Merecido reconocimiento al SUTUAT

de que un estudiante llegue a clases, alguien tuvo que abrir el edificio. Revisar las instalaciones, preparar los espacios, atender las oficinas y poner en marcha los servicios que permiten funcionar a una universidad.

Ese trabajo ocurre todos los días. Muchas veces pasa inadvertido. Sin embargo, una institución del tamaño de la Universidad Autónoma de Tamaulipas depende de cientos de personas que sostienen su operación desde distintas áreas.

Por eso tiene especial significado el reconocimiento que el rector Dámaso Anaya Alvarado hizo a los trabajadores universitarios durante la celebración del 53 aniversario del Sindicato Único de Trabajadores de la UAT.

La ceremonia permitió recordar una parte fundamental de la historia de la máxima casa de estudios: la que han construido generaciones de empleados administrativos, personal de servicios, trabajadores de mantenimiento y colaboradores que conocen sus facultades y dependencias desde hace décadas.

El SUTUAT reúne a 2 mil 573 personas, entre trabajadores de base, eventuales y jubilados. Detrás de esa cifra hay historias de esfuerzo, familias que han encontrado estabilidad en el trabajo universitario y personas que han dedicado buena parte de su vida a mantener funcionando la institución.

Algunos llevan 15 años de servicio. Otros han cumplido 20, 25, 30, 35 o más. Han visto pasar generaciones completas de estudiantes, cambios de autoridades, nuevas carreras, construcciones, remodelaciones y transformaciones académicas.

Muchos conocen la universidad mejor que nadie.

Saben dónde están los problemas, cómo funcionan las oficinas, qué necesita mantenimiento y cuáles son los procesos que deben resolverse para que la comunidad universitaria pueda desarrollar sus actividades.

Esa experiencia tiene un enorme valor institucional.

Dámaso Anaya lo reconoció durante la ceremonia al destacar que los trabajadores sindicalizados representan el primer contacto de muchos estudiantes y familias con la UAT.

“Ustedes son la cara de la UAT y, con su trato, construyen la confianza en nuestra institución”, afirmó el rector.

La frase tiene sentido.

Pensemos en un joven que llega por primera vez a una facultad para realizar su inscripción. Probablemente su primer contacto con la Universidad será con alguien que le indique dónde entregar sus documentos, le explique un procedimiento o le ayude a resolver una duda.

Esa atención puede marcar su primera impresión de la institución.

Y esa experiencia se repite miles de veces durante un ciclo escolar.

La calidad universitaria también depende de esos encuentros cotidianos. De la disposición para atender, del conocimiento de los procedimientos, de la limpieza de las instalaciones, del mantenimiento oportuno y del trabajo administrativo que permite a docentes e investigadores concentrarse en sus responsabilidades académicas.

Una universidad con más de 45 mil estudiantes necesita una estructura capaz de responder todos los días. Su crecimiento exige coordinación entre facultades, autoridades, docentes y trabajadores.

Ahí aparece uno de los aspectos relevantes de la gestión de Dámaso Anaya: la relación que ha construido con la representación sindical mediante el diálogo y el entendimiento institucional.

Durante el aniversario, el rector destacó la importancia del respeto mutuo y del trabajo conjunto para sostener el crecimiento de la UAT. También reconoció la responsabilidad con la que el personal sindicalizado desarrolla sus actividades.

Ese reconocimiento debe tener continuidad.

Las relaciones laborales sólidas necesitan comunicación permanente, acuerdos claros, cumplimiento de compromisos y disposición para atender las necesidades de los trabajadores. La estabilidad institucional se construye mediante una relación donde ambas partes conocen sus responsabilidades y encuentran mecanismos para resolver diferencias.

El secretario general estatal del SUTUAT, Eduardo Serna Tristán, agradeció el respaldo de Dámaso Anaya y recordó los orígenes de la organización sindical, fundada hace 53 años por trabajadores que buscaron construir una representación gremial duradera.

Más de medio siglo después, el sindicato forma parte de la historia de la UAT.

Ha acompañado su crecimiento, sus cambios administrativos y la expansión de sus servicios educativos. También representa una comunidad laboral donde conviven distintas generaciones, cada una con experiencias y necesidades particulares.

Esa historia merece reconocimiento.

Durante la ceremonia se homenajeó a trabajadores que han cumplido desde 15 hasta más de 35 años de servicio. La antigüedad tiene un significado especial en una institución educativa porque permite observar el paso del tiempo a través de las personas.

Un trabajador con 35 años de servicio ha visto entrar y graduarse a incontables estudiantes. Ha conocido profesores que comenzaron su carrera y después llegaron a dirigir facultades. Ha presenciado la incorporación de tecnologías que transformaron los procedimientos administrativos y la manera de trabajar.

También ha tenido que adaptarse.

Las universidades cambiaron mucho durante las últimas décadas. Los expedientes pasaron del papel a las plataformas digitales. Los servicios administrativos incorporaron nuevas herramientas. La matrícula creció y las exigencias de atención aumentaron.

Los trabajadores han participado en esa transformación.

Por eso es importante que la modernización de la UAT también contemple capacitación, mejores herramientas de trabajo, condiciones laborales adecuadas y oportunidades para desarrollar nuevas habilidades.

La gestión de Dámaso Anaya enfrenta precisamente ese desafío: sostener el crecimiento académico de la Universidad con una estructura laboral preparada, reconocida y comprometida.

Las nuevas instalaciones, los programas educativos, la investigación, la movilidad internacional y el aumento de matrícula requieren una operación eficiente. Detrás de cada avance existe una cadena de trabajo que empieza mucho antes de que aparezca el resultado público.

El rector ha insistido en una Universidad Autónoma de Tamaulipas con rostro humano. El trato hacia sus trabajadores es una parte esencial de esa visión.

Reconocer su esfuerzo fortalece el sentido de pertenencia. Escuchar sus necesidades ayuda a mejorar el funcionamiento institucional. Mantener una relación de respeto con su representación sindical contribuye a generar condiciones para que la Universidad continúe creciendo.

El 53 aniversario del SUTUAT ofreció una oportunidad para valorar ese trabajo acumulado.

La UAT tiene investigadores que publican, estudiantes que ganan competencias, docentes que forman profesionistas y egresados que representan a Tamaulipas en distintas partes del mundo. También tiene miles de trabajadores que hacen posible la actividad diaria de sus campus.

Todos forman parte de la misma comunidad universitaria.

Dámaso Anaya hizo bien en reconocerlo públicamente. Ahora corresponde mantener ese reconocimiento mediante una relación laboral que acompañe las transformaciones de la Universidad y permita que sus trabajadores participen de sus avances.

Porque detrás de cada generación de profesionistas hay muchas personas que ayudaron a que las aulas estuvieran abiertas, los servicios funcionaran y los estudiantes encontraran atención.

Algunas llevan décadas haciéndolo.

Y buena parte de la historia de la Universidad Autónoma de Tamaulipas también les pertenece.

Pues eso.