El sismo

Tatiana Clouthier anunció que no contendría por la Gubernatura de Nuevo León, lo cual abrió paso a la candidatura de Clara Luz Flores en Morena -el otro PRI local-. Esto movió las placas políticas del Estado. Se movieron fichas, apuestas, en una fiesta privada que me parece cada vez más insoportable, pero que no es exclusiva de Nuevo León.

Por un lado, están las elecciones en Estados Unidos, en donde advertimos cómo, a pesar de lo poco interesantes y tóxicas que se han vuelto estas "fiestas cívicas", las personas están decididas a participar, ya sea por desesperación, miedo o furia.

Si llegara a ganar Joe Biden, nadie lo celebraría como aquella llegada de Obama a la Casa Blanca. En este caso, el triunfo sería, básicamente, que no ganara el otro competidor. Eso no podría llamarse democracia, sino descarte. No se elige, se rechaza.

Si ganara Trump (acabo de tocar madera) se confirmaría que la democracia representativa ya no sólo está agotada, sino que resulta contraproducente para garantizar la defensa de la vida, la seguridad y la libertad.

Vaya atraso montar una superproducción, movilizar millonarios recursos y voluntades, todo, para "lograr" alguno de estos dos escenarios. ¿No les parece que algo anda mal con la democracia?

Aquí en Nuevo León sabemos bien de este desgaste en las instancias electorales. Las elecciones han perdido importancia -y con ello se agotan irremisiblemente-. Ya sea porque no salimos del mismo carrusel de personas de partido, o porque resultan mediocres o malos servidores públicos, elegir se ha vuelto tan poco significativo que raya en lo "humillante".

Por otro lado, ¿a qué nos invitan si la elección prácticamente la están acordando ahora? Porque es evidente, ante la ausencia de liderazgos independientes -ojo: no confundir a la priista Clara Luz Flores con independiente, sería el mismo error que se cometió con "El Bronco"-, ciertas alianzas partidistas significarían un triunfo "confeccionado" desde el poder, es decir, no elegido por la ciudadanía. ¿En serio voy a elegir algo el 6 de junio de 2021?

Los mismos políticos se han encargado de vaciar de significado a las elecciones. De hecho, en los últimos días hemos visto su propia parodia electoral al entrar a la pelea de consultas.

Al tomar posesión, el Presidente montó la escena de una consulta sin seriedad metodológica alguna, sólo para confirmar lo que él ya sabía, que queremos refinería y Tren Maya. Fue ridículo. Pero el ridículo lo superó al promover la consulta de si juzgar o no a los ex Presidentes, sin investigación ni presentación de evidencias que, dicho sea de paso, convertiría la pregunta en un doble absurdo, pues el cumplimiento de la Ley no se consulta. Todo mal.

Recientemente, AMLO mandó decir en su rueda de prensa que los Gobernadores que se quieren "separar" (sic) del País, deberían consultar a sus pueblos. Los Gobernadores "federalistas", habiendo comprado boleto en el palenque de Macuspana, anunciaron que le tomaban la palabra al Presidente, y que harían sus propias consultas a mano alzada para exigir un mejor trato fiscal de la Federación. De este modo, en lugar de obligar al Presidente a tomarlos en serio, los Gobernadores se subieron a la parodia. Es todo lo que queda.

¿Para qué elegimos estos Gobiernos? ¿Será que no hubo de otra?

En el cono sur del mundo, sin embargo, Chile demostró que la vía democrática no está agotada en todos lados. El domingo, en un plebiscito nacional que les llevó un año de intensas protestas conquistar, el pueblo chileno decidió iniciar un proceso constituyente para redactar una nueva Constitución. Ésta es una de las apuestas globales por las instituciones más significativas porque fue una voluntad popular arrancada al poder.

En este lado del mundo, estamos más cerca de la debacle democrática, sin duda, que de su renacer. Pero no sabíamos que antier iba a temblar literalmente, y tembló.