¿Para qué quieren ser diputados?

Tan sólo en los últimos diez días suman más de 30 los militantes del PAN y PRI que se han registrado como precandidatos a una Diputación.

Esta semana que inicia, la cifra se multiplicará porque hay distritos donde todavía no se registran aspirantes panistas y priistas, a lo que hay que añadir que aún faltan los registros de Morena, PRD, Panal y PT.

Como sucede en cada elección, son decenas los que quieren una candidatura. En este caso será para una diputación local.

La pregunta es: ¿para qué quieren ser diputados? ¿sabrán, los que se han anotado, qué es y qué hace un diputado? Yo la verdad tengo mis dudas.

Antier, por ejemplo, escuchaba las declaraciones de una muchacha luego de registrarse como precandidata de su partido a una diputación. Los periodistas le preguntaron, precisamente, las razones por las que quiere ser diputada.

“Quiero ser diputada porque mi mayor deseo es servir a los victorenses y a los tamaulipecos en general”, dijo emocionada y turbada. Fue evidente su desconocimiento sobre las tareas que tiene bajo su encomienda un legislador.

Y eso es lo que me preocupa: que están aspirando a formar parte de la siguiente legislatura, personajes que ni siquiera saben lo que es un diputado. A ellos los mueve cualquier cosa menos el deseo o interés de promover leyes o reformas que coadyuven a la solución de los problemas de la sociedad.

Porque esa es la tarea principal de un diputado: expedir, reformar o derogar leyes y decretos que regulan el ejercicio del Poder Público. Desde luego que el catálogo de facultades que le asigna a un diputado la Constitución y la ley es muy amplio, pero aquella es la principal.

El problema, como le decía, es que muy pocos de quienes aspiran a una curul saben lo que hace un diputado. Ellos quieren el cargo por ambición económica y política, pero no porque quieran realmente serle útiles a la sociedad. Eso es lo único en lo que piensan.

La consecuencia de ese desconocimiento es terrible para la sociedad, porque luego llegan a las legislaturas personajes que no tienen ni la más mínima idea del porque están ahí.

Son esos mismos personajes los que luego vemos promoviendo ocurrencias en forma de iniciativas, o casi llorando de emoción porque les aprueban un simple punto de acuerdo para hacerle un exhorto a alguna instancia gubernamental.

Lamentablemente no hay mucho que hacer para evitar que eso siga sucediendo. Nuestra Constitución permite que cualquiera pueda ser Diputado, y nadie se atreve a impulsar una reforma que nos garantice que los ciudadanos tengamos en las legislaturas, a personas con un perfil profesional que le permita serle realmente útil a quienes votaron por él.

Ojalá y pronto llegue el momento en que nos quitemos esa absurda idea de que exigir un título profesional a los candidatos es violatorio de sus derechos humanos. Porque sí, es cierto, el votar y ser votado es un derecho humano, ¿pero entonces dónde quedan los derechos de las mayorías? ¿quién nos protege a nosotros, los ciudadanos, de las consecuencias que pagamos por tanta ignorancia o torpeza de quienes llegan a convertirse en diputados sin la mínima preparación profesional?

Mientras tanto, lo único que nos queda como ciudadanos es tratar de elegir al menos peor en cada distrito. A la hora de elegir, fíjese bien en el perfil profesional del aspirante. Dele preferencia a los que sean peritos en Derecho. Si un diputado va a hacer leyes lo menos que podemos esperar es que conozca de leyes.

 

ASÍ ANDAN LAS COSAS

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