CE Research ubica a Dámaso Anaya entre los rectores mejor evaluados del país.
No es un elogio local ni una cortesía de evento: es un ranking semestral aplicado a 33 titulares de universidades públicas, con variables claras sobre la mesa: desempeño, liderazgo, ampliación de matrícula, oferta académica y manejo de recursos.
Y en ese mapa, el rector de la UAT aparece compartiendo los primeros puestos con gigantes como la UNAM, el IPN, la BUAP y la UdeG. No para compararnos por vanidad, sino para dimensionar el mensaje: la Universidad Autónoma de Tamaulipas ya está jugando en otra conversación.
Los datos son específicos. Séptimo lugar nacional en Desempeño con 55 puntos de aprobación.
Séptimo en Oferta Académica con 70%.
Cuarto lugar en Presencia y Comunicación Institucional con 72%.
Y en Manejo de Recursos Públicos, 47% con una tendencia de mejora.
También hay rubros que marcan pendientes —Honorabilidad y Entorno de los Espacios Universitarios—, lo cual, lejos de debilitar el retrato, lo hace más creíble: no es un boletín perfecto, es una evaluación que reconoce avances y señala terreno por recorrer.
La pregunta de fondo no es “qué lugar obtuvo”, sino por qué lo obtuvo. Y ahí es donde la ruta de la rectoría se vuelve visible: la aprobación no parece venir de un discurso bien peinado, sino de una agenda que toca formación, ciencia, infraestructura, comunidad y vínculo social.
Un ejemplo es la prioridad que la UAT se ha trazado para 2026: consolidar el posgrado.
Esto no es un capricho elitista, es estrategia de desarrollo. Cinco nuevos programas arrancarán en agosto: Doctorado en Ingeniería Industrial, Maestría en Ingeniería en Negocios, Especialidad en Topografía y Geomática, Maestría en Inteligencia Logística y Gestión Sustentable de las Cadenas de Suministro, y Especialidad en Psicología Forense.
Basta ver los nombres para entender el enfoque: industria, territorio, logística, justicia, capacidades técnicas donde Tamaulipas necesita competir y resolver.
A eso se suma la actualización de ocho posgrados ya consolidados en áreas como ciencias biomédicas, computación, alimentos, análisis clínicos, administración industrial, construcción e ingeniería portuaria.
La universidad que no actualiza se convierte en archivo. Y la universidad pública está para producir conocimiento útil, no nostalgia académica.
El resultado más sólido de esa ruta es que 41 programas de la UAT fueron incorporados al Sistema Nacional de Posgrados en la Convocatoria 2025 de la SECIHTI.
Esto abre puertas a becas, investigación, movilidad y reconocimiento externo. Es decir: no es “yo digo que soy calidad”, es “aquí está el sistema nacional validándolo”.
En paralelo, la UAT ha insistido en algo que muchas instituciones olvidan cuando se sienten en ascenso: que la universidad también es entorno de vida, salud y cohesión.
Las jornadas de vacunación en Reynosa, en coordinación con la Secretaría de Salud, ampliaron el acceso preventivo para estudiantes, docentes, trabajadores y sus familias, con cerca de 867 vacunas aplicadas en un solo día contra tétanos, neumococo, influenza y sarampión.
Eso es responsabilidad social sin discurso: prevención concreta, confianza comunitaria y coordinación que funciona.
Y para que la universidad no sea solo rendimiento y estrés, también están los espacios de convivencia que construyen identidad.
La Gran Rodada UAT 10K reunió a más de 300 ciclistas en una jornada que refuerza amistad, compañerismo y sentido de equipo.
Parece pequeño, pero no lo es: las instituciones fuertes no solo forman profesionistas; forman comunidad.
La foto completa es ésta: la evaluación nacional funciona como espejo de una estrategia. Una rectoría que empuja oferta académica, fortalece posgrados, mejora condiciones para investigación y movilidad, mueve acciones de salud pública y sostiene vida universitaria con actividades que cohesionan.
Por eso la UAT se ve más, se siente más y también se reconoce más.
Los rankings ayudan para saber en donde estamos y situarnos en la realidad.
En este caso el diagnóstico es claro: la UAT tiene más calidad, más pertinencia y más impacto social.
Por eso el rector Dámaso Anaya está evaluado entre los mejores de México.
Pues eso.