La UAT no se detiene ni en vacaciones

Mientras la comunidad universitaria entra al receso de primavera, la Universidad Autónoma de Tamaulipas sigue moviendo piezas clave de su engranaje académico: admisiones abiertas, planeación del próximo ciclo, evaluaciones programadas y procesos administrativos activos que garantizan continuidad, orden y transparencia.

El descanso es para las aulas; la institución, en cambio, mantiene el pulso firme de su proyecto educativo.

Ese ritmo constante es parte del sello que ha venido consolidando Dámaso Anaya Alvarado, donde la universidad cuida a su gente sin frenar su crecimiento

En paralelo, la UAT volvió a demostrar que su visión humanista no es un discurso institucional, sino una práctica cotidiana.

La campaña “Sanando Corazones” transformó más de dos toneladas y media de tapitas en apoyos reales para pacientes con cáncer. Estudiantes, docentes y personal movilizados por una causa concreta, con impacto directo en familias vulnerables y con conciencia ambiental incluida.

Y nuevamente, el impulso social tiene origen en la rectoría de Dámaso Anaya, que ha convertido a Familia UAT en un verdadero motor de solidaridad universitaria.

Al mismo tiempo avanza la modernización más ambiciosa en la historia de la institución.

Más de 444 millones de pesos en infraestructura educativa no se reflejan en una obra aislada, sino en una transformación completa del entorno universitario: laboratorios de vanguardia, aulas inteligentes, quirófanos formativos, preparatorias nuevas, bibliotecas renovadas, canchas multiusos y transporte escolar para garantizar acceso real a la educación.

Dámaso Anaya no está reparando edificios: está construyendo condiciones de futuro.

Y ese futuro también se juega fuera del estado y fuera del país.

Diez estudiantes de la UAT fueron seleccionados en el programa internacional de Disney, tras filtros académicos exigentes y evaluaciones de alto nivel. Jóvenes que llevarán su formación a un entorno multicultural, fortalecerán idiomas, habilidades laborales y redes profesionales globales.

Movilidad estudiantil que deja de ser excepción y empieza a convertirse en política institucional.

Orden académico.
Compromiso social.
Infraestructura transformadora.
Proyección internacional.

La UAT hoy avanza en varios frentes al mismo tiempo, con una rectoría que entiende que la universidad moderna no se construye con discursos, sino con sistemas funcionando, inversión inteligente y comunidad activa.

Dámaso Anaya ha puesto a la institución en modo futuro permanente.

Y cuando una universidad entra en esa dinámica, deja de reaccionar al presente y empieza a diseñar su destino.

Ese es el verdadero cambio.

Pues eso.