Dámaso Anaya lleva a sus estudiantes a pisar los escenarios donde se juega su futuro profesional.
El rector de la UAT acompañó a un grupo de universitarios de Derecho a una jornada académica en la Suprema Corte de Justicia de la Nación, donde el ministro Irving Espinosa Betanzo los recibió y les ofreció una perspectiva directa sobre las deliberaciones que definen el rumbo constitucional del país.
Que un estudiante de provincia escuche de primera mano cómo se construyen los criterios que después va a citar en cualquier tribunal del país no es un detalle protocolario: es la diferencia entre estudiar la Constitución en un libro o verla discutirse en tiempo real por quienes la interpretan.
La visita vincula el conocimiento teórico con la práctica y les permite observar el funcionamiento de la estructura judicial desde adentro.
Para una carrera como Derecho, donde el precedente y el criterio pesan tanto como la ley escrita, esa exposición temprana vale más que varios semestres de aula.
Es también una apuesta institucional por el respeto al Estado de Derecho, algo que ninguna materia curricular enseña con la misma contundencia que ver funcionar la institución que lo garantiza.
La misma lógica opera, con otro lenguaje, en la zona norte del estado. La UAT articula a la industria privada, al Gobierno de Tamaulipas y a la academia para fortalecer los clústeres regionales en los sectores automotriz y eléctrico-electrónico.
Las sedes de Reynosa-Rodhe y Río Bravo forman profesionistas para autopartes, automatización, diseño, ensamble y cadenas globales de suministro, justo en la franja del país donde esa industria concentra más inversión extranjera.
El capital que sostiene esa alianza no es la infraestructura, aunque ayude: es la plantilla de catedráticos del Sistema Nacional de Investigadores, que aporta rigor científico e investigación aplicada a problemas reales de manufactura y logística.
Alinear la oferta académica con las necesidades del mercado transfronterizo no es una frase de folleto institucional, es la razón por la que una planta automotriz decide instalarse en Tamaulipas y no en otro estado de la frontera: sabe que va a encontrar ahí el talento que necesita, ya formado.
Esa alineación también sostiene los posgrados en innovación y desarrollo global que la UAT ofrece, pensados para que el talento multidisciplinario de la Universidad resuelva los problemas concretos de las plantas que ya operan en la frontera norte, no los de un mercado laboral hipotético.
Entre un ministro de la Corte y un ingeniero de planta automotriz hay más en común de lo que parece. Los dos representan el mismo principio que Dámaso Anaya repite en cada estrategia institucional: la universidad no forma profesionistas para un examen, los forma para un empleo concreto, con nombre de empresa o de institución.
El estudiante de Derecho que camina por los pasillos de la Suprema Corte y el egresado de ingeniería que resuelve un problema de automatización comparten la misma ventaja, la de haber tocado su futuro laboral antes de graduarse.
La UAT entendió que el aula sola ya no alcanza. Con Dámaso Anaya al frente, la universidad saca a sus estudiantes de las cuatro paredes del salón y los pone a caminar, literalmente, por los espacios donde van a trabajar.
Pues eso.