Qué pena, Presidente

Escuchar al presidente, Andrés Manuel López Obrador, en sus conferencias mañaneras, me provoca preocupación, temor y hasta pena.

De verdad se lo digo: más allá de filias y fobias partidistas, o políticas, me aterra la forma en que AMLO está conduciéndose como gobernante en estos primeros cuatro meses de su mandato.

Siempre pensé que no sería un Presidente a la altura de lo que requiere un país como el nuestro, pero cuando lo escucho responder las preguntas de los periodistas o en sus discursos en actos públicos, me doy cuenta de que me quedé corto.

La semana pasada, por ejemplo, cuando una reportera le preguntó su opinión sobre el enésimo embate mediático del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, amenazando con cerrar la frontera y aplicar aranceles a los automóviles fabricados en nuestro país, su respuesta fue casi la de un niño, aunque me parece que un niño hubiera encontrado una salida más inteligente.

“Lo que diga mi dedito izquierdo”, dijo riendo, divertido, mientras movía su índice derecho, de un lado a otro en señal de, “no voy a responder eso”.

Pero luego vino lo peor: al ritmo del “no” del dedito, se puso a disertar sobre el béisbol y sus habilidades para batear.

“Muñequeo bien”, detalló, ante la mirada atónita, burlona y piadosa, de las decenas de periodistas reunidos en Palacio Nacional.

“¿En verdad éste es nuestro Presidente?” preguntó, sarcásticamente, un usuario de redes sociales al compartir el video de esa parte de la entrevista mañanera.

Y no sé usted, pero por lo que a mí hace cada que veo a AMLO conducirse de ese modo me convenzo de que, Enrique Peña Nieto, era un verdadero estadista.

Con todo y que muchos lo tildaban de pen…e inculto , a estas alturas, y analizando el momento que vive la nación mexicana con su nuevo Gobierno, ya muchos se habrán dado cuenta de que en realidad era un digno mandatario.

Pero no sólo me preocupa la forma de conducirse de “El Peje”. Me dan miedo las decisiones que está tomando.

Eso de repartir dinero a los más necesitados, a todos los estudiantes, y a todo aquel que, a criterio suyo requieren de apoyo económico, no va a terminar bien, porque no habrá dinero que alcance. En algún momento la economía nacional resentirá el daño.

Lo peor es que regalar dinero nunca será la solución para sacar de la pobreza a las personas. Les puede servir para el momento pero no para solucionar su situación.

No alcanzaría el espacio para enumerarle y detallarle las decisiones gubernamentales que en el papel lucen absurdas, pero sí le puedo decir que, ojalá y me equivoque, pero si  seguimos en el mismo  camino que nos lleva AMLO, México va directo al despeñadero.

No es la intención hacerle al pitoniso o al brujo , pero soy un convencido de estamos en la víspera de un desastre social. Me daría gusto equivocarme pero el simple sentido común nos dice que el hecho es inevitable.

 

EL RESTO

 

Lo dicho: para el director administrativo de la Secretaría de Seguridad Pública del Estado, Julio César Ramírez Cepeda, la llamada austeridad republicana impulsada desde el Gobierno federal es una simple broma.

El neolonés le está sacando jugo al cargo como responsable del manejo financiero, dándose lujos que ya quisieran algunos Secretarios y Subsecretarios.

Por ejemplo, no cualquiera tiene un séquito de guardaespaldas que a su vez le sirven de mandaderos. Para el ex diputado local del vecino Estado no hay pobrezas.

Como el espacio es corto ya le daré más detalles al respecto en una siguiente ocasión. Por lo pronto cabría preguntar: ¿Y la Auditoría Superior del Estado?

ASÍ ANDAN LAS COSAS

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