Mientras en muchas universidades la ciencia sigue siendo club exclusivo y la vinculación social puro discurso de informe, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas las cosas empiezan a verse distintas: abiertas, activas y con impacto real.
Bajo la conducción del rector Dámaso Anaya, la UAT no solo presume números, sino presencia, liderazgo académico y compromiso con la gente.
Ahí está el VI Congreso de Investigadoras del SNII y de Iberoamérica como ejemplo claro.
No todos los días una institución estatal reúne científicas de 27 países y tiene como ponente magistral a una figura como la doctora Annie Pardo, referente continental en biología molecular.
Y no fue casualidad. Fue resultado de una política universitaria que empuja la ciencia con rostro humano, con equidad y con redes internacionales reales, no de cartón.
Cuando Dámaso Anaya presume que 200 investigadoras de la UAT forman parte del Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores —es decir, más del 77 por ciento del talento científico femenino de Tamaulipas— no está inflando estadísticas: está mostrando dónde se está produciendo el conocimiento en serio.
En tiempos donde la brecha de género sigue marcando la ciencia mundial, la UAT se coloca como motor regional de investigación con perspectiva social.
Y por si alguien cree que la Universidad solo se mueve en laboratorios, basta ver el papel que jugó en los Diálogos sobre la Reforma Electoral.
Más de tres mil propuestas ciudadanas, foros en seis municipios, participación híbrida y un documento académico que ahora alimentará la discusión nacional.
La UAT dejó de ser espectadora de la democracia para convertirse en plataforma de pensamiento crítico. Eso, en estos tiempos de gritos y polarización, es oro puro.
El modelo de universidad cercana también se nota en tierra.
La visita del rector Dámaso Anaya a la Facultad de Ingeniería Tampico no fue protocolo, fue planeación estratégica: proyectos portuarios, estudios ambientales, vinculación con sectores productivos y expansión de espacios académicos.
Ingeniería no como salón con pizarrón, sino como palanca real de desarrollo regional.
Y si de formación integral hablamos, lo que logró la UAT en deporte universitario este año raya en histórico: 24 medallas nacionales ANUIES y la creación del galardón “Orgullo UAT”.
Aquí no se trata solo de trofeos, sino de una universidad que entiende que disciplina, resiliencia y trabajo en equipo también forman profesionistas sólidos.
Pero quizá la imagen más poderosa de esta etapa sea la jornada “Lentes con corazón”: setenta mil lentes gratuitos para personas mayores de 40 años. No marketing. No foto bonita. Salud visual real para miles de tamaulipecos.
Cuando una universidad pública usa su capacidad para resolver problemas concretos de la gente, está cumpliendo su verdadera razón de existir.
En conjunto, lo que se ve es una UAT que investiga, debate, innova, compite, sirve y se conecta con la sociedad. Una universidad que dejó de encerrarse en sus muros y empezó a jugar en grande.
Y sí: mucho de ese giro tiene nombre y apellido.
Dámaso Anaya está empujando una institución más científica, más humana y más útil para Tamaulipas.
No es discurso. Son hechos.
Y en estos tiempos, eso ya es bastante decir.
Pues eso.