1.-La Navidad como política pública universitaria. La Gala de Navidad de Familia UAT 2025 no fue solo un festival “bonito”: fue una declaración de identidad.
Con el rector Dámaso Anaya al frente —y con Isolda Rendón de Anaya, presidenta de Familia UAT— la UAT puso en escena algo que a veces se pierde en la vida institucional: la comunidad. Niñas y niños de CEINA, CENDI, CDIN, jóvenes, personal y hasta el Club de la Edad de Oro compartiendo el mismo espacio.
Eso, más que espíritu decembrino, es tejido social. Y una universidad que cuida el tejido social, cuida su propia gobernabilidad.
2.-“Lentes con Corazón”: el humanismo que se mide en dioptrías.
Aquí no hay metáfora: hay 70 mil lentes. La jornada “Lentes con Corazón”, encabezada por Dámaso Anaya, es la clase de acción que distingue a una universidad pública que entiende su misión más allá del campus.
Evaluación gratuita, rápida y segura, y extensión a todas las sedes. La UAT no solo da servicios: arma alianzas (DIF, Familia UAT, MAJOCCA, OneSight) y las vuelve política de impacto.
Es el tipo de programa que cambia la vida cotidiana de miles: leer, manejar, trabajar, estudiar… sin estar peleando con la vista.
3.-Becas: cuando el mérito no es discurso, sino transferencia.
Más de 8,800 becas entregadas en un solo paquete de apoyos —ITABEC, excelencia, desempeño— es una señal de prioridades.
El rector Dámaso Anaya lo dijo sin rodeos: las becas transforman vidas.
Y eso es verdad en lo concreto: la beca es permanencia escolar, es comida, transporte, internet, libros, menos deserción y más títulos.
Además, el esquema revela coordinación institucional con la Secretaría de Educación.
En tiempos donde muchas juventudes sienten que el futuro viene con “pago inicial”, aquí el mensaje es otro: te apoyamos para que llegues.
4.-Energía: la UAT como aliado técnico del desarrollo.
En el Congreso Internacional de Energía Tamaulipas 2025, la UAT aparece como lo que debe ser: una plataforma de ciencia aplicada.
Con Dámaso Anaya como invitado de honor y con el respaldo del gobernador, la Universidad mostró músculo real: Instituto de Ingeniería y Ciencias, Instituto de Energía, CIDIPORT, CINOTAM, Ecología Aplicada.
¿Qué significa esto? Que la UAT puede aportar desde cartografía y modelos 3D, hasta estudios ambientales y oceanográficos. No es “asistimos al evento”; es “traemos capacidades para empujar proyectos estratégicos”.
5.-El humanismo también se aprende haciendo: Matamoros y los cruces peatonales.
La narrativa no se sostiene si no aterriza en acciones repetibles. En Matamoros, estudiantes de Medicina llevando cobertores, apoyo a casas hogar, adultos mayores, tapitas para tratamientos contra el cáncer: formación profesional con vocación social.
Y en Tampico, estudiantes de Arquitectura diseñando cruces peatonales con identidad y seguridad: urbanismo con sentido de vida cotidiana.
Lo relevante es que ambas cosas encajan en una misma brújula institucional: una UAT que forma profesionistas útiles, sensibles y capaces de mejorar su entorno.
Con Dámaso Anaya la UAT está construyendo una idea sencilla y poderosa: la universidad que más sirve, es la que más importa. Y esa, por cierto, es la mejor “gala” del año.