Apuesta equivocada

La Guardia Nacional está a punto de ver la luz. Se prevé que mañana jueves el Pleno del Senado vote y apruebe el dictamen que dará vida al polémico cuerpo policiaco-militar que será el encargado de suplir a las fuerzas armadas en el combate a la delincuencia.

 

Por tratarse de una reforma Constitucional, la creación de la Guardia Nacional requiere de la votación de las dos terceras partes de votos del Senado, que por sí mismos no reúnen Morena , PT y Encuentro Social.

 

Hasta ayer, la oposición, conformada por el PRI, PAN, PRD y Movimiento Ciudadano, advertía que no apoyará el dictamen, pero puedo asegurarle que Morena tiene un as bajo la manga para hacer que la iniciativa quede firme.

 

Ya sabemos de cuál pie cojean los legisladores, por lo que seguramente habrá algunos que terminarán vendiendo su voto para que Morena le lleve buenas cuentas a su jefe máximo.

 

El problema es que todo mundo anda creyendo que la Guardia Nacional será la varita mágica, o la lámpara de Aladino, que nos vendrá a sacar de la pesadilla que representa la inseguridad pública. Lo cual es una apuesta equivocada.

 

Pareciera que el Gobierno de Andrés Manuel López Obrador, y los legisladores de Morena, ya dan por un hecho que, tan pronto y entre en operación el nuevo cuerpo policiaco-militar, las masacres, los secuestros, las extorsiones y el tráfico de drogas, todo un amplio catálogo de ilícitos generados por la delincuencia organizada, cesarán en automático.

 

Nada más erróneo que eso. Desde hace muchos años los delincuentes dejaron de temerle al Ejército y la Marina, por lo que es ingenuo suponer que, por el simple hecho de que la Guardia Nacional estará integrada por militares, los grupos criminales se van a intimidar.

 

No señores funcionarios y legisladores. Para frenar el baño de sangre desatado por la delincuencia se requiere de una estrategia de fondo. No basta con desplegar cientos o miles de militares a lo largo y ancho del país. Eso nunca será suficiente, como ya ha quedado demostrado en entidades como la nuestra, donde cada día hay ciudades, como Victoria, que se tornan más violentas.

 

Hemos hablado aquí hasta el cansancio del tema, pero ante tanta necedad oficial no hay de otra que reiterarlo: si en verdad se busca inhibir la violencia criminal hay que trabajar desde dos frentes: a) Golpeando las estructuras económicas de los grupos; y b) Inculcando en los niños la cultura de la legalidad, sobre todo para que conozcan de las consecuencias de involucrarse en el delito.

 

Cuando esos niños se conviertan en jóvenes los riesgos de que se pasen al bando de los malos serán muy pocos.

 

A la par de ello, los Gobiernos deben privilegiar el diseño de políticas públicas para la creación de oportunidades atractivas de empleo, principalmente para los jóvenes. Cuando un muchacho encuentre un trabajo decorosamente remunerado, se reducirán las posibilidades de que se sea cooptado por los maleantes.

 

Esto es realmente lo que se requiere para que la paz regrese a las calles. Si los Gobiernos no le entran en serio a ese tema, le puedo garantizar que los niveles delincuenciales en el país seguirán creciendo a pesar de que la Guardia Nacional invada todo el país.

 

Usted disculpe el pesimismo, pero sin un plan paralelo como el que le comento, la Guardia Nacional nacerá fracasada. Y si no me cree, espérese tantito.

 

ASÍ ANDAN LAS COSAS

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