La UAT al servicio de la sociedad

La solidaridad necesita organización. Las buenas intenciones ayudan, pero los resultados importantes requieren conocimiento, coordinación y personas dispuestas a trabajar por una causa común.

La Universidad Autónoma de Tamaulipas está desarrollando dos iniciativas que permiten entender cómo puede construirse esa cultura desde una institución pública. Una tiene alcance internacional y busca fortalecer proyectos de economía social. La otra reunió a la comunidad universitaria de Ciudad Victoria para recolectar tapitas de plástico en apoyo a personas que enfrentan el cáncer.

En ambas aparece una idea que el rector Dámaso Anaya Alvarado ha venido impulsando durante su gestión: poner las capacidades de la UAT al servicio de la sociedad.

La primera iniciativa merece atención por su alcance. A través del Centro de Innovación y Transferencia del Conocimiento, CINOTAM, la Universidad participa en el Diplomado Interinstitucional de Economía Social y Solidaria 2026, junto con la Universidad Autónoma Metropolitana, el Instituto Politécnico Nacional, el Instituto Nacional de la Economía Social y la Secretaría de Economía de Tamaulipas.

La convocatoria reunió a más de 300 participantes de distintas regiones de México y de seis países de América. Durante 100 horas de formación, distribuidas entre el 28 de septiembre y el 9 de diciembre, especialistas de estas instituciones compartirán herramientas para desarrollar proyectos económicos basados en cooperación, participación colectiva, sostenibilidad y organización comunitaria.

El tema tiene una importancia especial para Tamaulipas.

Hay comunidades con capacidad productiva, personas con buenas ideas y grupos dispuestos a emprender proyectos colectivos. Muchas iniciativas enfrentan dificultades para organizarse, acceder a financiamiento, establecer mecanismos de administración o encontrar mercados para sus productos.

Ahí puede intervenir el conocimiento universitario.

Una cooperativa necesita llevar cuentas. Un grupo de productores debe conocer sus costos, identificar compradores y organizar su producción. Un proyecto comunitario requiere reglas de participación, acuerdos entre sus integrantes y una estrategia que le permita mantenerse funcionando.

La economía social busca fortalecer esas capacidades para que los beneficios de la actividad productiva alcancen a las personas y comunidades que participan en ella.

Dámaso Anaya está abriendo espacio a la UAT dentro de esa conversación. La participación del CINOTAM permite aprovechar la experiencia de investigadores y especialistas universitarios para acompañar iniciativas de desarrollo regional y compartir conocimientos con otras instituciones del país y de América Latina.

En noviembre, la UAT tendrá una responsabilidad concreta dentro del diplomado. En coordinación con la Secretaría de Economía estatal, impartirá el tercer módulo, dedicado a la identificación, formulación y evaluación de proyectos de economía social y solidaria.

Los participantes abordarán diagnóstico social, gobernanza legal, modelos de negocio, estrategias financieras y desarrollo de cadenas de valor.

Es una combinación útil. Una idea comunitaria puede tener mucho entusiasmo y fracasar por una mala administración. También puede convertirse en una actividad económica duradera cuando sus integrantes conocen el mercado, organizan sus recursos y establecen mecanismos claros para tomar decisiones.

El papel de la Universidad consiste en acercar esas herramientas.

Y aquí aparece una oportunidad importante para la gestión de Dámaso Anaya. La UAT tiene presencia en distintas regiones de Tamaulipas, investigadores especializados y una relación creciente con sectores productivos y dependencias públicas. Esa estructura puede ayudar a que los conocimientos del diplomado encuentren aplicación en proyectos concretos.

El éxito de una iniciativa de economía social se mide en su capacidad para sostener actividades, generar ingresos y mejorar las condiciones de quienes participan. La formación académica puede contribuir a que más proyectos alcancen esos objetivos.

La segunda historia ocurre en un escenario mucho más cercano: el camellón central del Campus Victoria.

Ahí, estudiantes, docentes, directivos y trabajadores de la Universidad Autónoma de Tamaulipas participaron en la campaña “Recolecta”, organizada por Familia UAT y el Instituto de la Mujer Universitaria durante Octubre Mes Rosa.

La actividad consistió en reunir tapitas de plástico de botellas, productos de limpieza, artículos de higiene personal y otros envases. El material será entregado a la asociación Un Cachito de Luz como parte de las acciones de apoyo a personas que enfrentan el cáncer.

Es una iniciativa sencilla que requiere participación colectiva.

Cada persona aporta lo que ha reunido en casa, en su oficina o en su escuela. La suma permite concentrar una cantidad mayor de material y canalizarlo hacia una organización dedicada a una causa social.

La campaña también abre una conversación sobre la importancia del acompañamiento a las familias que viven con esta enfermedad.

Un diagnóstico de cáncer puede modificar profundamente la vida cotidiana. Los tratamientos, los traslados, los gastos y la incertidumbre representan desafíos para los pacientes y sus seres queridos. Las redes de apoyo pueden ayudar a enfrentar parte de esas dificultades.

Ahí destaca el trabajo de Isolda Rendón de Anaya, presidenta de Familia UAT, quien ha impulsado una agenda de participación comunitaria y solidaridad dentro de la Universidad.

Este tipo de actividades permite que los estudiantes se involucren directamente en causas sociales. También fortalece el sentido de pertenencia y la responsabilidad compartida entre quienes forman parte de la institución.

La participación del Instituto de la Mujer Universitaria resulta especialmente relevante durante octubre, un mes dedicado a sensibilizar sobre el cáncer de mama y la importancia de su detección oportuna.

La recolección de tapitas tiene un propósito solidario. La prevención y la atención médica siguen siendo fundamentales para enfrentar la enfermedad. Son tareas que requieren información, acceso a servicios de salud y acompañamiento oportuno.

Dámaso Anaya ha definido a la Universidad Autónoma de Tamaulipas como una institución con rostro humano y corazón social. Esa visión adquiere contenido cuando la Universidad utiliza sus capacidades para atender necesidades concretas de la población.

El diplomado internacional y la campaña Recolecta muestran dos maneras de hacerlo. El primero reúne conocimiento especializado para fortalecer proyectos económicos comunitarios. La segunda moviliza a estudiantes, docentes y trabajadores alrededor de una causa humanitaria.

Ambas requieren organización y continuidad.

También permiten mirar la responsabilidad social universitaria desde una perspectiva más amplia. La UAT puede contribuir al desarrollo económico mediante investigación, capacitación y transferencia de conocimientos. Al mismo tiempo, tiene capacidad para reunir a su comunidad en actividades de apoyo social.

Esa combinación debe fortalecerse.

Una universidad pública tiene recursos humanos, infraestructura, especialistas y una comunidad estudiantil que puede participar en proyectos capaces de mejorar su entorno. Aprovechar esas capacidades exige dirección institucional y una relación cercana con las necesidades de Tamaulipas.

Dámaso Anaya ha colocado la vinculación social entre las prioridades de su rectoría. El reto consiste en mantener abiertas esas oportunidades, evaluar sus resultados y conseguir que las iniciativas tengan continuidad.

Los más de 300 participantes del diplomado representan una oportunidad para extender conocimientos sobre economía social. Las tapitas reunidas en el Campus Victoria muestran la disposición de la comunidad universitaria para colaborar con una causa que requiere apoyo.

Hay una enseñanza compartida en ambas experiencias: las personas pueden conseguir mucho cuando encuentran una forma de organizar su esfuerzo.

La Universidad Autónoma de Tamaulipas tiene la capacidad para impulsar esa organización desde el conocimiento y la participación comunitaria.

Y cuando una universidad consigue que sus estudiantes aprendan a trabajar por el bienestar de los demás, también está cumpliendo una parte esencial de su tarea educativa.

Pues eso.