El Foro de París o el poder de pensar sin trabas

El presidente Macron lanzó el Foro de París sobre la Paz en 2018, cuando bajo el asedio de Donald Trump las instancias multilaterales de la posguerra se debilitaban profundamente. Cierto, no fue sólo la estocada de Trump lo que las debilitaba; el contexto en el que se definió su mandato original se había transformado radicalmente. Y no ha habido un ajuste sustantivo en sus funciones capaz de hacerlas relevantes frente a los nuevos contextos y desafíos. Si han de ser relevantes, tendrán que hacer cosas de gran impacto. Para ello se requiere que la comunidad internacional las apoye.

Al Foro de París lo conozco muy bien porque fui invitada a formar parte de él desde sus orígenes. Los socios fundadores, en su mayoría, son organizaciones de sociedad civil o académicas, que contribuyen a generar debates sobre los grandes temas globales, pero también los locales (porque no hay divorcio entre ambas escalas). Así, México Evalúa es una socia fundadora. Y es un privilegio ser parte de esta iniciativa. Su primera edición, en 2018, fue emotiva porque coincidió con el armisticio de la Primera Guerra Mundial. Entonces su mensaje fue poderoso: sin cooperación, sin mecanismos de gobernanza que permitan procesar los conflictos más sustantivos, los escenarios posibles son ominosos. Las dos grandes guerras son la manifestación del fracaso del proceso civilizatorio, el cual es más frágil de lo que pensamos cuando se encumbran liderazgos nocivos.

El componente macroformal del Foro me parece de la mayor relevancia. Busca establecer los ejes conceptuales que permitan construir nuevos consensos. Nada es posible si los liderazgos del mundo no sintonizan una aspiración compartida. Pero el componente microdescentralizado del Foro es lo que más me atrapa. Me refiero a los muchos proyectos que se presentan bajo su auspicio, que reflejan la enorme energía que existe para transformar al mundo de manera positiva, desde abajo y de manera descentralizada. El Foro es una ventanita para conocer estos proyectos y honrar a todos aquellos que hacen un trabajo por el bien de una comunidad, de una nación y del planeta. En este Foro, líderes de estos proyectos y líderes de naciones comparten un espacio común. Para dialogar, para vislumbrar los futuros deseables y los instrumentos para encaminarnos hacia ellos.

Cada año, el Foro lanza una convocatoria para recibir proyectos. Después un comité selecciona entre 100 y 120 de ellos para ser presentados en los días de noviembre en que transcurre el Foro. Para la edición 2020, tuve el honor de presidir ese comité de selección, y el aprendizaje fue enorme. Porque asenté mi confianza en las aportaciones de la sociedad civil en la solución de los problemas públicos. Porque con enorme gusto encontré que los mecanismos de gobernanza eficaces no sólo incluyen a actores gubernamentales; cada vez más hay agentes no gubernamentales interactuando en esquemas multiactor plenamente funcionales. Porque afiancé mi confianza en la tecnología como un vehículo muy potente de transformación. Muchos de los proyectos que revisamos tenían un componente de innovación que servía para cerrar brechas de acceso en los sistemas educativos, para proteger el medio ambiente o mejorar los servicios de salud, lo que los hacía particularmente útiles ante la contingencia. Y todos contaban con el motor del conocimiento para responder a los desafíos que enfrentamos. Desde mi perspectiva, éstos son los componentes que deben guiar las políticas en los próximos años.

En México estamos encerrados en un paréntesis. Mejor: estamos entre corchetes. Prefiero la imagen de los corchetes porque éstos se pueden retirar y la oración retoma su ritmo. Pienso que este país puede recuperar su ritmo si quitamos las trabas mentales e ideológicas que orientan las decisiones en estos momentos.

Me parece particularmente llamativa la actitud de este gobierno frente a organizaciones de sociedad civil, frente a instituciones educativas, frente a la ciencia misma. Los motores de las sociedades modernas le generan desconfianza al presidente.

Qué provechoso sería que esta administración tomara los aprendizajes, los apoyos, las intervenciones que estas organizaciones hacen para resolver los problemas que al presidente le importan. Su noción de lo público lamentablemente es excluyente: es Él o lo otros. Por eso no quiere ninguna forma de intermediación que no sea la de los suyos y le molesta cualquier tipo de competencia intelectual que desafíe sus ideas. ¿Cuánto daño puede estar haciéndole al país? Tanto como la duración de esos corchetes que nos mantienen inmovilizados.

He escuchado pero nunca di mucho crédito a la noción de que el atraso es un estado mental. Pero reflexiono de nuevo sobre esto cuando veo que las soluciones técnicas o plausibles para cualquier problema que enfrentamos sí existen. ¿Qué nos impide tomarlas? La ideología, el estado mental, por ponerlo de una manera, pero también las estructuras políticas que favorecen el monopolio de unos sobre la libre concurrencia de todos. Cuando nos quitemos esos corchetes podremos pensar y asir el mundo de posibilidades que tenemos frente a nosotros.