La cuera con sello, la UAT con rumbo

1.- La Cuera Tamaulipeca no es solamente “una chamarra bonita”: es una prenda de cuero que funciona como emblema cultural del estado, con raíces artesanales fuertes en Tula y Ciudad Victoria. 

Esta semana se dio un paso grande: el IMPI entregó el certificado de protección por Indicación Geográfica. 

Traducido sin burocracia: la cuera auténtica ya tiene “denominación de origen”, un sello legal que dice de dónde viene, qué la distingue y quién puede usar ese nombre. 

No es folclor: es propiedad industrial. Es el tipo de cosa que sirve para frenar la copia, elevar el valor del trabajo artesanal y convertir identidad en economía formal.

2.- Y en ese punto hay que decirlo sin rodeos: la UAT, con Dámaso Anaya al frente, jugó en la liga donde se decide lo importante. 

A través del CINOTAM, la Universidad dirigió los estudios técnicos para sustentar la protección. 

Eso significa poner a trabajar conocimiento aplicado en favor de la identidad y de la economía real: artesanos, talleres, cadenas productivas, reputación regional. 

Cuando una universidad entiende que su prestigio también se mide por lo que logra proteger y transformar afuera del campus, deja de ser espectadora y se vuelve institución-estado.

3.- El Gobierno del Estado hizo lo que pocas administraciones entienden: convertir cultura en política pública con dientes. 

La Indicación Geográfica Protegida no es folclor; es propiedad industrial. 

Es un candado contra la piratería, un sello de autenticidad, una herramienta para valorizar trabajo artesanal y anclar una marca territorial. 

Que el IMPI entregue por primera vez bajo esta figura una protección a un producto originario de Tamaulipas —y que abarque Tula y Victoria— es un precedente que, bien usado, puede abrir un corredor de “patrimonio productivo” para otras joyas regionales. 

O sea: tradición, sí; pero con estrategia.

4.- Mientras tanto, la UAT también está haciendo otra cosa que no se ve en ceremonias, pero se nota en el futuro: mover estudiantes al mundo. 

Más de 300 movilidades en 2025 no son turismo académico; son capital humano entrenándose en escenarios distintos, comparando métodos, creando redes, respirando otras exigencias. 

Y si a eso le sumas estancias concretas —Psicología, Trabajo Social, Nutrición— en destinos nacionales (Guadalajara, Yucatán, Nuevo León) e internacionales (Colombia, España, Perú), lo que tienes es una universidad que no se conforma con “formar profesionistas”, sino que empuja formación integral con perspectiva global. 

Dicho rápido: la UAT está vacunando a sus estudiantes contra el provincialismo.

5.- Si juntas ambas historias, sale la misma moraleja: el rector Dámaso Anaya está alineando la Universidad con una idea moderna de desarrollo. 

Por un lado, ciencia, técnica y transferencia de conocimiento para proteger lo nuestro (Cuera con Indicación Geográfica). 

Por el otro, internacionalización para que lo nuestro compita y dialogue con el mundo (movilidades y estancias). 

Es una combinación poderosa: identidad con respaldo legal, y talento con horizonte global. 

Y en tiempos donde muchas instituciones presumen “excelencia” como si fuera etiqueta de shampoo, aquí hay algo mejor: resultados que se pueden comprobar, registrar… y, si hace falta, defender.