La UAT se mide con el mundo

1.- La Universidad Autónoma de Tamaulipas vive un momento que conviene leer con atención.

En una misma semana, la UAT hizo dos cosas que hablan de una ruta institucional: reconocer a una de las figuras médicas y científicas más importantes del país, y enviar a una nueva generación de estudiantes a una experiencia internacional de formación en Disney, en Orlando, Florida.

Una decisión mira hacia la excelencia académica.

La otra mira hacia la formación global de sus estudiantes.

Las dos dicen algo sobre el momento que atraviesa la Universidad bajo la conducción del rector Dámaso Anaya Alvarado.

La UAT no está encerrada en sí misma. Está midiéndose con el mundo.

2.- La entrega del doctorado honoris causa al doctor David Kershenobich Stalnikowitz no es un gesto menor.

Es el máximo reconocimiento que otorga la Universidad Autónoma de Tamaulipas, reservado para trayectorias que han contribuido de manera excepcional al conocimiento, la ciencia, la academia y la sociedad.

Kershenobich no llega a ese reconocimiento por cortesía política ni por protocolo de relumbrón.

Llega por una carrera médica y científica de enorme peso: médico cirujano por la UNAM, doctor en Medicina por la Universidad de Londres, internista, gastroenterólogo, hepatólogo, investigador emérito del Sistema Nacional de Investigadores, pionero en el estudio de la hepatitis C y la fibrosis hepática en México, además de autor de más de quinientas publicaciones científicas.

Hoy, además, preside el Consejo de Salubridad General y encabeza la Secretaría de Salud del Gobierno de México.

Que la UAT lo incorpore a su comunidad honorífica coloca a la Universidad en una conversación de alto nivel académico.

Y eso importa.

Porque una universidad pública también construye prestigio por las personas a las que reconoce.

3.- Dámaso Anaya entendió algo que a veces se pierde entre trámites, sindicatos, grillas internas y burocracias universitarias: una universidad necesita símbolos, pero símbolos con sustancia.

El honoris causa a Kershenobich funciona como mensaje académico.

Dice que la UAT quiere dialogar con la ciencia nacional.

Dice que reconoce el conocimiento médico como una herramienta de progreso social.

Dice que el prestigio universitario no se improvisa con discursos, sino con decisiones que elevan el nivel de la institución.

La Asamblea Universitaria aprobó la propuesta el 17 de abril, y la ceremonia solemne en el Aula Magna del Campus Tampico representa mucho más que un acto protocolario.

Representa una idea de universidad.

Una institución que honra la investigación, que respeta la trayectoria científica y que busca acercar a su comunidad a figuras cuya vida profesional puede servir como referencia para nuevas generaciones.

Eso, en tiempos de tanto ruido público, ya es ganancia.

4.- Pero la otra noticia también tiene fondo.

La UAT envió a su segunda generación de estudiantes al Disney Cultural Exchange Program 2026, una experiencia internacional en la que diez jóvenes realizarán una estancia de formación y aprendizaje intercultural del 18 de mayo al 6 de agosto en Orlando, Florida.

Podría parecer una nota ligera.

Disney, parques, complejos turísticos, jóvenes emocionados, foto con el rector.

Pero la lectura correcta es otra.

La movilidad internacional cambia la cabeza de un estudiante.

Le cambia el idioma, la seguridad personal, la forma de trabajar, la manera de entender el servicio, la disciplina, la puntualidad, la convivencia multicultural y la ambición profesional.

Para muchos jóvenes de Tamaulipas, salir al extranjero no es una anécdota de verano.

Es una puerta que se abre.

Y en este caso, la UAT está poniendo la llave.

5.- Ahí aparece con claridad la apuesta de Dámaso Anaya: una Universidad que no se limite a entregar títulos, sino que forme estudiantes capaces de competir, adaptarse y representar a Tamaulipas fuera de su zona cómoda.

La presencia de Isolda Rendón de Anaya, presidenta de Familia UAT; del secretario de Vinculación, Rogelio de Jesús Ramírez Flores; y de la titular de Relaciones Nacionales e Internacionales, Beatriz Anaya Sarno, también muestra que no se trata de un esfuerzo aislado.

Hay una estructura institucional empujando la movilidad, la vinculación y la formación humana.

Ese es el punto central.

La UAT necesita investigación, prestigio académico y vínculos globales.

Necesita reconocer a figuras como David Kershenobich y, al mismo tiempo, abrirles camino a sus estudiantes hacia experiencias internacionales.

Una universidad se mide por lo que enseña en sus aulas.

También por las puertas que abre fuera de ellas.

Y en esta etapa, con Dámaso Anaya al frente, la Universidad Autónoma de Tamaulipas parece estar entendiendo que su tarea no es mirar hacia adentro, sino levantar la vista.

Hacia la ciencia. Hacia el mundo. Hacia el futuro.