Crisis financiera en la alcaldía



 

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La caída del 65 por ciento en recaudación del impuesto predial que sufrió el Ayuntamiento de Victoria en abril pasado, es el primer síntoma grave de la crisis financiera que está por estallar en el gobierno municipal. 

Y es que si bien, los ingresos propios apenas representan el 16 por ciento del presupuesto de ingresos de la capital del estado, el 84 por ciento restante proviene de las participaciones y aportaciones federales, así como las transferencias estatales. 

Sobra decir que en ese renglón el panorama es peor que lo que ocurre con la recaudación del impuesto predial. 

Basta recordar las protestas de los alcaldes el año pasado, previo a la aprobación del Presupuesto de Egresos de la Federación 2020, donde el Ramo 33 se vio considerablemente afectado. 

Ahora, además de los caprichos del Presidente de la República, habrá que sumarle una caída en los ingresos federales a causa de la crisis económica (menos IVA, ISR y IEPS), así como la disminución de los ingresos petroleros. 

Por lo que la reducción presupuestal para el Ayuntamiento de Victoria se espera en el orden del 20 al 25 por ciento de los ingresos municipales. 

Pero no crea que esto será hasta 2021, la propia caída en la recaudación predial ocurrida en abril nos adelanta que los tres trimestres que restan del año serán muy complicados en materia económica. 

Para sortear la crisis, las autoridades municipales tienen tres alternativas: apretarse el cinturón, contratar deuda y gastar de manera eficiente. 

Sin embargo, cualquier ama de casa le puede garantizar que de nada sirven las dos primeras sino se sabe gastar de manera adecuada lo mucho o poco que se tiene. 

Y ese es el problema más grande de la actual administración, que puede resumirse en una sola palabra: corrupción. 

Porque ante tal voracidad de Xico y compañía, no hay disciplina financiera que valga. 

Esa corrupción no hay forma de esconderla, pues se refleja directamente en las calles y colonias de nuestra ciudad. 

La falta de agua, las montañas de basura, la falta de alumbrado, el desempleo, la crisis de salud. Todo esto es consecuencia de hacer mal uso de los recursos municipales.

Esta claro que esto no le importa en lo más mínimo al alcalde. El pequeño problema para Xico es que el próximo año hay elecciones. 

Y olvide usted el tema de si la reelección de Xico todavía es posible o no. Porque además de la renovación de alcaldías, se elegirán diputaciones locales y diputaciones federales. 

Lo que significa que la elección local es la antesala de la sucesión por la gubernatura, mientras que la elección federal representa la oportunidad de arrebatarle la mayoría al partido del Presidente.

Así que como puede ver, no es cosa pequeña. Por lo que ninguna fuerza política se puede dar el lujo de respaldar un proyecto fallido como el que encabeza Xico, cuando lo que está en juego es el futuro de la vida política de Tamaulipas y de México. 

Qué opciones le quedan entonces a Xico para enfrentar la crisis económica de la capital del estado. 

Apretarse el cinturón en el gasto corriente es mera publicidad, para que funcione se necesita reducir el mayor de los gastos fijos, y esos son los sueldos y salarios, cosa que no puede hacer el alcalde por el calendario electoral. 

La siguiente alternativa es la contratación de deuda, a lo que se verá obligado ante el grave deterioro de las finanzas municipales, lo que dejará un muy mal precedente para sus aspiraciones electorales. 

Y por último está eso de gastar de forma eficiente, lo que ya demostró que no sabe hacer, además que eso interfiere con sus negocios personales y el enriquecimiento familiar. 

Lo que significa que todos los problemas que hoy padece la ciudad se irán incrementando: el desempleo, la inseguridad, la falta de agua, la acumulación basura, el alumbrado, la falta de apoyos sociales y lo que le guste agregar. 

Xico es una papa caliente de la que nadie se quiere hacer responsable, por lo que más temprano que tarde desaparecerán las manos que lo sostienen y terminará estrellado en el piso. 

Ojalá que Victoria no corra con la misma suerte. 

Pues eso.