Candidaturas

La elección de este 2021 es fundamental para definir el resto del sexenio lopezobradorista.

La designación de candidaturas muestra lo mismo la desesperación de los partidos de oposición que la soberbia necedad del partido en el poder. En ambos lados hay un desinterés por la calidad de las candidaturas y por oír a los representados. Estamos, una vez más, ante el reino de la partidocracia.

La oposición se ve desesperada y sin liderazgos. Una alianza electoral entre el PRI, PAN y PRD es la muestra más evidente de tal desesperación.

Esos tres partidos le apuestan al que tenga más fuerza electoral en los distritos, sumando etiquetas y pensando que una votante del PAN que denunció la corrupción del PRI en Coahuila, votaría por el candidato del PRI que su partido abandere.

Esta alianza supone que un militante del PRD en Guanajuato votaría automáticamente por una panista que toda la vida ha estado en contra del derecho a decidir y de otros temas que le dieron identidad al PRD.

Una simpatizante católica del PAN, ¿votaría por un candidato perredista que esté a favor de las infancias trans en la Ciudad de México? Los partidos piensan que sí. Creen que su marca vale más que los valores de la gente y que los mueve un sentimiento anti-AMLO, más que las propuestas de valor.

Esa desesperación se desnuda en las candidaturas. Ricardo Anaya recorre el País en un auto y su loable intención se ha convertido en una fábrica de memes para las redes sociales. El panista, que decidió no competir este año, anunció que buscará nuevamente la Presidencia en el 24. ¿Cuál partido llegará con fuerza y ánimos de postular a Anaya? Su apuesta es riesgosa.

El mismo PAN vuelve a abrirle los brazos a Margarita Zavala, quien fracasó en su intento de candidatura presidencial y ahora busca una Diputación por una Alcaldía en la que nunca ha vivido. El PAN está en ruinas.

Movimiento Ciudadano (MC) va solo, sin alianzas y es loable cómo busca abrir sus espacios a personas que tienen trabajo comunitario o reconocimiento en sus localidades, pero al mismo tiempo reparte candidaturas polémicas, como a Samuel García, otro favorito de las burlas en las redes sociales y quien no parece defender los valores progresistas con los que MC se identifica, o a Paquita la del Barrio. Nuevo León y Veracruz se merecen más.

El PRI aún no se recupera de los peores números electorales de su historia y del desprestigio que lo sacó del poder. Sin embargo, el tricolor no recibió factura, no se democratiza internamente, no puede defender el pasado que construyó ni mucho menos prometer un futuro mejor. Va este 21 sin credibilidad y apostando a una alianza de producto milagro.

A su vez, Morena está en un estado de soberbia necedad. El partido de AMLO recurre a personajes muy populares, que le aseguren ganar, aunque carezcan de contenido o tengan un pasado priista, como Clara Luz Flores en Nuevo León, o abraza a personajes polémicos, con procesos abiertos por denuncias de violación, como Félix Salgado Macedonio en Guerrero.

Al final, Morena decidirá, al igual que los demás partidos, cuál de sus Diputadas y Diputados pueden buscar la reelección. Morena da la espalda y se aferra a la marca López Obrador.

Los otros partidos rémora, como el Verde y el PT, son tan irrelevantes que sobreviven porque han encontrado la fórmula para no desaparecer, aliándose con quien esté en el poder, mientras que los nuevos partidos, como Redes Sociales Progresistas o el nuevo PES, no son intentos de revivir la socialdemocracia o de representar a alguien. No son otra cosa más que el modus vivendi de personajes como Elba Esther Gordillo o Hugo Eric Flores.

En esta elección del 21 son fundamentales y necesarios los contrapesos. El avance de la oposición sería lo deseable para que Morena lea el resultado como necesidad de corregir rumbo.

Sin embargo, la oposición está haciendo todo por darnos los peores cuadros y Morena va por la libre, pegada a la popularidad del Presidente, a la que el desastre sanitario y económico de la pandemia no le ha causado pérdidas. Será una elección más que aleje el voto por convicción. Merecemos mucho más.