1.- El Mante vivió una jornada que resume bien el papel que debe tener una universidad pública en Tamaulipas.
Por la mañana, la Universidad Autónoma de Tamaulipas entregó a la sociedad 184 nuevos profesionales de la salud y la educación egresados de la Unidad Académica Multidisciplinaria Mante.
Por la tarde, el rector Dámaso Anaya Alvarado inauguró tres torneos deportivos que reunieron a casi mil atletas, entre niños, jóvenes y adultos.
Formación profesional y tejido social. Aula y cancha. Título universitario y convivencia comunitaria.
Esa combinación dice mucho del momento que vive la UAT bajo la conducción de Dámaso Anaya: una universidad con presencia regional, con sentido humano y con voluntad de salir al encuentro de la sociedad.
La graduación de la Generación 2022-2026 de la UAM-Mante fue un acto académico, pero también una entrega de confianza.
Fueron 137 egresados de la Licenciatura en Enfermería, 29 de Nutrición y Salud Integral, 16 de la Maestría en Tecnologías para el Aprendizaje y 2 de la Especialidad de Enfermería en Salud Pública.
Detrás de esas cifras hay familias, sacrificios, desvelos, viajes, prácticas, exámenes, maestros, dudas, cansancio y vocación.
También hay una institución que sostuvo el proceso.
2.- Que el rector Dámaso Anaya haya sido distinguido como padrino de generación tiene una lectura clara.
No fue únicamente un gesto ceremonial.
Fue un reconocimiento al respaldo que su administración ha brindado a la UAM-Mante y a la formación de profesionistas en áreas estratégicas para el bienestar de Tamaulipas.
La salud y la educación no son campos secundarios. Son la base de cualquier comunidad que aspire a mejorar.
Una enfermera bien formada puede cambiar la experiencia de un paciente en el momento más vulnerable de su vida.
Una especialista en salud pública puede ayudar a prevenir problemas antes de que lleguen al hospital.
Una nutrióloga puede acompañar procesos de salud que empiezan en la vida diaria.
Un profesional formado en tecnologías para el aprendizaje puede mejorar la manera en que se enseña y se aprende.
Por eso la UAT cumple una función esencial cuando entrega egresados en estas áreas.
No está produciendo estadísticas.
Está formando personas que llegarán a hospitales, clínicas, escuelas, instituciones y comunidades donde su trabajo tendrá impacto directo.
Dámaso Anaya lo planteó bien al pedir a los graduados ejercer con sentido humano y con los valores de la Universidad.
En profesiones como estas, el conocimiento técnico importa mucho. Pero el trato humano importa igual. La preparación abre la puerta. La vocación sostiene el camino.
3.- La ceremonia también dejó ver un punto que la UAT ha venido fortaleciendo: la vinculación con los sectores públicos y sociales.
El rector subrayó que la dinámica de trabajo con los distintos órdenes de gobierno y con el sector salud permite abrir puertas al campo laboral.
Ese vínculo es decisivo.
Una universidad aislada puede formar buenos egresados, pero una universidad conectada con su entorno les ofrece mejores condiciones para integrarse al mundo profesional.
La UAT está trabajando en esa dirección.
El director de la UAM-Mante, Martín Berrones Morales, reconoció el respaldo del rector para entregar a la sociedad especialistas competitivos y refrendar el compromiso del plantel con la excelencia académica y el desarrollo regional.
Esa palabra es clave: regional. El Mante necesita profesionistas preparados. La zona cañera necesita talento.
Los municipios del centro-sur de Tamaulipas necesitan que la Universidad tenga presencia real, no simbólica.
La UAM-Mante cumple esa función.
Y cuando 184 egresados concluyen su preparación, la región gana capital humano.
También fue justo reconocer el mérito académico de quienes destacaron en su generación: Damaris Valeria Guevara Marroquín, primer lugar de generación en licenciatura; Rocío del Pilar Núñez Cárdenas, en especialidad; y Dana Garza Aguilar, en maestría.
Sus nombres representan el esfuerzo que muchas veces no se ve.
El estudio silencioso. La disciplina diaria. La constancia que permite llegar más lejos.
4.- La segunda parte de la jornada mostró otra dimensión de la Universidad.
Dámaso Anaya encabezó la inauguración del Torneo Copa UAT Infantil y Juvenil, el Torneo Empresarial de Fútbol Categoría Libre y el Torneo de Voleibol Mixto Categoría Libre.
La convocatoria fue amplia: 61 equipos y cerca de mil jugadores.
La Copa UAT Infantil y Juvenil reunió a 33 equipos y 594 niños en categorías de 5 a 14 años. El Torneo Empresarial integró a 22 equipos con 330 jugadores. El Voleibol Mixto convocó a 6 equipos con más de 70 participantes.
Son números fuertes para una actividad deportiva regional.
Pero lo importante va más allá de la cifra.
El deporte une familias. Ordena energías. Forma disciplina. Da comunidad.
En tiempos donde muchas niñas, niños y jóvenes crecen rodeados de pantallas, ansiedad y aislamiento, abrir espacios deportivos es una decisión con valor social.
La cancha también educa. Enseña a perder. Enseña a respetar reglas. Enseña a trabajar en equipo. Enseña a levantarse después de un error.
Y enseña algo que hace falta en todos lados: convivir sin destruir al otro.
5.- La presencia de la presidenta municipal de El Mante, Martha Patricia Chío de la Garza, junto al rector y directivos universitarios, confirma además una ruta correcta: la coordinación entre la Universidad y los gobiernos locales.
Cuando las instituciones trabajan juntas, la comunidad lo nota.
Lo notan los padres de familia. Lo notan los equipos. Lo notan los niños que desfilan con uniforme. Lo notan los jóvenes que encuentran en el deporte un espacio de pertenencia. Lo notan los adultos que vuelven a sentirse parte de una actividad comunitaria.
Incluso la participación del grupo de la tercera edad del Gimnasio de la UAT, con una coreografía alusiva al mundial de fútbol, dejó un mensaje valioso: la universidad también puede ser punto de encuentro entre generaciones.
Eso construye tejido social.
Y el tejido social no se fortalece únicamente con discursos. Se fortalece con actividades constantes, con espacios abiertos, con instituciones presentes y con comunidades que se reconocen en algo positivo.
La UAT está haciendo eso en El Mante. Está formando profesionales. Está impulsando deporte. Está vinculándose con el municipio. Está abriendo espacios para familias. Está demostrando que una universidad pública puede ser mucho más que un conjunto de salones y oficinas.
Puede ser motor regional.
Puede ser puente social.
Puede ser una institución que acompaña la vida de su comunidad.
La jornada en El Mante dejó una imagen clara del rumbo que impulsa Dámaso Anaya. Una UAT con excelencia académica, pero también con rostro humano. Una UAT que entrega enfermeras, nutriólogos, especialistas y maestros, pero también convoca a niños, jóvenes, empresas y familias alrededor del deporte.
Una UAT que entiende que el desarrollo de Tamaulipas necesita profesionistas preparados y comunidades más fuertes.
Eso es estar en territorio. Eso es hacer universidad. Y eso, en tiempos de dispersión y desencanto, vale mucho.
