La universidad que solo se preocupa por calificaciones forma expedientes. La que se ocupa de la salud forma vidas con futuro. Y hoy la UAT está dando un paso enorme en ese sentido con el arranque del programa institucional “Estilos de Vida que Inspiran y Transforman”.
No es una charla bonita ni un folleto motivacional: es una estrategia integral que conecta hábitos, tecnología, conciencia y acompañamiento real para que las y los estudiantes aprendan a cuidarse desde ahora.
Detrás de este impulso está, otra vez, Dámaso Anaya.
Dámaso Anaya entendió algo básico pero olvidado en muchas instituciones: no hay excelencia académica sin bienestar físico y emocional. Por eso el programa no se quedó en discursos; llegó con talleres, módulos interactivos y hasta una aplicación móvil para que los jóvenes vean cómo su salud cambia cuando cambian sus decisiones.
Formar profesionistas sanos es formar líderes que no se quiebran a la primera presión de la vida adulta.
Y mientras se promueve una juventud saludable, la UAT también celebra el esfuerzo, la disciplina y los sueños que se alcanzan con trabajo.
El convivio con los Correcaminos campeones no fue solo una foto con trofeo: fue el reconocimiento a jóvenes que combinan estudios con alto rendimiento deportivo, que representan a la Universidad y que se convierten en ejemplo para miles de estudiantes.
Dámaso Anaya lo dijo claro: el deporte es formación de carácter, no entretenimiento de relleno.
Pero el proyecto universitario no se queda en salud y deporte.
También abraza el mérito académico y el valor de la familia universitaria. La entrega de estímulos a hijos de docentes con excelencia escolar envía un mensaje poderoso: aquí se reconoce el esfuerzo, aquí se premia la constancia, aquí se cuida el futuro de quienes sostienen la educación todos los días desde las aulas.
Cuando se le explica esto a cualquier joven, entenderá que estudiar sí vale la pena.
Y si hablamos de humanismo real, no simbólico, basta ver el impulso a la carrera de Enfermería.
Dámaso Anaya no solo reconoció públicamente la vocación de enfermeras y enfermeros; está ampliando espacios, abriendo nuevas sedes, construyendo aulas y garantizando programas acreditados para responder a una demanda creciente.
Eso es planeación con sentido social: formar más profesionales donde más se necesitan.
Salud que se cuida.
Deporte que forma carácter.
Mérito que se reconoce.
Carreras humanistas que se fortalecen.
Todo bajo una misma visión institucional.
La UAT de hoy no solo entrega títulos. Construye personas más sanas, más conscientes, más preparadas y más comprometidas con su entorno.
Y en el centro de esa transformación vuelve a aparecer el liderazgo de Dámaso Anaya, empujando una universidad que no se limita a enseñar materias, sino que educa para la vida.
Eso, en tiempos donde muchas instituciones apenas sobreviven en automático, es gobernar con rumbo.
Pues eso.
