La desesperación verde

La desesperación de Eugenio Hernández desnudó la estrategia del Partido Verde en Tamaulipas: romper con Morena.  

La traición perdió el efecto sorpresa; está a la vista de todos. 

A Eugenio se le acaba el tiempo. Con su expediente judicial de nuevo en la mira de las autoridades, el descaro es total. Ya no se preocupa por disimular. 

Lo vimos con el destape precoz de Maki para 2028. Un destape que tiene varias funciones. 

La más obvia es inflarla en las encuestas. Maki no levanta. Su tercer lugar en la elección de 2024 la ubicó en la realidad. 

Por eso cada año lanza su candidatura.

El 30 de agosto de 2025, Arturo Escobar hizo el primer destape. El coordinador nacional del Verde vino a Reynosa para iniciar con los actos anticipados de campaña. 

Hace 10 días, también en la ciudad fronteriza, fue la dirigente nacional Karen Castrejón quien la candidateó. La segunda vez en menos de un año. 

Pero como pasa con los refrescos sin corcholata, una vez destapados se van quedando sin gas. 

Otra función de estos destapes desangelados es presionar para la negociación de diputaciones federales y alcaldías para 2027. 

Por eso ‘La Borrega’ y ‘Makito’ soltaron la lengua. No son casos aislados. Son parte de la traición. 

Lo que olvidan los verdes de Eugenio es que para tener lengua larga hay que tener la cola corta. Y en ambos casos la revisión de sus cuentas públicas deja mucho que desear.  

El paso de Mario López por Matamoros arrastra observaciones financieras que no se borran con discursos, mientras que en Reynosa, las auditorías al feudo familiar de los Peña Ortiz siguen siendo una bomba de tiempo que la Auditoría Superior mantiene bajo reserva.

La tercera función de estos ataques se juega en el escenario nacional. Eugenio y el Partido Verde buscan debilitar a Morena para llevar mano en las gubernaturas. 

Y lo hacen, según sus cálculos, cuando Morena tiene varios frentes abiertos. 

Su apuesta es convertirse en problema, no en solución. 

Eugenio y Maki son de la escuela calderonista; por eso se entienden tan bien. 

Ambos florecieron a la sombra de los acuerdos cupulares del sexenio de Felipe Calderón y hoy intentan replicar ese mismo cinismo bajo las siglas del tucán.

Su chapulineo y sus candidaturas en la coalición no se explican sin la figura de Mario Delgado. 

Pero Delgado ya no está en el partido. Hoy manda Sheinbaum.

La soberbia de Eugenio y de los Verdes es pensar que son más fuertes que la presidenta. 

Morena no ha cedido a su chantaje, por eso los ‘ecologistas’ intensificaron el golpeteo. 

El ejemplo más reciente es el bulo sembrado en medios que asegura que la embajada norteamericana envió una supuesta advertencia al Partido Verde. 

La versión es inverosímil. Resulta ridículo pensar que el Departamento de Estado de los Estados Unidos sostendría una comunicación institucional o una deferencia diplomática con un partido cuyo secretario de Operación Política es, formalmente, un prófugo de la justicia estadounidense. 

Construir esa narrativa sin mencionar el expediente criminal de Eugenio Hernández es un auténtico cuento de hadas.

En su desesperación por ganar inmunidad y candidaturas, el Verde está dispuesto a dinamitar sus propias alianzas. 

Olvidan que en el diseño político actual no se toleran los chantajes ni las agendas personales. Hoy manda Sheinbaum. Atacar a Morena es atacarla a ella.

Pues eso.