¿Y los Magistrados por qué no?

Para poder ingresar al Poder Judicial del Estado, los aspirantes a Jueces, y los Jueces en activo, deben someterse a exámenes de control de confianza. Los primeros para ganarse un lugar y los segundos para mantenerlo.

 

Igualito que se hace con los Policías, agentes del Ministerio Público, y todos los operadores del sistema de procuración de justicia, los Juzgadores de primera instancia deben desfilar por el llamado “C-3”, para someterse a la extenuante prueba del polígrafo, y a un severo interrogatorio psicológico, en el que expertos en la materia hurgan en su personalidad en busca de posibles traumas que les impidan seguir en su función.

 

Como parte de la batería de exámenes, también deben desnudar su entorno económico. Los ingresos y egresos de dinero deben coincidir. Todo peso debe tener un origen justificado.

 

Me parece que, como instrumento para cerrarle el paso a la corrupción, el control de confianza es justificable. Es bueno saber que la impartición de justicia esté en buenas manos.

 

Sin embargo, no le comencé contando el drama de los Jueces para aplaudir el método de evaluación. En realidad le quise platicar de ello para exhibir las dos pesas con que se mide el control de confianza entre quienes tienen la delicada tarea de impartir justicia.

 

Resulta que, por una extraña e inexplicable razón, los Magistrados del Poder Judicial no están incluidos como sujetos obligados para el control de confianza.

 

Aunque también son Jueces, los Magistrados se cuecen aparte. Para ellos no hay polígrafo, ni interrogatorio psicológico y mucho menos investigación de entorno económico.

 

Alguna vez le pregunté a un presidente del Supremo Tribunal de Justicia, la razón del por qué aquellos sí y éstos no, y no supo darme una explicación lógica y aceptable. No la encontró porque no la hay.

 

La única explicación es que estamos frente a un hecho que habla muy mal del Poder Judicial, que se supone es el principal defensor de la equidad y de la igualdad. Al aplicar criterios diferentes en el proceso evaluatorio, el máximo tribunal de justicia en la entidad se pone en entredicho.

 

¿O a poco los Magistrados no son susceptibles de corromperse? Por supuesto que si son corruptibles. También son personas, con debilidades y fortalezas, igual que los Jueces de primera instancia, por lo que en ese entendido no debería haber distingos a la hora de las evaluaciones.

 

Ojalá que en algún momento de sensatez y de congruencia con su tarea , el Pleno del Supremo Tribunal de Justicia del Estado tome la decisión de que también sus integrantes pasen por el filtro del control de confianza. El que nada debe nada teme y los tamaulipecos merecemos tener la certeza de que la justicia está en buenas manos.

 

EL RESTO

 

La Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), puso el dedo en la llaga: las instancias de procuración de justicia han sido y son un fiasco en la tarea de búsqueda de desaparecidos.

 

La CNDH no dice nada que no sepamos ya, pero ojalá y que esa denuncia pública de la ineptitud oficial, sirva para que los Gobiernos estatales se tomen en serio el tema.

 

ASÍ ANDAN LAS COSAS

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