1.-Cuando una universidad coloca la equidad de género como política institucional —y no como evento simbólico de calendario— lo que está haciendo es transformar su estructura desde adentro.
Eso es lo que hoy ocurre en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde los espacios de diálogo, análisis y liderazgo femenino se están convirtiendo en parte normal de la vida universitaria.
El conversatorio sobre mujeres y progreso no fue protocolo: fue evidencia de una universidad que entiende que desarrollo sin inclusión simplemente no existe.
2.-Pero la equidad no se queda en discursos.
Hoy casi la mitad de las investigadoras de la UAT forman parte del sistema nacional de ciencia, con presencia creciente en áreas como ingeniería, biotecnología y salud, además de las ciencias sociales.
Eso no ocurre por inercia. Ocurre porque Dámaso Anaya Alvarado ha empujado políticas de fortalecimiento académico, acceso a recursos, publicaciones científicas y formación continua para que las mujeres no solo participen, sino lideren.
Inclusión convertida en resultados medibles.
3.-Al mismo tiempo, la universidad sigue formando estudiantes de alto rendimiento integral.
Ahí está Eduardo Sagastegui, universitario que ganó oro y plata en un nacional de judo frente a atletas de casi todo el país. Deporte de alto nivel como parte de la formación humana, disciplina que construye carácter y talento que eleva el prestigio institucional.
Bajo la conducción de Dámaso Anaya, el deporte dejó de ser actividad secundaria y se volvió pilar formativo.
4.-Y mientras se impulsa ciencia, equidad y talento, la UAT vive una alta demanda de aspirantes.
Más de ochenta carreras, nuevas opciones en áreas estratégicas como inteligencia artificial, biomédica, desarrollo sostenible, arquitectura y ciencia de datos —incluso en modalidad a distancia— están despertando el interés de miles de jóvenes en todo Tamaulipas.
Crecer en matrícula con programas modernos no es suerte.
Es planeación académica con visión de futuro.
5.-Cuando se juntan equidad de género real, investigadoras liderando ciencia, estudiantes brillando en alto rendimiento y una oferta educativa que se expande con calidad, lo que aparece no es una universidad en rutina administrativa.
Aparece una institución en transformación profunda.
Más mujeres en ciencia.
Más jóvenes queriendo entrar.
Más talento que destaca.
Más carreras alineadas al futuro.
Y detrás de ese movimiento constante está una rectoría que decidió que la UAT no iba a quedarse cómoda, sino crecer con impacto social.
Dámaso Anaya no está gestionando una universidad estática.
Está conduciendo una universidad en expansión inteligente.
La UAT hoy no solo forma profesionistas.
Forma liderazgos, impulsa igualdad y construye desarrollo.
Eso no se logra con discursos.
Se logra con decisiones que cambian estructuras.
Y eso —justamente— es lo que se está viendo.