Cuando se agota la impunidad

Gattás se creía intocable. Su condena como agresor de mujeres le recordó que no lo es. 

La inhabilitación como futuro candidato es apenas el inicio de los procesos legales que le esperan.

Sigue sin aclarar el destino de 400 millones de pesos federales y miles de millones señalados por la Auditoría Superior del Estado.

Su verdadero problema no es la boleta electoral, sino la cárcel. 

De ahí la urgencia de impulsar candidatos bajo su control como fichas de negociación. Primero apostó por sus familiares, pero MORENA cerró la puerta al nepotismo. Luego promovió a Hugo Reséndez, pero su secretario también fue condenado como agresor. 

Buscó a Ricardo Monreal en la Ciudad de México para pedir ayuda, pero Monreal no es barato ni omnipotente. 
Todas estas soluciones apuntan en la misma dirección: son salidas políticas. No legales. Cuando las ilegalidades son contundentes, para Gattás la ley deja de ser una opción. 

Así se explica su acercamiento con el Partido Verde y con Movimiento Ciudadano. Lejos de corregir, prefiere asumirse como oposición, atacando a MORENA y a sus funcionarios para salvar el pellejo. 

No es un patrón nuevo. Así gobierna Gattás. Durante años se apropió del trabajo ajeno y dejó que los victorenses y MORENA pagaran la cuenta de sus abusos. 

Hasta ahora. La sentencia del IETAM fue muy clara: no más impunidad. 

El veredicto ha noqueado a Gattás, de ahí su silencio. No tiene argumentos ni manera de defenderse. 

Lo que sí ha aparecido en redes sociales son páginas anónimas que atacan a las autoridades e intentan defender al alcalde. No con argumentos, sino con insultos y amenazas. 

Es el mismo modus operandi de tantas veces; tirar la piedra y esconder la mano, disfrazarse de víctima tras haber sido el victimario.

No se esperaba otra cosa. Solo confirma lo que nos ha traído hasta aquí. 

Hay algo que no debe perderse de vista en medio de esta nueva crisis del alcalde: el estado de la ciudad.
Ciudad Victoria está hoy en abandono municipal. Gattás y compañía están más ocupados en sus problemas legales que en gobernar. 

Las revelaciones del gasto presupuestal de 2025 son alarmantes. De 135 millones recibidos por ingresos extraordinarios, 41 millones se destinaron a compensaciones y 18 millones más en gasto de imagen. 

De algún lado tienen que pagarse las campañas de lodo. La ciudad acumula carencias: bacheo, alumbrado, recolección de basura, fugas, falta de agua, obras públicas, desempleo, programas sociales. 

Ese es el costo de oportunidad. Mientras Gattás se defiende y financia su estrategia política, la capital se deteriora. 

Con los recursos extraordinarios del presupuesto, Gattás pudo incrementar la partida de obras públicas. En cambio, la recortó en 48 millones de pesos. Eso significó que al menos siete obras no se construyeran por falta de recursos.

No hay manera más clara de decirlo: la prioridad de Gattás es su impunidad. Por eso abandonó al pueblo y por eso enfrenta a las autoridades. 

Lo hace solo. Sin el respaldo ciudadano, sin la razón ni la ley. Sus aliados políticos ya lo ven como un lastre y marcan distancia para no ser arrastrados por él. 

Su destino es la cárcel, no la boleta electoral.

El tiempo se agota. 

Pues eso.