1.- La Universidad Autónoma de Tamaulipas no solo se mide por sus facultades, sus programas académicos, su investigación o su matrícula universitaria.
También se mide por la forma en que atiende a las familias que forman parte de su comunidad.
Por eso el festejo ofrecido a las y los docentes de Familia UAT, en el marco del Día del Maestro, tiene una lectura más amplia que la de una convivencia institucional.
Detrás del reconocimiento hay una idea de Universidad que entiende la educación como una tarea que empieza mucho antes de las aulas profesionales y que acompaña también a los hijos de trabajadores universitarios.
El rector Dámaso Anaya Alvarado y la presidenta de Familia UAT, Isolda Rendón de Anaya, encabezaron este encuentro con maestras y maestros que todos los días participan en la formación de cerca de dos mil niñas, niños y adolescentes atendidos en el CENDI UAT, el Círculo de Desarrollo Infantil, el CENDI Empresarial y el CeINA en Ciudad Victoria.
Ese dato importa porque muestra una dimensión de la UAT que a veces queda fuera del discurso público.
La Universidad no solo forma profesionistas. También sostiene espacios de cuidado, desarrollo infantil, educación temprana e inclusión que impactan directamente en la vida de su propia comunidad laboral.
2.- Dámaso Anaya hizo bien en colocar el reconocimiento a las y los maestros de Familia UAT dentro de una visión institucional más amplia.
No se trata únicamente de felicitar al personal docente por una fecha conmemorativa. Se trata de reconocer que su labor forma parte del funcionamiento profundo de la Universidad.
Mientras las facultades preparan a jóvenes para la vida profesional, las dependencias de Familia UAT atienden una etapa decisiva: la infancia y la adolescencia de quienes crecen dentro del entorno universitario. Ahí se construyen hábitos, seguridad emocional, convivencia, disciplina, curiosidad y sentido de pertenencia.
La educación superior no aparece de la nada.
Antes de un estudiante universitario hay una niña o un niño que aprendió a convivir, a preguntar, a confiar, a expresarse y a sentirse acompañado. En ese proceso, las maestras y maestros de Familia UAT cumplen una función que no siempre se ve en los grandes indicadores, pero que pesa en la vida diaria de cientos de familias.
Por eso el rector subrayó que su administración ha trabajado para que el profesorado cuente con mejores condiciones laborales y pueda seguir fortaleciendo el quehacer académico de la institución. Ese mensaje conecta con una idea central de su gestión: una Universidad fuerte también debe ser una comunidad que cuida a quienes la sostienen.
3.- Familia UAT se ha convertido en una parte importante del rostro humanista de la Universidad Autónoma de Tamaulipas.
No es un complemento decorativo ni una oficina de convivencia social. Es una estructura que atiende necesidades reales de las familias universitarias y que permite a trabajadoras y trabajadores desempeñar mejor sus responsabilidades sabiendo que sus hijas e hijos se encuentran en espacios formativos, seguros y acompañados.
Ahí está una de las claves del proyecto.
La Universidad no puede hablar de calidad educativa si no voltea también hacia su propia comunidad. No puede aspirar a crecer hacia fuera si descuida lo que ocurre hacia dentro. La vida universitaria se construye en las aulas, desde luego, pero también en los servicios que permiten que esa comunidad funcione con mayor tranquilidad, estabilidad y sentido de pertenencia.
En ese contexto, el trabajo de las dependencias encabezadas por Familia UAT adquiere mayor relevancia.
El CENDI UAT Victoria, el Círculo de Desarrollo Infantil, el CENDI Empresarial y el CeINA no son simples nombres en una estructura administrativa. Son espacios donde la Universidad atiende una responsabilidad concreta: acompañar el desarrollo de niñas, niños y adolescentes vinculados a la comunidad universitaria.
4.- El anuncio de que la administración rectoral busca ampliar la cobertura de Familia UAT también debe leerse como una señal de crecimiento institucional.
Dámaso Anaya planteó la intención de abrir un CENDI UAT en el Campus Nuevo Laredo y fortalecer el que se encuentra en el Centro Universitario Sur. Esa ruta es importante porque reconoce que la Universidad tiene presencia estatal y que sus servicios de apoyo deben responder a esa misma dimensión territorial.
La UAT no está concentrada en una sola ciudad.
Tiene campus, facultades, trabajadores, estudiantes y familias en distintas regiones de Tamaulipas. Si la Universidad quiere consolidarse como una institución moderna y cercana, necesita que sus programas de bienestar lleguen también a esas comunidades universitarias.
Ampliar la cobertura de Familia UAT significa reconocer que el bienestar no debe depender del código postal de los trabajadores. También significa entender que la educación infantil y el acompañamiento familiar son parte de una política universitaria seria, no una concesión menor.
En esa tarea, el respaldo del personal académico de Familia UAT será decisivo. El rector lo expresó al exhortar a las maestras y maestros a seguir engrandeciendo la casa de estudios. La frase tiene sentido porque ninguna expansión institucional funciona sin quienes dan vida cotidiana a los proyectos.
5.- El festejo del Día del Maestro permitió reconocer a quienes educan desde una de las trincheras más sensibles de la Universidad.
La presencia de Julio César Chávez Galván, director general de Familia UAT; de Verónica Raquel Garza López, directora del CENDI UAT Victoria; de Olivia Carolina Ortegón Ramírez, directora del Círculo de Desarrollo Infantil Victoria; de Claudia Verónica Cedillo de los Santos, directora del CENDI Empresarial; y de Edith Maldonado Díaz, directora de CEINA UAT, muestra que existe una estructura dedicada a sostener este modelo.
Pero el centro del mensaje está en otro lado.
La UAT de Dámaso Anaya quiere fortalecer su calidad académica, su infraestructura y su matrícula, pero también está colocando el bienestar de las familias universitarias como parte de su proyecto. Esa combinación es relevante porque una Universidad pública no solo debe producir egresados; debe construir comunidad.
Los maestros de Familia UAT trabajan en una etapa donde la educación todavía tiene rostro cercano, voz cotidiana y paciencia diaria. Su labor no siempre aparece en los grandes discursos universitarios, pero sin ella muchas familias tendrían más dificultades para sostener su vida laboral y académica.
Reconocerlos es reconocer que la Universidad también se construye desde la infancia.
Y en esa idea hay una definición profunda de lo que puede ser la UAT bajo la conducción de Dámaso Anaya: una institución que mira hacia el futuro, pero que entiende que ese futuro empieza en las niñas, los niños y adolescentes que hoy crecen dentro de la gran comunidad universitaria.
La educación superior se sostiene también en esas primeras aulas.
Y Familia UAT está demostrando que la Universidad puede cuidar, formar y acompañar desde mucho antes de que alguien pise una facultad.
