La semana universitaria cerró con un mensaje poderoso: cuando una institución trabaja con rumbo, los resultados aparecen en todos los frentes.
El campeonato de Correcaminos de la UAT en la Liga Premier no es solo una alegría deportiva; es la confirmación de que el proyecto universitario está vivo, cohesionado y empujado con liderazgo claro desde la rectoría.
La final se construyó con estadio lleno, entrega total en la cancha y una afición que volvió a hacer suya la identidad naranja. Primero la ventaja en casa, luego la resistencia inteligente en Guadalajara y finalmente el título que regresa a Ciudad Victoria como símbolo de trabajo, disciplina y pertenencia.
El deporte, bajo esta administración, dejó de ser un accesorio institucional para convertirse en una herramienta real de cohesión social y orgullo universitario.
Y esa lógica se repite fuera del terreno de juego.
Mientras Correcaminos levantaba el trofeo, la Universidad Autónoma de Tamaulipas celebraba a las familias universitarias con festivales infantiles, conciertos lúdicos, actividades culturales y espacios de convivencia que fortalecen algo que ninguna estadística mide del todo: el sentido de comunidad.
Niños jugando, música enseñando, danza proyectando talento local y universitario. La universidad como espacio de formación, pero también como hogar social.
Nada de eso ocurre por inercia.
Detrás de esta dinámica está la conducción constante de Dámaso Anaya Alvarado, que ha entendido que una universidad fuerte no se construye solo con planes académicos, sino con identidad, bienestar y participación activa de su gente.
Dámaso Anaya ha colocado a la UAT en una ruta donde el deporte une, la cultura transforma y la familia universitaria se siente parte de un proyecto común.
Lo más interesante es que no se trata de eventos aislados para la foto.
Hay una narrativa institucional coherente: equipos que compiten y ganan, programas sociales que cuidan a las familias, arte que forma sensibilidad y espacios que fomentan convivencia. Todo conectado bajo una visión humanista que la rectoría ha empujado de manera sistemática.
Por eso el campeonato de Correcaminos no es casualidad. Es consecuencia.
Hoy la UAT no solo gradúa profesionistas: construye comunidad, genera orgullo y proyecta una universidad viva.
Y en ese proceso, Dámaso Anaya aparece una y otra vez como el motor que articula deporte, cultura, bienestar y formación integral en una sola lógica institucional.
Una universidad que gana títulos, sí.
Pero, sobre todo, una universidad que se gana a su gente.
Pues eso.