Un rector que no se detiene

1. El país ya lo mide, y los números hablan.

No es autoelogio institucional ni propaganda universitaria: es una encuestadora externa, CE Research, la que ubicó a Dámaso Anaya Alvarado entre los rectores mejor evaluados de México en el Ranking Semestral de Rectores, que mide a 33 titulares de universidades públicas del país. 

El rector de la UAT aparece en el séptimo lugar nacional en Desempeño y en Oferta Académica, y en el cuarto lugar en Presencia y Comunicación Institucional, con 72% de aprobación, compartiendo el bloque de los mejor posicionados con los titulares de la UNAM, el IPN, la BUAP y la UdeG. 

Que la UAT figure en esa lista no es un accidente: es el resultado acumulado de una gestión que ha apostado por la ampliación de matrícula, el fortalecimiento académico y la proyección institucional más allá de las fronteras de Tamaulipas. 

Los números tienen áreas de oportunidad, sí —honorabilidad y entorno de espacios universitarios son los rubros donde queda camino por recorrer—, pero la tendencia es ascendente, y eso en política universitaria lo es todo.

2. El posgrado como apuesta estratégica.

Una universidad que no investiga envejece. Esa parece ser la convicción que guía la decisión del rector de declarar 2026 como el año prioritario para la consolidación del posgrado en la UAT. 

No es una declaración vacía: viene acompañada de cinco nuevos programas aprobados que iniciarán en agosto, entre ellos un Doctorado en Ingeniería Industrial, una Maestría en Inteligencia Logística y Gestión Sustentable de las Cadenas de Suministro y una Especialidad en Psicología Forense, además de la actualización de ocho programas ya existentes en áreas estratégicas. 

A eso se suma que 41 posgrados de la UAT fueron incorporados al Sistema Nacional de Posgrados de la SECIHTI en la Convocatoria 2025, lo que abre la puerta a becas, investigación y movilidad académica para sus estudiantes. 

Anaya no solo administra la universidad que recibió: la está transformando en una institución con mayor capacidad de generación de conocimiento y con incidencia real en el desarrollo regional.

3. Certificar para competir: los docentes también van al frente.

La apuesta por las microcredenciales internacionales, que la semana pasada se presentó ante estudiantes, esta semana llegó al corazón de la planta académica. 

El rector presidió personalmente la sesión informativa del Ecosistema Microcredenciales UAT 2026 dirigida a docentes, con una meta que no deja lugar a medias tintas: que el 100% del profesorado acceda a certificaciones internacionales. 

De las veinte mil microcredenciales adquiridas mediante una alianza con Pearson VUE —gestionada directamente por Anaya—, dos mil setecientas están destinadas a docentes. 

No es un programa de capacitación más: es una reconfiguración del perfil académico de la Universidad, alineada con las exigencias del mercado global y con beneficios concretos para quienes participen, desde el Programa de Estímulos al Desempeño hasta el fortalecimiento de los Cuerpos Académicos. 

Una universidad que certifica a sus maestros con estándares mundiales está apostando, en serio, por la calidad desde adentro.

4. Lalo Sagastegui: el universitario que conquistó el país.

Entre los datos duros de rankings y posgrados, esta semana también hubo una historia humana que vale la pena contar. Eduardo Sagastegui Becerra, estudiante de la UAT, se coronó campeón nacional de judo al obtener medalla de oro en las categorías Junior y Senior durante el Torneo Nacional "Tomoyoshi Yamaguchi" 2026, celebrado en Tlaxcala. 

Doble campeón nacional, clasificado para los Juegos Nacionales CONADE 2026, y con la claridad de agradecer públicamente a su universidad y a su rector por el respaldo que hizo posible su trayectoria. 

Ese gesto —el de un atleta que levanta medallas "con los colores de su casa en el corazón"— no es un detalle menor: es el síntoma de una institución que cuida a sus estudiantes más allá del aula y que entiende la formación integral como algo que se practica, no solo como algo que se declara.

5. Una cancha de softbol y una idea de universidad.

La semana cerró con la inauguración del Parque de Softbol Universitario en el Campus Victoria, un espacio que arrancó de inmediato con torneos en los que participan 255 deportistas —doce equipos de la UAT y cinco escuadras invitadas— entre funcionarios, maestros y empleados. 

Podría parecer un evento menor en la agenda de un rector. No lo es. 

La infraestructura deportiva es uno de los indicadores más honestos de lo que una institución piensa de sí misma: una universidad que invierte en canchas, albercas y campos está diciendo que la salud, la convivencia y la identidad colectiva también son parte de su misión. 

"Hoy abrimos un espacio para la convivencia, para la salud, para la unidad y para el fortalecimiento de nuestra identidad como universidad", dijo Anaya en la inauguración. 

Una frase que, vista en el contexto de todo lo que ocurrió esta semana, no suena a discurso. Suena a programa de gobierno.