La UAT es ciencia y democracia

1.-Algo está ocurriendo en la Universidad Autónoma de Tamaulipas. No es un cambio cosmético; es una reconfiguración institucional que empieza a notarse en el ecosistema académico nacional.

El VI Congreso de Investigadoras del SNII e Iberoamérica —con Annie Pardo, una de las mentes más brillantes de la ciencia mexicana— no cayó en la UAT por accidente. Fue una señal de hasta dónde quiere escalar la Universidad: atraer talento, generar debate y convertir a Tamaulipas en punto de encuentro del pensamiento científico.

En un país donde muchas universidades se conforman con “hacer eventos”, la UAT decidió hacer historia. Y eso, para los estándares del ecosistema académico mexicano, ya es decir bastante.

2. Dámaso Anaya entiende algo esencial: la ciencia necesita política… y viceversa.

Pocas veces un rector articula un discurso que va más allá del protocolo. Pero esta vez, Dámaso Anaya sí lo hizo.

En el Congreso, subrayó que el 77.2% de las investigadoras de Tamaulipas pertenecen a la UAT. Ese dato no es relleno: es una declaración estratégica. La UAT decidió que su identidad institucional estará ligada a la ciencia hecha por mujeres, a la equidad y a la investigación con sentido humano.

Y cuando una universidad pública empieza a construir ese tipo de narrativa, automáticamente se vuelve un actor político relevante.

Por eso no sorprende que la UAT haya sido sede de los Diálogos sobre la Reforma Electoral: porque la ciencia, la democracia y la academia empiezan a confluir en un mismo punto —y ese punto es la oficina del rector.

3. Democracia en serio: la UAT como foro nacional de discusión pública.

Los Diálogos sobre la Reforma Electoral no fueron un trámite administrativo, sino un ejercicio político-institucional sin precedentes: más de 3,100 propuestas, 5,000 asistentes y seis sedes universitarias operando en simultáneo.

La UAT abrió sus aulas, auditorios, plataformas digitales y, sobre todo, su legitimidad académica para convertirlas en un laboratorio democrático.

Que la Universidad publique un documento académico con las propuestas ciudadanas no es un gesto simbólico. Es la señal de que la UAT quiere ser algo más que un centro de docencia: quiere ser un organismo vivo, capaz de influir en la conversación nacional.

Y aquí hay que decirlo sin rodeos: muy pocas universidades estatales se atreven a asumir ese rol. La mayoría prefiere no meterse en esos “rollos”.

La UAT decidió meterse. Y lo hizo con los dos pies.

4. Las mujeres de la UAT ya no piden espacio: lo están ocupando.

El Primer Encuentro de Mujeres Investigadoras no fue un foro más para tomarse la foto y subirla a Facebook con un #Empoderamiento.

Fue la presentación de una Agenda Estratégica de Mujeres Investigadoras UAT, un documento institucional que define políticas, retos, recursos y líneas de acción.

Las propias académicas expusieron lo evidente: las mujeres son mayoría en la educación superior pero minoría en los laboratorios, en las direcciones de centros de investigación y en las áreas STEM.

La UAT no solo aceptó ese diagnóstico: lo hizo suyo.

El rector reiteró que la paridad en puestos estratégicos no será un favor ni una concesión: será política institucional.

Y cuando las instituciones dejan de “acompañar” a las mujeres y comienzan a ceder poder real, empieza la transformación auténtica.

5. La UAT está viviendo un momento que no debe dejar pasar.

Entre la conferencia de Annie Pardo, los diálogos sobre la reforma electoral y el encuentro de mujeres investigadoras, la UAT está construyendo un nuevo tipo de universidad en Tamaulipas: una que piensa, dialoga, investiga, critica y propone.

Dámaso Anaya está aprovechando una ventana histórica donde la Universidad puede convertirse en un actor público sin pedir permiso: desde la ciencia, desde la democracia y desde la equidad.

Si este ritmo se sostiene —y si la comunidad universitaria empuja en la misma dirección— la UAT podría consolidarse como una de las instituciones académicas más influyentes del noreste del país.

Si no, todo quedará en eventos bonitos y memorias académicas que nadie lee.Por ahora, todo indica que la UAT ya decidió qué quiere ser.

Y que, por primera vez en mucho tiempo, Tamaulipas está mirando hacia su universidad no para exigirle más, sino para reconocer lo que ya está logrando.