Pueblo a secas

La palabra pueblo tiene varios significados. Puede referirse a un conjunto de personas de un lugar, región o país (ej: el pueblo de México); a una pequeña población (ej: el pueblo de Mazamitla ); a los fieles de una religión (ej: el pueblo judío); o a la gente común y humilde, es decir, el pueblo a secas.

Esta última acepción, la del pueblo a secas, en la que sólo caben los pobres, es antidemocrática. Todos los ciudadanos de este país, sin importar si somos "comunes y humildes" o de supuesta "alcurnia", somos mexicanos y por lo tanto pertenecemos al pueblo de México, a ese que manda, a ese que pone y quita gobernantes, a ese que todos le juran lealtad. Es equivocado y ofensivo suponer o siquiera sugerir que la única manera de ser y pertenecer al pueblo es siendo pobre.

Imaginemos que AMLO y la 4T cumplen la razón de su existencia política y triunfo electoral, la promesa fundamental de acabar con la pobreza (lo cual para bien de todos deseo sinceramente que ocurra). Imaginemos que gracias a la educación de calidad y al trabajo honesto en empleos bien remunerados creados por el gobierno de la 4T, en la próxima década, cuarenta millones de mexicanos salen de la pobreza extrema. 

¿Cuál sería el discurso de AMLO y sus seguidores? ¿El otrora pueblo pobre habrá dejado de ser pueblo y pasado a formar parte de la masa privilegiada que lucha por mantener su estado de bienestar? ¿La 4T no tendrá más razón de ser y la masa de votantes de Morena se reducirá a los pocos pobres que aún queden? Lo único que pasaría es que habrán hecho realidad el dicho revolucionario que varias veces y por diferentes motivos he comentado en este espacio, y que dice: "contra los ricos hasta que nos igualemos, y una vez igualados, a defendernos". Es curioso, pero el objetivo de la 4T es transformar al pueblo pobre que defienden, en el pueblo rico que atacan. 

Cuando leí el discurso que el presidente del Banco Mundial, Jim Yong Kim, pronunció en la Universidad de Georgetown en relación con la importancia de las reuniones del Banco Mundial con el Fondo Monetario Internacional (FMI) noté que, salvo por la calidad del lenguaje utilizado y la claridad de métodos, el mensaje de los discursos de campaña y las declaraciones del hoy Presidente de México es el mismo. 

Esto es lo que Jim Yong dijo, y como verán bien pudo haberlo dicho AMLO: "Existen crecientes pruebas de que avanzamos en la dirección correcta (vamos requetebién). Pero este esfuerzo aún requiere mucho más trabajo. En los próximos años se hablará mucho de crisis económica y estrategias para restablecer la confianza, impulsar el crecimiento y crear empleo () Nos encontramos ante una oportunidad histórica. El fin de la pobreza absoluta. Un sueño que ha atraído e impulsado a la humanidad durante siglos, está ahora a nuestro alcance".

Las diferencias no están en el discurso ni en los objetivos, sino en los métodos. Mientras el Banco Mundial y el FMI basan la posibilidad de acabar con la pobreza mundial en el crecimiento del sector privado, respaldado por una mejor gestión pública económica, AMLO pretende acabarla al revés: con el crecimiento económico del sector público respaldado por una gestión privada.

Es importante mencionar que en los países desarrollados la pobreza extrema está erradicada.

Según el Banco Mundial, el mundo puede terminar con la pobreza extrema antes del final de 2030. Parecería que Jim Yong es AMLO cuando dice que "para cumplir con este plazo será necesario un crecimiento fuerte y estable en todo el mundo en desarrollo. Se requerirán políticas para aumentar la inclusión y evitar incrementos de la desigualdad y garantizar que el crecimiento se traduzca en una reducción de la pobreza, principalmente a través de la creación de empleo. Serán necesarias transformaciones en los Estados frágiles, en los que habita una mayor proporción de los pobres del mundo".

No hay duda de que los objetivos son comunes. Y para lograrlos México debe emular los casos de éxito y evitar repetir los errores políticos y económicos que han llevado a la ruina a países enteros.

No hay fórmulas mágicas para erradicar la pobreza, pero hay formas certeras para mantenerla o incrementarla, y una de ellas es debilitar la confianza y ahuyentar la inversión del sector privado.