"Oficio de zapatero nunca morirá; nos ocupan los ricos y pobres"

César Martínez trabaja la renovadora del 10 Juárez y Bulevar que era de su amigo Arturo Badillo (qepd). Afirma que los zapatos de ahora tienen material deficiente, por eso los continúan buscando a ellos  
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Ciudad Victoria, Tamaulipas.- En el lugar donde por cuarenta años trabajó Arturo Badillo, el famoso zapatero y jugador de fútbol del equipo Cuerudos (que antecedió al Correcaminos), hay nuevo 'médico' de zapatos.

Así, tras la muerte del conocido personaje ocurrida hace tres años, César Martínez Ibarra, su amigo y vecino, trabaja la renovadora de calzado ubicada en las calles 1O con Juárez y Bulevar a cambio de una renta que paga a la familia del ex jugador.

Es el mismo anuncio de la fachada, los mismos anaqueles para acomodar los zapatos, las mismas paredes y construcción antigua, parece que siguiera todo igual, menos Don Arturo que ya descansa en mejor lugar.

Pero el nuevo Zapatero no es ningún improvisado, César Martínez Ibarra comenzó a los 13 años de edad a forjarse en el oficio de zapatero, que aún en los años ochenta era próspero y de los mejores en la ciudad.

"Aún era niño cuando entré por invitación de mi tío a las renovadoras el taconazo que era como una cadena de renovadoras de calzado, con locales en toda la ciudad, una de ellas estaba en la colonia Mainero, pero había aquí en el centro, la colonia libertad y la Lopez Portillo".

El dueño de las renovadoras el Taconazo era Don Mauro Terán, que llegó a tener muchos empleados y a ser parte importante de la economía de la capital e incluso formó a los zapateros que hoy desempeñan el oficio.

"Don Mauro quería que el oficio se enseñara a los niños y jóvenes para que no se extinguiera, empezaba uno de ayudante y años como maestro, podía quedarse uno ahí o trabajar de manera independiente".

Los clientes de César Ibarrra lo vienen a buscar al nuevo lugar, también trabaja en la adaptación de trabajos ortopédicos y está confiado en que el oficio de zapatero no morirá porque la sociedad aún lo necesita.

"Hay muchos niños y adultos que requieren de zapatos especiales, pero yo sólo trabajo a base de una receta del médico. También vienen personas a poner tapas y hasta suelas enteras, porque arreglar los zapatos conviene más que comprar nuevos".

Así todas las clases sociales, con o sin dinero requieren del trabajo de un zapatero.

"De los zapatos que se venden ahora sólo sirve la parte de encima, las suelas vienen muy deficientes, muy delgadas y sin costuras, así que la gente viene a que se refuercen para que les duren más tiempo".

Cambiar las tapas a un par de zapatos cuesta aquí 40 pesos, coser o meter costura alrededor de los zapatos 50 pesos y poner una suela entera 200 pesos.

Botas, zapatos de vestir y hasta tenis llegan todos los días a la renovadora de calzado, no como en los años ochenta pero el zapatero no se puede quejar del trabajo.

"Llevo un año y medio aquí. Clientes que ya tenía me siguieron y me recomiendan, estuve un tiempo trabajando en otras actividades pero lo importante para mí siempre fue arreglar zapatos, y decidí regresar al trabajo que aprendí desde niño, aquí me quiero morir", dice el zapatero que lleva 30 años en el oficio.