El gusano barrenador del ganado no es una amenaza lejana ni un problema exclusivo de los ranchos.
Dámaso Anaya Alvarado lo dijo con claridad: “No es un tema menor y se necesita la colaboración de todos”.
Y tiene razón.
Porque cuando una plaga ya registra 160 casos activos en cinco municipios del sur de Tamaulipas y acumula 435 contagios desde diciembre pasado, el asunto deja de ser una preocupación sectorial y se convierte en un problema de salud, producción, economía y vida comunitaria.
El gusano barrenador no distingue entre discurso oficial, alambrado ganadero o indiferencia ciudadana. Puede afectar al ganado, a perros, a fauna silvestre e incluso a seres humanos. Es decir, no estamos ante una molestia rural, sino ante una amenaza que exige coordinación, vigilancia y respuesta científica.
Ahí entra la Universidad Autónoma de Tamaulipas.
Bajo la rectoría de Dámaso Anaya, la UAT intensificará su colaboración con el Gobierno del Estado para contrarrestar el avance de esta plaga. Y eso confirma algo importante: una universidad pública no debe quedarse mirando los problemas desde la comodidad del escritorio académico.
Debe intervenir. Debe aportar conocimiento. Debe llevar especialistas. Debe formar brigadas. Debe poner la ciencia al servicio de la sociedad.
La UAT participa con estudiantes y especialistas en las zonas más afectadas, apoyando la campaña estatal y fortaleciendo la atención directa. Pero además está abordando el problema desde la investigación, con el desarrollo de trampas y mecanismos de control para la mosca transmisora.
Ese es el tipo de vinculación que sí tiene sentido.
No la vinculación de fotografía, saludo y carpeta con logotipos. La vinculación útil: la que llega al territorio, entiende el problema y busca soluciones.
Tamaulipas es un estado ganadero. Su economía, su identidad rural y muchas familias dependen de esta actividad. Por eso, combatir el gusano barrenador no es sólo proteger animales; es proteger ingresos, patrimonio, empleo y estabilidad para cientos de productores.
Pero el rector también pone el dedo en el punto correcto: los ganaderos son la primera línea de defensa.
La vigilancia temprana, la curación de heridas, el reporte oportuno y la sensibilización pueden marcar la diferencia entre contener el problema o dejar que se extienda como incendio en pastizal seco.
Y aquí no hay espacio para el “a mí no me toca”.
Si se presenta en perros, en vida silvestre y puede afectar a humanos, entonces la sociedad completa debe estar alerta. Los productores, las autoridades, los veterinarios, las universidades y la ciudadanía tienen que actuar juntos.
Porque las plagas no se combaten con indiferencia.
Se combaten con información, coordinación y disciplina.
La participación de la UAT muestra una Universidad conectada con las necesidades reales de Tamaulipas. Una institución que no sólo forma profesionistas en las aulas, sino que también los pone frente a los grandes desafíos del estado.
Dámaso Anaya está colocando a la Universidad donde debe estar: en el centro de las soluciones.
Y frente al gusano barrenador, eso importa.
Porque esta no es una batalla de un solo sector. Es una tarea colectiva.
La ciencia debe estar en el campo. La Universidad debe estar con los productores.
Pues eso.
