Peligro en la frontera

Durante décadas, Tamaulipas como la mayor parte de las entidades que hacen frontera con Estados Unidos, han sufrido las consecuencias del fenómeno migratorio.

Cientos o miles de extranjeros, en su mayoría centroamericanos, llegan diariamente a nuestro territorio en su trayecto al vecino país, en busca de lo que llaman, “El sueño americano”.

Quienes más padecen las consecuencias son los municipios fronterizos, como Matamoros, Reynosa y Nuevo Laredo, que son los principales puntos de cruce hacia Estados Unidos.

Por ejemplo, la presencia de miles de migrantes agrava la situación de inseguridad pública porque muchos de ellos se ven obligados a delinquir para subsistir.

Además, aumenta la demanda de servicios básicos como vivienda, educación y salud, debido a que un alto número de estas personas deciden quedarse temporalmente en la región.

Todo ello termina impactando las finanzas de los municipios.

Lo que le cuento no es nuevo para nadie. De hecho, en la frontera, la presencia de migrantes es algo visto como normal.

Sin embargo, le traigo el tema a la mesa para exhibir la apatía y el desparpajo con que el Gobierno federal está atendiendo el problema. No hay hasta el momento un verdadero esfuerzo institucional de la federación por frenar un fenómeno que cada día se agrava más.

El Gobierno, a través de sus instancias policiales y del Instituto Nacional de Migración (INM), se ha limitado a hacer arrestos de migrantes en tránsito, pero para cuando detiene a 100 ya se le pasaron otros mil.

No hay pues, una verdadera estrategia que busque contener la migración extranjera a través de nuestro territorio. Y no la hay porque evidentemente falta voluntad política para hacerlo.

El argumento de los funcionarios federales es que impedir la entrada de migrantes sería atentar contra los derechos humanos de las personas, y expondría a México a la crítica internacional.

En lo personal ese pretexto me parece absurdo. Es irresponsable escudarse en un tema como el de derechos humanos para no hacer cumplir la ley.

No estamos pidiendo que se impida el ingreso de migrantes extranjeros. Lo que estamos pidiendo es que se regule ese acceso a través de la frontera sur.

Si el Gobierno federal invierte suficientes recursos para reforzar la vigilancia en su línea divisoria con las naciones centroamericanas, consecuentemente el beneficio para el país será enorme porque se reducirá la migración ilegal.

Ojalá y que eso lo entiendan pronto en la federación, sobre todo porque durante los últimos meses el fenómeno migratorio se ha recrudecido.

Algo ha hecho creer a los centroamericanos que hoy más que nunca tienen la posibilidad de ingresar a Estados Unidos, y eso ha detonado una avalancha humana de naciones como Salvador, Guatemala, Honduras y otros países que buscan, a costa de lo que sea, llegar a la tierra del Tío Sam.

Si no le dan al problema la atención que merece podría estarse gestando un estallido social. Y le aseguro que no es exageración.

 

ASÍ ANDAN LAS COSAS

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