La UAT cuida su comunidad

1. La paz universitaria se construye con presencia

La Universidad Autónoma de Tamaulipas está moviendo una agenda que debe tomarse en serio: cultura de paz, prevención de violencia y acompañamiento emocional dentro de sus campus. La gira de la Defensoría de los Derechos Universitarios por escuelas y facultades de la UAT confirma que la institución está llevando el tema directamente a los estudiantes, en especial a quienes inician su vida universitaria.

Esa decisión tiene sentido. Los primeros semestres son una etapa clave. Ahí se forman hábitos, relaciones, grupos, reglas de convivencia y también riesgos. Si la Universidad quiere ambientes seguros, necesita hablar con sus estudiantes antes de que los conflictos escalen, antes de que las conductas violentas se normalicen y antes de que la desinformación deje solos a quienes necesitan apoyo.

La Defensoría, encabezada por José de Jesús Guzmán Morales, ha reunido a cerca de 1,100 estudiantes en los campus de Victoria, Tampico y Reynosa Rodhe para explicar derechos, deberes, servicios de atención y rutas de solución pacífica de controversias. Esa presencia en aulas y auditorios manda un mensaje correcto: la convivencia universitaria también se educa.

2. Dámaso Anaya fija una línea institucional

La gira responde a la política impulsada por el rector Dámaso Anaya Alvarado: fomentar la paz y sostener una postura de cero tolerancia frente a cualquier forma de violencia. Esa línea importa porque las universidades no pueden reducir la formación a clases, exámenes y títulos. También deben garantizar espacios donde los jóvenes aprendan, participen y convivan con seguridad.

Una política de cero tolerancia necesita algo más que declaración. Requiere prevención, canales de denuncia, acompañamiento, investigación, medidas de protección y una comunidad que conozca sus derechos y obligaciones. Por eso la Defensoría no debe ser una oficina lejana, sino una instancia visible para los estudiantes.

Dámaso Anaya está colocando a la UAT en una ruta donde la autoridad universitaria no espera a que el conflicto reviente. Sale al campus, conversa, informa y construye cultura institucional. Ese paso es importante porque muchas conductas dañinas sobreviven precisamente donde hay silencio, desconocimiento o miedo a denunciar.

3. La salud mental entra al centro de la vida universitaria

La activación de la cuarta generación de la Brigada Universitaria de Primeros Auxilios Psicológicos en el Campus Victoria complementa esa visión. La UAT, a través de la Unidad Académica de Trabajo Social y Ciencias para el Desarrollo Humano, está formando brigadistas para brindar contención emocional inmediata, acompañamiento y orientación dentro del entorno universitario.

El programa tiene una lógica clara: atender crisis emocionales de manera temprana puede ayudar a prevenir cuadros de ansiedad, estrés agudo o afectaciones mayores. No se trata de sustituir atención especializada. Se trata de contener, escuchar, acompañar y canalizar con responsabilidad cuando una persona atraviesa una situación difícil.

La brigada, coordinada por el maestro Juan Osvaldo Martínez Zulbarán, contempla 30 horas de formación presencial, con sesiones los miércoles y jueves. Sus tres ejes operativos son especialmente importantes: contener para ofrecer un espacio seguro de regulación emocional, acompañar con escucha activa y presencia empática, y orientar hacia las instancias especializadas bajo protocolos éticos e institucionales.

4. Formar brigadistas también forma comunidad

La cuarta generación de esta brigada reúne alumnos, docentes, personal administrativo y colaboradores de distintas dependencias universitarias. Esa integración multidisciplinaria fortalece el sentido de comunidad. La salud emocional no puede quedar solo en manos de una oficina. Necesita redes, ojos atentos, personal capacitado y una cultura de cuidado compartido.

El temario incluye psicología de la emergencia, simulacros de intervención y herramientas de autocuidado para los propios brigadistas. Ese último punto es clave. Quien acompaña una crisis también necesita protección emocional. Una red de apoyo responsable debe cuidar tanto a quien pide ayuda como a quien la brinda.

La participación del Centro de Atención para el Desarrollo Humano y el respaldo de la directora de la Unidad Académica de Trabajo Social y Ciencias para el Desarrollo Humano, Blanca Guadalupe Cid de León Bujanos, le dan estructura académica a la iniciativa. La UAT no está improvisando una respuesta emocional con buena voluntad; está formando capacidades internas con método, práctica y sentido institucional.

5. Una universidad segura también enseña mejor

La gira de la Defensoría y la Brigada de Primeros Auxilios Psicológicos forman parte de una misma agenda: construir una UAT más segura, más sensible y más preparada para cuidar a su comunidad. Ese es uno de los retos centrales de la educación superior actual. Los estudiantes llegan a la universidad con sueños, presión académica, problemas familiares, ansiedad, incertidumbre económica y, muchas veces, pocas herramientas para pedir ayuda.

Dámaso Anaya ha insistido en una Universidad Autónoma de Tamaulipas con rostro humano. Estas acciones le dan contenido a esa idea. La paz universitaria no se decreta en un cartel. Se construye con información, prevención, acompañamiento, salud mental, defensoría, escucha y sanción cuando corresponde.

La UAT tiene más de 45 mil estudiantes. Una comunidad de ese tamaño necesita aulas, laboratorios, movilidad e investigación. También necesita mecanismos de cuidado, rutas claras ante conflictos y redes de apoyo emocional.

Una universidad que cuida puede enseñar mejor. Un estudiante que se siente seguro aprende mejor. Una comunidad que sabe resolver conflictos sin violencia convive mejor. Y una institución que atiende la salud emocional de sus alumnos se toma en serio su responsabilidad pública.

La Universidad Autónoma de Tamaulipas está dando pasos importantes en esa dirección. Cultura de paz, derechos universitarios y primeros auxilios psicológicos deben dejar de ser programas aislados para convertirse en parte de la vida diaria de los campus.

Ahí está el reto de la gestión de Dámaso Anaya: sostener esta agenda, ampliarla y convertirla en una cultura permanente.

Porque formar profesionistas también implica formar comunidades capaces de cuidarse.