De perros y gatos

Este sábado reciente, vecinos del fraccionamiento Del Valle en Ciudad Victoria, denunciaron el envenenamiento masivo de perros y gatos. Hasta ayer habían sido contabilizados 15 animales asesinados pero la cifra podría ser mayor.

Aunque no hay investigación formal al respecto, todo apunta a que alguien colocó veneno en algunos puntos estratégicos de la plaza del fraccionamiento para causar la muerte de los animales.

Los vecinos dicen que no es la primera vez que ocurre una situación similar.

Curiosamente, en otras partes del país sucedieron hechos muy similares de masacres masivas de mascotas. Un Diario de circulación nacional reportó, este domingo,  la muerte por envenenamiento de 24 perros en el municipio de San Juan Teposcolula, Oaxaca.

La Asociación Auxilio al Perro Amigo de Oaxaca,  denunció que el pasado 24 de febrero empezaron a morir los canes, quienes presentaron signos de envenenamiento. Testigos aseguran haber visto a una patrulla con policías municipales recorrer varias calles para esparcir veneno.

Un tercer caso ocurrió en la delegación Miguel Hidalgo en la Ciudad de México. Los habitantes de las colonias Legaria, Unidad Loma Hermosa y Unidad Sotelo, denunciaron la muerte por envenenamiento de 12 gatos.

Aunque, como le decía, no hay investigación formal al respecto de lo sucedido en el fraccionamiento Del Valle, queda claro que hubo una acción deliberada para causar la muerte masiva de perros y gatos.

Frente a ello, vale preguntarnos: ¿debemos, como sociedad, quedarnos de brazos cruzados frente a lo sucedido?

Seguramente habrá disparidad de respuestas pero en lo personal creo que no podemos ni debemos permitir que la masacre masiva de perros quede ahí, olvidada, por el simple hecho de que las víctimas eran animales.

Para muchos parecerá trivial o superficial pretender reclamar justicia por la muerte de unos cuantos animalitos. Argumentarán que como sociedad enfrentamos problemas mucho más graves como para andar preocupándonos por el envenenamiento de perros y gatos.

Sin embargo, olvidarnos y darle impunidad a un hecho de esta naturaleza propiciaría, por un lado, que esa práctica criminal de asesinar a canes y gatos se replique con mayor frecuencia, y por el otro lado influiría para que como sociedad vayamos agravando esa insensibilidad que nos ha provocado tanta violencia e inseguridad en las calles.

Por eso, soy de los que piensan que no podemos cerrar los ojos ni mostrarnos insensibles frente a lo ocurrido en el fraccionamiento Del Valle.

Es, de hecho, una excelente oportunidad para que la autoridad estrene la Ley de Protección a los Animales del Estado de Tamaulipas, y con ello sentar un precedente en la materia.

El ordenamiento normativo en cuestión contiene disposiciones que garantizan un trato digno y respetuoso de los animales, entre los cuales figuran también aquellos que llamamos “callejeros”.

En el apartado de sanciones prevé multas de hasta diez mil veces el valor diario de la Unidad de Medida y Actualización (lo que antes se conocía como salario mínimo), y arrestos hasta por 36 horas.
Eso, sin descartar la responsabilidad civil o penal que pudiera recaer sobre el sancionado.

Tiene entonces la autoridad todos los elementos necesarios para abrir una investigación y sancionar a quienes haya que sancionar. Esperemos cumpla con esa responsabilidad.

ASÍ ANDAN LAS COSAS

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