1.-Dámaso Anaya consolidó convenios de trascendencia nacional con la Agencia Nacional de Aduanas de México, la Suprema Corte de Justicia de la Nación y el Puerto Industrial de Altamira.
La noticia no es menor: la mayoría de las universidades públicas del país gradúan profesionistas y los sueltan a competir solos en el mercado laboral.
La UAT garantiza primero el futuro labora de sus egresados y también su desempeño a la hora de formarlos.
2.- La ANAM, con sede nacional en Nuevo Laredo, abrió quinientas plazas iniciales para egresados de Comercio Exterior, Derecho, Administración y otras carreras afines.
Que un organismo federal recién creado elija a la UAT como fuente de talento dice algo sobre la calidad que percibe en sus egresados.
Quinientas plazas no son una bolsa de trabajo simbólica: es una vía de empleo formal, con salario federal, para cientos de familias tamaulipecas, en una región fronteriza donde el comercio exterior mueve buena parte de la economía diaria.
3.-Nueve egresados de Derecho de Tampico, Victoria y Nuevo Laredo, más uno enfocado en proyectos educativos, ya trabajan en la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
El número parece pequeño frente a las quinientas plazas de la ANAM, pero su peso simbólico es distinto: llegar al máximo tribunal del país desde una universidad estatal manda una señal clara a cualquier estudiante de Derecho que dude si su título vale lo mismo que uno de una universidad privada de la Ciudad de México.
Son referencias vivas, con nombre y trayectoria, que un aspirante puede señalar cuando alguien le diga que ese destino no es para él.
4.-En el sur del estado, egresados de contaduría pública e ingenierías se incorporaron al Puerto Industrial de Altamira, uno de los motores logísticos más activos del país.
La colocación no depende de la suerte ni de contactos familiares, sino de un trabajo coordinado entre la Universidad y el sector productivo de la región.
Eso convierte a la UAT en proveedor directo de mano de obra calificada para la industria que sostiene buena parte de la economía tamaulipeca, y reduce la fuga de talento joven hacia otros estados en busca de mejores oportunidades.
5.-Anaya Alvarado también reconfiguró el Patronato de la UAT para integrar a empresarios de las regiones donde la Universidad tiene presencia.
La decisión cierra el círculo: no basta con colocar egresados, hay que actualizar constantemente los planes de estudio para que sigan siendo empleables.
Meter a la iniciativa privada en el diseño curricular es arriesgado si no se hace con cuidado, pero bien ejecutado garantiza que la UAT no forme profesionistas para un mercado laboral que ya cambió.
Es la pieza que sostiene a las otras cuatro: sin planes de estudio actualizados, ni la ANAM ni la Suprema Corte ni Altamira seguirían contratando egresados de la Universidad dentro de cinco años.
Entre plazas en la ANAM, togas en la Suprema Corte y contadores en Altamira, la gestión de Dámaso Anaya deja un mensaje simple: en la UAT, un título ya no es solo un papel, es un contrato de trabajo en construcción.
