Hay instituciones que presumen estadísticas y otras que construyen comunidad. La Universidad Autónoma de Tamaulipas está logrando algo mucho más difícil que llenar informes: está generando identidad, orgullo y pertenencia. Y buena parte de ese clima universitario tiene un conductor claro: Dámaso Anaya Alvarado.
Ahí están los números del Correcaminos, que no mienten ni necesitan interpretación política. Más de 32 mil aficionados en cinco partidos como local, récords de asistencia en la Liga Expansión MX y un estadio Marte R. Gómez convertido en punto de encuentro de estudiantes, familias y comunidad.
Eso no se logra solo con resultados deportivos: se logra cuando una universidad decide abrazar al deporte como parte de su identidad institucional. Dámaso Anaya entendió que el fútbol no es distracción, es tejido social. Y hoy Correcaminos es orgullo naranja en todo Tamaulipas.
Pero la UAT no se queda en las gradas.
Mientras la afición vibra, en los campus se construyen espacios de conciencia, cultura y equidad. El recital “Voces Violeta” no fue un acto simbólico de ocasión: fue arte convertido en reflexión, mujeres universitarias usando la palabra, la música y la memoria histórica para hablar de derechos, lucha y transformación social.
Bajo el impulso directo de Dámaso Anaya, la agenda universitaria del 8M se está traduciendo en espacios reales de expresión y liderazgo femenino, no en discursos vacíos.
Y al mismo tiempo, la universidad mira hacia afuera, hacia el mundo.
La convocatoria de movilidad docente 2025 es una apuesta clara por elevar el nivel académico de la UAT. Profesores viajando a universidades de México y del extranjero, estancias financiadas, intercambio de conocimiento, internacionalización real.
No turismo académico: formación avanzada para que lo aprendido regrese a las aulas tamaulipecas. Otra vez, una política empujada por Dámaso Anaya con una visión muy clara: si los docentes crecen, la universidad crece.
Deporte que une.
Cultura que transforma.
Academia que se internacionaliza.
Tres frentes distintos, una misma lógica institucional.
La UAT hoy no solo forma profesionistas: forma comunidad, conciencia social y talento con visión global. Y eso se nota tanto en un estadio lleno como en un auditorio universitario o en un aula que pronto recibirá a un profesor con experiencia internacional.
Eso no ocurre por casualidad.
Ocurre cuando una rectoría entiende que la universidad no es solo planes de estudio, sino una experiencia integral de vida, identidad y crecimiento.
Dámaso Anaya no está administrando una institución inerte.
Está construyendo una universidad viva.
Y cuando una universidad se vuelve viva, la sociedad empieza a sentirse parte de ella.
Eso es liderazgo educativo del bueno.
Del que deja huella.
Pues eso.
