¿Cómo murieron Miguel Hidalgo y los héroes que iniciaron la Independencia de México?

Hay varios mitos sobre cómo murieron los personajes que participaron en la independencia de México, iniciada con el Grito de Dolores, pero los historiadores se han encargado de investigarlos

Reconocidos por la historia como héroes, pero juzgados como traidores en la época, así fueron las muertes de muchos de los hoy reconocidos como padres de la patria mexicana. Estas figuras que participaron en la gestación de la Independencia de México son estudiadas a diario en las escuelas; sin embargo, el final de las vidas de personajes como Miguel Hidalgo es algo poco abordado y que diversos historiadores han buscado dar conocer a través de sus libros.

La narrativa nacional ha sido escrita bajo la óptica de los vencedores y tras mucha investigación no se han podido determinar una cantidad importante de hechos sobre la mayoría de las épocas de México. Sin embargo, hay algunos expertos que han logrado seguir la huella de lo ocurrido con las personas que dieron su vida para deslindarse del poder ejercido por la corona española. 

Si bien las motivaciones de estos líderes rebeldes no estaba unificada en crear una nación independiente, muchos de ellos compartieron el ideal de darle a las generaciones futuras un nuevo camino para poder seguir desarrollándose. A continuación, la poco conocida historia de cómo murió uno de los mayores líderes de la Independencia. 

Ignacio Allende, Juan Aldama, José Mariano Jiménez y Mariano Abasolo

Unos meses después de iniciada la revuelta por el Grito de Dolores, los independentistas se enfrentaron a las fuerzas a favor del gobierno español en la Batalla del Puente de Calderón, un conflicto armado ocurrido en Guadalajara. Tras quedarse sin munición, las fuerzas rebeldes tuvieron que huir. 

La situación llevó a que Hidalgo y a Ignacio Allende, quienes eran considerados dos de los cabecillas más importantes del movimiento insurgente, entraran en conflicto. Al final, se degradó al cura y se decidió marchar hacia Estados Unidos a fin de lograr obtener más municiones a fin de poder seguir en la lucha.

No obstante, durante el trayecto Allende recibió una carta de Ignacio Elizondo, un combatiente del lado rebelde que en verdad era un espía del bando español. El hombre ofreció al militar detener su marcha para descansar entre la frontera de Coahuila y Texas. En este punto, aseguró, sus tropas estarían seguras. 

Sin embargo, todo fue una trampa. Pese a que los insurrectos intentaron defenderse, fueron aprehendidos y llevados por varios estados hasta llegar a Chihuahua. todos fueron juzgados como traidores a la patria y fueron sentenciados a morir el 26 de junio de 1811. 

Ignacio Allende, Juan Aldama, Mariano Jiménez y Mariano Abasolo fueron fusilados por la espalda. El cuerpo de todos ellos fueron decapitados. Sus cabezas fueron colgadas en jaulas en la Alhóndiga de Granaditas como una advertencia a las personas que habían dado el Grito de Independencia junto al cura en este punto. Esta parte del cuerpo de los independentistas fueron dejadas en este recinto durante 10 años. 

Miguel Hidalgo

Al cura se le informó sobre la ejecución el mismo día; sin embargo, la fecha para hacer lo mismo con él se tuvo que reprogramar, debido a que tenía fuero eclesiástico y no era posible juzgarlo como a un civil. 

Hubo dos procesos contra el cura, el primero de ellos por parte del Tribunal de la Inquisición, quien ya tenía una queja en contra del religioso que se había hecho en 1800 por parte del fray Joaquín Huesca, quien había acusado a su colega de hereje. Este señalamiento fue reabierto en 1810 para agilizar el trámite que finalmente le quitó el cargo. 

Durante el primer juicio, Hidalgo dijo que su inclinación por la lucha armada no estaba fundamentada por la religión y aseguró que durante todo el proceso nunca ofició alguna misa. La único que aceptó fue que llevaba con él un estandarte de la Virgen de Guadalupe. 

En el segundo de los procesos se le declaró culpable de los mismos delitos que a Allende y compañía, por lo que se le dio la fecha del 30 de julio de 1811 como el último de sus días. En el lugar que ahora es el Palacio de Gobierno del gobierno de Chihuahua, el exclérigo pidió que no le venderan los ojos o le dispararan por la espalda como a los demás.

A cambio solicitó que le dieran en la mano derecha, la cual colocó sobre su corazón. La primera carga no fue suficiente y los soldados tuvieron que darle de nueva cuenta sobre el corazón. Uno de los presentes se dirigió hasta el cuerpo y lo decapitó. 

¿Qué pasó con sus restos?

No fue hasta 1821, después de la consumación de la lucha por la Independencia que Anastasio Bustamante pidió que se trajeran los restos de los fusilados hasta la Ciudad de México, donde fueron enterrados en el Altar de los Reyes, en la Catedral Metropolitana, donde fueron sepultados con honores. 

Tras 115 años, fueron movidos a la Columna de la Independencia, donde se dijo que fueron enterrados. No fue sino hasta el 2013 que el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) realizó un estudio sobre los restos de los héroes de la patria. Los resultados de esto fueron desconocidos, aunque de manera oficial, se dijo que no había duda de la autenticidad de los huesos. 

Sin embargo, dos años después, gracias a una solicitud de información se dieron a conocer las verdaderas conclusiones de estos estudios habían determinado que los restos que se pensaban eran de Hidalgo, Morelos, Allende y Aldama eran varios huesos de hombres adultos y de niños de entre cero y seis años de edad. 

Hasta el momento ningún gobierno de México ha dado una postura sobre esto, por lo que se prevé que jamás se sepa lo que ocurrió con los cuerpos de las personas que le dieron su patria a los habitantes de la República y que son festejados año con año en el Zócalo capitalino. 

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