la casa no está ordenada.

La firma con el SUTUAT manda una señal hacia dentro: la rectoría reconoce a sus trabajadores como parte esencial del crecimiento universitario.

Y manda otra hacia fuera: la UAT puede avanzar con estabilidad, diálogo y cumplimiento institucional.

Dámaso Anaya gana aquí algo más que un convenio firmado.

Gana margen para seguir construyendo.

Porque las universidades no solo se transforman con grandes anuncios.

También se transforman cuando sus acuerdos internos permiten que todos remen hacia el mismo lado.

Pues eso.