Gattás se estrella con la realidad.

La destrucción de Victoria es innegable. Este viernes, la Comisión de Vigilancia del Congreso le dio la razón a la Auditoría Superior del Estado y también a los 398 mil victorenses que diariamente la padecen. 

Los diputados no solo rechazaron los informes de ingresos y egresos del Ayuntamiento de Victoria y de la Comapa de 2024, también reprobaron el informe del DIF municipal. 

Y todavía hubo más. 

La Comisión también respaldó los dictámenes negativos de desempeño en dos áreas básicas de cualquier municipio: Servicios Públicos y Ayudas Sociales.  

No es un detalle menor. Son dos evaluaciones distintas.

En el caso del Ayuntamiento, la Comapa y el DIF Victoria estamos hablando de auditorías financieras. 

En la evaluación de servicios públicos y ayudas sociales, se trata de auditorías de desempeño. 

La auditoría financiera pregunta: ¿en qué se gastó?, ¿está comprobado? La auditoría de desempeño pregunta: ¿sirvió lo que se hizo?, ¿se cumplieron las metas?, ¿dio resultados?, ¿fue eficiente? 

Al final, lo que encontró la Auditoría Superior y lo que revisaron los diputados es la misma realidad que padecemos quienes vivimos en esta ciudad todos los días. 

La respuesta de Gattás ha sido el silencio. El alcalde no tiene argumentos para desmentir su fracaso. 

Tampoco para explicar las irregularidades financieras. Ni para justificar su incapacidad de operar los programas sociales para los más necesitados. 

En lugar de eso, Gattás ha elegido la confrontación. Una postura que lo exhibe como un oportunista dispuesto a todo, incluso a traicionar y atacar a su partido para alcanzar sus intereses personales. 

Eso fue lo que ocurrió con la destitución del director operativo de Tránsito. Se trató de un berrinche que evidenció su hipocresía. 

Gattás justificó el cese con supuestas denuncias de irregularidades. Denuncias que hasta ahora no se han presentado públicamente.

Si tanto le importa la legalidad al alcalde, que explique a los victorenses por qué siguen pagando unos parquímetros irregulares que no cuentan con un contrato vigente. 

Y sobre todo, que diga adónde va a parar el dinero que le corresponde al municipio.  

Más silencio. 

Acorralado, Gattás ha intentado salir a la calle para disimular el tufo a corrupción. Más de mil 700 millones de pesos con irregularidades detectadas por la ASE en apenas tres años… y contando. 

Pero ni sus baños de pueblo le alcanzan. 

Después de cuatro años de gobierno, se dio cuenta de que Victoria no tiene agua. Su respuesta fue subirse de copiloto a una pipa para surtir en las colonias. El operativo especial duró un día. 

Hizo lo mismo con la recolección de basura. Se apareció en un punto de la ruta del Barrio de Pajaritos para ver a los trabajadores recoger los desechos en una camioneta de estaquitas. 

Son poses para una foto. Para seguir simulando. 

El colmo ocurrió el sábado. Hizo un evento en el patinadero del estadio para repartir útiles escolares a nombre del DIF Victoria. 

Útiles y mochilas que fueron donados por empresas y asociaciones civiles. Él fue a pararse el cuello y hacer campaña. 

Quiso enseñar músculo con niños que no votan, montado sobre la estructura política de Morena. El chiste se cuenta solo. 

Gattás, aficionado a la velocidad, está jugando el juego de la gallinita. Ese donde dos vehículos arrancan de puntos contrarios a gran velocidad para impactarse de frente. El juego lo pierde el que se desvíe primero o quien no soporte el choque. 

El primer problema de Gattás es que va manejando un triciclo y la realidad es un camión de carga pesada. 

El segundo problema, como ya lo demostraron la Auditoría y el Congreso, es que la realidad no se detiene ante nadie. 

Pues eso.