Andrés García abandonado por sus hijos

¡Dejará herencia a su hijastro!
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A sus 78 años, Andrés García asegura sentirse a salvo en su casa de Acapulco, Guerrero, en donde continúa en recuperación después de que en 2014 fuera intervenido de la columna vertebral. Platicamos con el primer actor, quien asegura ingeniárselas para poder salir en medio de la contingencia, ya que no cuenta con ayuda de nadie. Lo más lamentable es que nos confesó que se siente abandonado por sus hijos: Andrés jr., Leonardo y Andrea: 

-Don Andrés, ¿cómo vive esta pandemia? 

“A base de paciencia, igual que todo el mundo; no queda más remedio para no contaminarse”. 

-Supongo que no sale de su casa... 

“Sí salgo, pero conservo mi sana distancia. Tengo que moverme solo y hacer mis propias cosas, como ir por la ropa a la lavandería, y voy por la comida porque no tengo cocinera. Ahora no puedo tener ayuda porque me pueden contaminar”. 

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-¿Cómo sigue de su columna? 

“Ya camino mucho mejor. Este año empecé con andadera, después la cambié a bastón y ahora doy hasta 100 pasos; me tomará dos meses más para lograr caminar sin el bastón”.

-Supe que tuvo algunas caídas... 

“Sí, fueron tres, muy peligrosas y muy feas, porque tengo tornillos en la espalda”.

-De cierta forma ha sido autosuficiente...

“Sí, y ahora un poco más. Sólo tengo los achaques propios de la edad, pero soy de la idea de que si me quejo, los hago más potentes, y en estos momentos no puedo ir con los médicos por la pandemia que hay”. 

-¿Quién cuida de usted en estos momentos? 

“El único que viene a verme y me echa la mano es Andrecito, el hijo de Margarita; por eso lo quiero como si fuera mi hijo”.

-¿Y sus hijos? 

“No han venido; Andrés está en Miami, Andrea igual en EU, y Leonardo andaba por aquí en Acapulco, pero él hace su vida aparte; sólo el hijo de Margarita me visita”. 

-¿Cómo le hace, si Margarita vive en su casa y usted en la suya?
“Ella no sale, está en su casa con su hijo y sus nietos; además, la operaron hace poco de la columna y no se lo permite el médico, hasta que quede bien”. 

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-¿Le gusta la soledad? 

“Siempre he sido un poco solitario y he vivido en lugares apartados, pero siempre he tenido parejas y amigas; sólo que ahora con el Covid-19 y la epidemia de dengue en Acapulco, ya no es muy sano reunirme con amigos o amigas. Además, a veces es mejor estar solo, que mal acompañado”. 

-Siempre le han sobrado las mujeres... 

“Afortunadamente, sí, y todavía me gustan muchísimo... gracias a Dios nunca he sido de una sola; ahora me tengo que aguantar por el coronavirus, pero de seguro ya vendrá alguna por ahí”. 

-¿Sigue siendo infiel? 

“Sí, he sido infiel toda mi vida; yo creo que por eso Margarita también no me quiere ver, porque se acuerda de cómo soy (ríe)”. 

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-¿Económicamente le está pegando fuerte esta contingencia? 

“Me la pasé 57 años de mi vida trabajando sin parar y tengo que tener mis ahorros; ahí la llevo, dejé lo suficiente para poder mantenerme”. 

-¿Ha pasado depresión? 

“Me preocupa mucho lo que está sucediendo en el mundo y lo que vamos a tener que sufrir”. 

-¿Le teme a la muerte, don Andrés? 

“A la edad que tengo, pienso mucho en la muerte, pienso que ya en cualquier momento me toca, aunque me estoy recuperando; pero es una cuestión de lógica, casi te puedo decir que la estoy esperando”. 

-¡Qué fuerte!... 

“He estado muy cerca de la muerte muchas veces, así que esto me ha hecho pensar: ‘Bueno, ¿qué va a pasar?, ¿cuándo va a ser la buena?’ Estoy en paz con el mundo, conmigo y con Dios también, así que en el momento
en que venga, ¡bienvenida!” 

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-¿Ya tiene testamento y todo en orden? 

“Sí, eso ya lo dejé en orden. Mis propiedades se las voy a dejar a la persona que le interesa cuidarme, ¿no?”


-¿Ha vivido de cerca la ingratitud de sus hijos? 

“Sí, pero no nada más la ingratitud de algún hijo o hija, sino muchas ingratitudes, porque soy una persona que me gusta dar felicidad, me gusta dar y todavía he ayudado a mucha gente y, ¿sabes qué?, me causa un poco de tristeza que nadie lo ha agradecido. ¿No hay forma de que te traten de corresponder, saludándote con un: ‘¿Cómo estás?’ No es porque yo le diera, pero la ingratitud es una de las tristezas más grandes que me ha causado la gente. El que no es agradecido, no es bien nacido”. 

-Lo ha tenido usted todo... 

“Pues sí, pero tristemente los hijos no se acercan, no soy el único, es común que los hijos no le correspondan a sus padres; he hablado con amigos que tienen el mismo problema. Es triste que a esta edad los hijos no nos acompañen, pero así es esto y yo estoy bien”, concluyó.