La UAT siembra ciencia desde la infancia

1.- La Universidad Autónoma de Tamaulipas está empujando una idea que debería ser central en cualquier proyecto educativo serio: el conocimiento no puede esperar hasta la universidad para despertar vocaciones.

La ciencia, la historia, la tecnología y la curiosidad intelectual deben aparecer antes, cuando las niñas, los niños y los jóvenes empiezan a preguntarse cómo funciona el mundo y qué papel pueden tener en él.

Por eso tiene valor que la UAT, a través de la Facultad de Ingeniería y Ciencias, haya realizado la primera reunión del Club Amor por la Ciencia “Futuros Ingenieros y Científicos”, con estudiantes de la Escuela Primaria “Francisco Márquez” de Ciudad Victoria.

No se trató de una visita escolar más, de esas que terminan en foto de grupo, aplauso protocolario y lonche de salida. Fue un acercamiento directo entre investigadores, estudiantes de posgrado y alumnado de nivel básico, con el objetivo de mostrar que la ciencia no es un territorio lejano ni reservado para unos cuantos.

La ciencia también puede empezar en una primaria pública de Ciudad Victoria.

Y ahí la UAT tiene una responsabilidad enorme.

2.- Bajo la conducción del rector Dámaso Anaya Alvarado, la Universidad Autónoma de Tamaulipas ha insistido en conectar su trabajo académico con las necesidades reales del estado. Esa visión se observa en la investigación aplicada, en los proyectos de innovación, en la vinculación con sectores productivos y ahora también en el impulso a vocaciones tempranas.

El Programa Vocaciones Tempranas en Ciencia, Humanidades y Tecnología, impulsado por la Secretaría de Investigación y Posgrado de la UAT, busca formar una generación de estudiantes tamaulipecos con pensamiento crítico, vocación científica y compromiso social.

La frase tiene fondo.

Porque no basta con que un niño aprenda conceptos de memoria. Lo importante es que se acerque al conocimiento como una herramienta para observar, comparar, preguntar, experimentar y proponer soluciones. En un país donde durante años la ciencia fue tratada como materia difícil, fría o aburrida, acercarla a la infancia es también una forma de romper prejuicios.

Un niño que entiende que la investigación puede hablar de turismo, maíces nativos, medio ambiente, petróleo, insectos o tecnología empieza a mirar su entorno de otra manera.

Eso es educación con futuro.

3.- Los proyectos presentados a los estudiantes muestran justamente la amplitud de la investigación universitaria.

Los alumnos conocieron trabajos como el grafo de conocimiento para recomendación de atracciones turísticas de Tamaulipas, la conservación y manejo de maíces nativos, la influencia del régimen hídrico en el rendimiento del maíz, el potencial de bacterias en la biodegradación de petróleo crudo y la caracterización de mariposas diurnas del Jardín Anacahuita de Ciudad Victoria.

La lista parece técnica, pero su valor está en lo que revela.

La UAT está investigando temas que dialogan con el territorio: el turismo, el campo, el agua, el medio ambiente, la biodiversidad y la tecnología aplicada. Eso permite que los niños entiendan que la ciencia no vive encerrada en laboratorios ni en palabras complicadas. También está en el maíz que se cultiva, en el agua que falta, en la contaminación que debe atenderse, en las especies que habitan la ciudad y en la manera en que se puede promover mejor el patrimonio natural y turístico de Tamaulipas.

Ahí está el acierto de acercar estos proyectos al alumnado de primaria.

No se les muestra la ciencia como una abstracción. Se les muestra como una forma de entender su propio estado.

4.- La participación de la UAT en las “Clases Masivas de Historia” confirma que esta apuesta no se limita a la ciencia dura ni a la tecnología.

La Universidad también se sumó a una iniciativa federal orientada a despertar el interés de las juventudes por los procesos históricos y cívicos que dan identidad al país. En Tamaulipas, la actividad se desarrolló en la Escuela Secundaria General No. 4 “Profesor José Santos Valdés Salazar”, con alrededor de 400 estudiantes.

A través de la Secretaría de Investigación y Posgrado, la UAT atendió la convocatoria impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo y la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación. La presencia del director del Instituto de Investigaciones Históricas, Octavio Herrera Pérez, permitió vincular a la Universidad con un ejercicio de reflexión sobre la historia desde la vida cotidiana y los grandes procesos de transformación nacional.

Ese punto es importante porque una Universidad pública no puede formar solo técnicos competentes. Debe formar ciudadanos con memoria, criterio y sentido social.

La ciencia sin humanidades puede volverse fría.

La historia sin pensamiento crítico puede volverse ceremonia.

La educación, cuando se toma en serio, necesita ambas cosas.

5.- Dámaso Anaya ha colocado a la UAT en una ruta donde la investigación, la innovación y la formación humanista no se quedan únicamente dentro de la Universidad. Empiezan a salir hacia escuelas, comunidades y espacios donde pueden despertar interés en nuevas generaciones.

Ese es uno de los papeles más valiosos que puede cumplir la máxima casa de estudios de Tamaulipas.

La UAT no solo debe recibir jóvenes cuando llegan a una facultad. También puede ayudar a que lleguen mejor preparados, más curiosos, más seguros de sus capacidades y con una idea más clara de lo que significa construir conocimiento.

El Club Amor por la Ciencia y la participación en las Clases Masivas de Historia muestran una Universidad que busca sembrar desde temprano. En un caso, acercando a niñas y niños a proyectos científicos reales. En el otro, fortaleciendo la comprensión histórica y cívica de las juventudes.

Ambas acciones tienen un mismo fondo: formar pensamiento.

Y Tamaulipas necesita mucho de eso.

Necesita niñas y niños que no le tengan miedo a la ciencia. Jóvenes que entiendan su historia. Estudiantes que puedan mirar los problemas del estado con herramientas más amplias que la ocurrencia o la repetición. Futuros profesionistas que no descubran la investigación hasta que ya estén por titularse, sino que hayan tenido contacto con ella desde antes.

La Universidad Autónoma de Tamaulipas, bajo el liderazgo de Dámaso Anaya, está entendiendo que su responsabilidad educativa no termina en sus campus. También empieza en las escuelas donde hoy estudian quienes mañana podrían ser ingenieros, científicos, historiadores, docentes, investigadores o ciudadanos más conscientes.

Despertar una vocación científica en un niño no garantiza que todos terminen en un laboratorio.

Pero sí puede cambiar la forma en que miran el mundo.

Y para una Universidad pública, pocas tareas son tan importantes como esa.