El Teatro Universitario se llenó de togas pequeñas y diplomas de inglés y francés.
El Centro de Idiomas para la Niñez y la Adolescencia de la UAT, el CeINA, celebró su ceremonia de graduación y entrega de certificaciones TOEFL del periodo Primavera 2026-1, y el resultado confirma una política que el rector Dámaso Anaya Alvarado ha sostenido desde el inicio de su gestión: la formación de idiomas no es un lujo extracurricular, es una herramienta de movilidad social.
Encabezaron el acto la presidenta de Familia UAT, Isolda Rendón de Anaya, y la directora del CeINA, Edith Maldonado Díaz, frente a un auditorio de padres y madres de familia que constataron con sus propios ojos el trabajo pedagógico del centro.
Ese detalle importa: cuando una institución abre sus puertas para que las familias vean el resultado, no solo el discurso, está apostando por la evidencia sobre la promesa.
Se entregaron medallas a los primeros lugares de aprovechamiento entre una matrícula de más de cien grupos, distribuidos en los niveles Kinder, Kids, Juniors y francés.
Cuarenta y uno de esos estudiantes recibieron la certificación TOEFL, respaldada por el Consejo de Acreditación de la Comunicación y las Ciencias Sociales.
Que niñas y niños de Tamaulipas obtengan una certificación reconocida a nivel mundial antes de terminar la educación básica no es un detalle protocolario: es la diferencia entre competir por una beca internacional o quedar fuera de esa conversación por no tener el papel adecuado.
Egresaron 26 estudiantes de inglés y 5 de francés, y varios de ellos demostraron en sus propios discursos de agradecimiento el dominio que adquirieron.
El CeINA también reconoció a las familias que llevan más de diez años consecutivos confiando la educación de sus hijos a las aulas universitarias. Esa lealtad no se compra con publicidad: se gana clase tras clase, generación tras generación, cuando los resultados sostienen la confianza inicial.
La directora Edith Maldonado Díaz atribuyó el impulso a la administración de Dámaso Anaya, y a la dirección humanista de Isolda Rendón al frente de Familia UAT.
La distinción es clara: uno pone la política institucional que garantiza calidad y estándares globales, la otra construye el vínculo que convierte esa política en un proyecto que transforma hogares completos, no solo boletas de calificaciones.
Detrás de las medallas hay una apuesta más grande. Un niño que domina un segundo o tercer idioma antes de los doce años entra a la adolescencia con una ventaja competitiva que ninguna otra materia escolar le da con esa rapidez.
La UAT, al meterse en la formación de la niñez tamaulipeca desde edades tempranas, no solo educa: siembra capital humano con dos o tres décadas de anticipación.
Y lo hace, además, con acompañamiento institucional: el director general de Familia UAT, Julio César Chávez Galván, y las titulares de los centros de atención y desarrollo infantil de la Universidad estuvieron presentes, prueba de que este esfuerzo no depende de una sola área, sino de una estructura completa dedicada a la niñez.
La UAT que entendió que la calidad educativa no empieza en la licenciatura, empieza en el kínder. Con Dámaso Anaya al frente, la universidad construye desde la infancia el futuro competitivo de Tamaulipas.
Pues eso.