Fanatismos y politiquería

Un fanático termina por pensar que el mundo en el que cree es la única realidad legítima. Y si el fanático es líder, podrá contagiar de sus creencias a otros por la forma vehemente en que se expresa, particularmente a quienes carecen de un pensamiento reflexivo.

"El germen fanático brota en un caldo de cultivo que reúne ciertos rasgos comunes: pobreza, miseria, exclusión o desposesión; depauperación intelectual" (Teresa Sánchez Sánchez, en Papeles Salmantinos de Educación).

¿Por qué les llaman líderes carismáticos? Porque tienen habilidades sociales y de comunicación, pero que no les vacuna de mal uso del poder que les otorga la gente.

Naasón Joaquín García, líder de la Iglesia La Luz del Mundo, y Keith Raniere, quien dirigía la organización Nxivm, son dos ejemplos actuales de líderes que abusaron de la ingenuidad de sus seguidores.

Lo mismo sucede en otros ámbitos. Para influir en política es común alterar la estructura de las palabras. Se modifica el tono para ocultar el significado de las cosas, para aumentar o restarle importancia a un tema, para enfocar hacia otro objetivo, para desplazar e invertir responsabilidades. Lo vemos a nivel nacional e igualmente aquí en nuestro Estado.

El arte de la retórica se usa desde la Grecia antigua, ha sido mayormente distintiva de personajes manipuladores de la historia.

Evadir respuestas con una broma, descalificar a los críticos diciendo que se les respeta, salir con un dicho burlón y jocoso también son parte del manejo hábil del comunicador, pero peligroso para los receptores si son rehenes de políticos con estas prácticas.

La combinación de la retórica con mentiras en medio de autoproclamaciones y vanaglorias crea confusiones mentales.

El antropólogo Gregory Bateson documentó cómo algunas madres en las Islas Polinesias mostraban una forma de comunicación que llamó de "doble vínculo".

Los hijos de madres con esa forma de comunicar sienten sus rechazos mientras escuchan frases sobre el amor que dicen sentir por ellos. Los dichos no corresponden con los hechos, o a veces algo que se dice se contradice después en el decir o el actuar.

Si los hijos acaban creyendo en las simulaciones, se pierden a sí mismos, dejan de creer en lo que sienten y piensan, por creer ciegamente en sus madres problemáticas. Igual sucede con los seguidores de líderes carismáticos abusivos: se hacen sus rehenes voluntarios.

El economista conductual Dan Ariely estudió cómo la gente puede mentir serenamente cuando cree que lo está haciendo por una buena causa, puede pasar incluso por la prueba del polígrafo sin que sean detectadas sus mentiras. Pero la causa "noble" puede ser inventada. Una vez que empieza a mentir un líder, se ve obligado a continuar engañando en una escalada sin fin para protegerse de ser desenmascarado.

El caldo de cultivo. El 76 por ciento de los mexicanos reconoce que no sabe diferenciar el periodismo (ético) de las noticias falsas (Merca2.0). No sabe detectar las "fake news" ni las fuentes falsas, menos aún es capaz de reconocer la tergiversación de una noticia ni la incongruencia entre los dichos y los hechos de un líder. Como cuando se dice que se respeta la libertad de creencias y de expresión, pero se insulta y calumnia al que se atreve a criticar políticas sin sustento.

La mayoría de la gente puede tardar en reconocer los fanatismos o la politiquería, el oficio de hacer política con fines mezquinos como clientelismo, abuso de poder o ganancias personales. Pero existen formas de propiciar el discernimiento para detectarlos, como el pensar por uno mismo sin obediencias para distinguir la propaganda de la información comprobable de medios objetivos de información; analizando los discursos, comparando los dichos con los hechos para obviar las contradicciones.