Durante años repetimos la frase “la universidad debe vincularse con la realidad”, como si fuera un mantra pedagógico, una aspiración abstracta o un deseo bien intencionado. Hoy, bajo la rectoría de Dámaso Anaya Alvarado, la Universidad Autónoma de Tamaulipas ya lo está haciendo.
La puesta en marcha del modelo de Formación Dual es una de esas decisiones que parecen obvias… pero que casi nadie se atreve a ejecutar.
Combinar formación teórica con práctica real en el ámbito productivo no solo moderniza la enseñanza: le devuelve sentido. Es la diferencia entre aprender a nadar leyendo un manual y lanzarse al agua con salvavidas y entrenador.
El resultado es claro: egresados con competencias técnicas, habilidades blandas y, sobre todo, con experiencia laboral real antes de recibir el título.
Que este modelo arranque con la Licenciatura en Comercio Exterior en Nuevo Laredo no es casualidad, sino estrategia pura. Se trata de una ciudad frontera, motor logístico, aduana clave del país y laboratorio natural para el comercio internacional.
La universidad entendió el entorno, leyó el contexto y alineó su oferta educativa al pulso económico de la región. Eso es planeación, no ocurrencia.
Pero el proyecto va más allá de una carrera o de una ciudad. La Reforma Curricular impulsada desde el inicio de esta administración rectoral está reconfigurando el modelo académico de la UAT para hacerlo más flexible, más conectado con el mercado laboral y más útil para la vida real.
Traducido: menos títulos decorativos y más herramientas funcionales.
A la par, la expansión territorial de la universidad mediante la reactivación de las Unidades Regionales de Transferencia del Conocimiento en González, Tula, Jiménez y San Fernando marca un giro silencioso pero profundamente transformador.
La educación superior dejó de ser un privilegio geográfico. Hoy, un joven en una comunidad alejada puede estudiar Ciencia de Datos, Energías Renovables o Diseño Digital sin abandonar su municipio. No es solo acceso: es inclusión con dignidad.
Sumemos a esto el Bachillerato Virtual UAT, que está captando una alta demanda estatal y nacional, y tenemos un ecosistema educativo que empieza a operar con lógica de siglo XXI. Digital, flexible, descentralizado y socialmente sensible.
En tiempos donde el abandono escolar y la migración forzada siguen siendo heridas abiertas, este tipo de decisiones tienen impacto real.
Y mientras la universidad se expande hacia afuera, también fortalece su infraestructura hacia adentro.
La entrega de la techumbre monumental y el estacionamiento en la Preparatoria UAT Nuevo Laredo, en coordinación con el gobierno municipal, no es un acto protocolario: es una señal de visión compartida.
Espacios dignos generan comunidad, pertenencia y mejores condiciones de aprendizaje. La educación también entra por los ojos y se siente en el entorno.
El común denominador de todo esto es la coherencia. No se trata de acciones aisladas ni de eventos sueltos para la foto. Hay una narrativa institucional clara: vinculación, inclusión, modernización y expansión territorial.
Dámaso Anaya entiende algo fundamental: el verdadero prestigio universitario no se mide solo en rankings o acreditaciones, sino en la capacidad de transformar realidades. Y ahí, la UAT está dando pasos firmes.
Cuando una universidad conecta educación con empleo, infraestructura con dignidad y expansión con equidad, no solo forma profesionistas. Forma futuro. Y eso, en Tamaulipas, ya es una muy buena noticia.
Pues eso.
