Un coyote, un venado y un correcaminos se encontraron en una plazoleta de Nuevo Laredo. Los tres forman parte de una escultura que busca contar la historia de una institución con siete décadas de presencia en la frontera: la Facultad de Comercio, Administración y Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Tamaulipas.
La obra lleva por nombre “La huella de COVECO. Un legado para las nuevas generaciones” y fue inaugurada por el gobernador Américo Villarreal Anaya y el rector Dámaso Anaya Alvarado, durante la celebración del 70 aniversario de la Facultad.
El acto también incluyó la inauguración de una plazoleta y las nuevas oficinas de la Fundación UAT. Tres espacios que representan una etapa de fortalecimiento institucional para una comunidad universitaria que ha crecido junto con Nuevo Laredo.
Y ahí está lo interesante.
Una ciudad puede cambiar profundamente en setenta años. Cambian sus actividades económicas, sus empresas, sus necesidades profesionales y las oportunidades que encuentran sus jóvenes. Las universidades tienen la responsabilidad de acompañar esos cambios y preparar a las generaciones que deberán enfrentarlos.
La Facultad de Comercio de Nuevo Laredo ha sido parte de esa historia. Durante siete décadas ha formado profesionistas en una ciudad donde el comercio internacional, la logística, la administración y los servicios tienen una importancia estratégica.
Hoy atiende a más de 3 mil estudiantes. A ellos se suman cerca de 600 alumnos de la Facultad de Enfermería, lo que permite dimensionar el peso de la Universidad Autónoma de Tamaulipas en la formación profesional de esta región fronteriza.
El rector Dámaso Anaya ha venido impulsando una agenda de crecimiento académico, modernización de infraestructura y fortalecimiento de los vínculos entre la Universidad y los sectores productivos. Nuevo Laredo ocupa un lugar importante en esa estrategia por sus características económicas y su demanda de profesionistas especializados.
La presencia del gobernador Américo Villarreal y de la alcaldesa Carmen Lilia Canturosas en la celebración confirma también la importancia que tiene la UAT dentro de la agenda de desarrollo regional.
Durante la ceremonia, el gobernador reconoció el trabajo del rector para mejorar la infraestructura universitaria y destacó cuatro elementos esenciales en la formación profesional: acceso a la información, capacidad para distinguir datos confiables, impulso a la investigación y compromiso con la acción social.
El planteamiento merece atención.
Los estudiantes viven rodeados de información. Tienen acceso a herramientas digitales, inteligencia artificial, plataformas de aprendizaje y recursos que hace apenas unos años resultaban difíciles de imaginar. El desafío consiste en aprender a utilizarlos con criterio, responsabilidad y capacidad para resolver problemas.
Una universidad tiene que enseñar a pensar.
Y una ciudad como Nuevo Laredo necesita profesionistas que sepan tomar decisiones en un entorno económico exigente, donde las tecnologías cambian y la competencia profesional rebasa las fronteras nacionales.
Dámaso Anaya ha insistido en preparar a la comunidad universitaria para ese escenario. La actualización académica, la infraestructura y la vinculación con empresas e instituciones forman parte de esa tarea.
Por eso también resulta relevante la inauguración de las oficinas de la Fundación UAT.
La Fundación representa un espacio de colaboración entre la Universidad y el sector empresarial. Su presencia en Nuevo Laredo puede contribuir a fortalecer proyectos de apoyo universitario, ampliar vínculos y generar oportunidades para los estudiantes.
En esa relación destaca Eduardo Garza Robles, empresario, egresado de la Facultad, presidente de la Fundación UAT e integrante del Patronato Universitario, quien donó la escultura conmemorativa creada por el artista Álvaro Cuevas.
El gesto tiene un significado especial porque conecta a distintas generaciones.
Un egresado que mantiene relación con su Universidad y contribuye a fortalecer sus espacios está participando en la continuidad de una institución que alguna vez formó parte de su propia historia.
Ese vínculo debe cultivarse.
Las universidades necesitan mantener contacto con sus egresados. Muchos han construido carreras profesionales, empresas y proyectos que pueden abrir oportunidades para quienes actualmente estudian. Su experiencia representa una fuente valiosa de conocimiento, orientación y apoyo.
Dámaso Anaya ha encontrado en la colaboración con el Gobierno del Estado, el municipio y el sector empresarial una ruta para fortalecer la presencia de la UAT en Nuevo Laredo.
El respaldo institucional también debe traducirse en resultados que los estudiantes puedan aprovechar: mejores instalaciones, programas académicos pertinentes, espacios para prácticas profesionales, vinculación productiva y oportunidades de desarrollo.
La nueva plazoleta y la sede de la Fundación forman parte de ese proceso. Su importancia crecerá conforme se conviertan en espacios utilizados por la comunidad universitaria y contribuyan a consolidar nuevos proyectos.
También hay que reconocer el valor de la identidad.
El rector explicó que las tres figuras de la escultura representan cualidades que considera importantes para la vida universitaria: la audacia del coyote, la sensibilidad del venado y la determinación del correcaminos.
La interpretación tiene sentido.
Una comunidad universitaria necesita iniciativa para generar propuestas, sensibilidad para comprender los problemas de su entorno y determinación para llevar sus proyectos hasta el final.
Son cualidades que pueden aprenderse y fortalecerse durante la formación profesional.
La escultura quedará como un símbolo de pertenencia para quienes recorran las instalaciones de la Facultad. Para algunos estudiantes será parte del paisaje cotidiano. Para otros, con el paso de los años, podrá convertirse en un recuerdo de su etapa universitaria.
Así se construye también la memoria de una institución.
Con espacios compartidos, generaciones que se suceden y símbolos que terminan formando parte de la vida de quienes estudian y trabajan en ella.
La Facultad de Comercio, Administración y Ciencias Sociales de Nuevo Laredo cumple setenta años con una comunidad de más de 3 mil estudiantes y una historia que merece conservarse.
Dámaso Anaya tiene la responsabilidad de proyectar esa historia hacia los próximos años. La Universidad Autónoma de Tamaulipas necesita seguir creciendo en la frontera, atender las demandas de sus jóvenes y aprovechar las oportunidades de colaboración que ofrece una ciudad con tanta actividad económica.
El gobernador Américo Villarreal ha reconocido ese papel y ha expresado su respaldo para fortalecer la infraestructura universitaria. La participación de Carmen Lilia Canturosas y de empresarios como Eduardo Garza Robles amplía las posibilidades de trabajo conjunto.
El desafío será convertir esa colaboración en beneficios duraderos para la comunidad académica.
Setenta años representan miles de estudiantes, generaciones de maestros, familias que confiaron en la Universidad y profesionistas que encontraron en sus aulas una oportunidad para construir su futuro
Ahora una escultura recuerda esa historia desde una plazoleta.
El coyote, el venado y el correcaminos tendrán su lugar en el campus.
A Dámaso Anaya y a la comunidad universitaria les corresponde seguir construyendo el legado que recibirán las próximas generaciones.
Porque las huellas importantes de una universidad también quedan en las vidas de quienes pasaron por sus aulas.
Pues eso.
